Ya sonaron las primeras balas

Opina - Conflicto

2016-11-20

Ya sonaron las primeras balas

Este miércoles una importante noticia pasó desapercibida por la opinión pública, fue reseñada vagamente por algunos medios y minimizada por la oposición. Se trata de la primera violación del cese el fuego bilateral, que se presentó en la vereda Mina Golfo de Santa Rosa Bolívar,  donde dos guerrilleros de las Farc murieron a manos del Ejército. Así fue como se le puso fin a 131 días sin combates en el país, dejando en evidencia la necesidad de implementar lo antes posible el nuevo acuerdo divulgado el pasado sábado desde La Habana.

El anuncio del 12 de noviembre —que no se pudo realizar en un momento de menor rating en televisión— volvió a abrir un debate que ya se había casi cerrado entre la ciudadanía. El presidente Santos celebró cada cambio como un logro de quienes votaron NO el pasado dos de octubre, cuando las verdaderas motivaciones de ese triunfo estaban encaminadas  hacia dos peticiones claras: cárcel para altos mandos guerrilleros y cero participación en política. La realidad es que esos puntos apenas y se tocaron.

Las modificaciones estuvieron encaminadas hacia el funcionamiento de la Justicia Especial para la Paz, la integración de lo pactado al bloque de constitucionalidad, la conexidad del narcotráfico con el delito político, y el papel de la Corte durante todo el proceso, una serie de puntos que nunca se le pasaron por la cabeza a ningún ciudadano de a pie al momento de votar, pero que sí responden a algunas de las peticiones de quienes pretendieron representarlos en la mesa y en últimas, era lo único que se podía debatir.

Para los expertos este es un mejor acuerdo; sin embargo, el pueblo, en general, continúa esperando que se negocie lo innegociable; por eso es que esta vez no será sometido a refrendación popular, porque jurídicamente nunca se necesitó y políticamente sería un despropósito aunque muchos quieran presentarlo como una arbitrariedad por parte del gobierno, pues como era de esperarse, el senador Uribe quiere que este pacto sea vitalicio o por lo menos que le sirva como caballito de batalla para las elecciones del 2018.

Él y su grupo no se cansan de seguir siendo un palo en la rueda, su oposición que cada vez se vende como más moderada, se vislumbra implacable y tiene como único objetivo aprovechar al máximo cada micrófono abierto y cada cámara encendida para vociferar su popular eslogan: “paz sí, pero tampoco así”.  Y si tienen que acudir a los organismos internacionales para continuar con su campaña política, sin pensarlo dos veces lo harán.

A ellos no les importan las víctimas, si les preocuparan las hubieran tenido en cuenta durante su proceso de paz con los paramilitares, o por lo menos ahora cederían ante la fragilidad de continuar sumergidos en el limbo en el que estamos, en un claro riesgo de que el conflicto pueda volver si no comienza pronto el desarme de las Farc.

El presidentes Santos, que sostenía que el anterior acuerdo no se podía renegociar y que era definitivo, ahora dice que este es mejor y que no tiene marcha atrás, pero aún no lo ha firmado y ya sonaron las primeras balas. ¿Cuántas más vamos a tener que escuchar antes de que se llegue al tan anhelado e imposible consenso nacional?

Adenda: En la madrugada de ayer el alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, mandó al ESMAD para desalojar a los ciudadanos que se encontraban  en el campamento por la paz que se instaló en la Plaza de Bolívar desde el resultado del plebiscito. A lo criminal, mientras todos dormíamos, incluso ellos, les desbarataron la resistencia. Así qué paz.

Publicado el: 20 Nov de 2016

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Keving Garavito
Comunicador social en proceso. Columnista de opinión y analista político amateur. Defensor del periodismo independiente y la libertad de pensamiento.