Uribe no es el Santos de mi devoción (Parte II)

Opina - Sociedad

2016-10-15

Uribe no es el Santos de mi devoción (Parte II)

Después del triunfo del No y de la paranoia que ha generado, nadie habla de los problemas verdaderos que vive la gente en Colombia. Nadie dice nada a pesar de saber que las riquezas siguen saliendo del país. Los derechos por los cuales sí pelearon algunos de nuestros antecesores a costa de sus vidas, del exterminio o la cárcel, no valen nada. Todo está centrado en la distracción acentuada por la firmeza de los del Sí y los del No.  Es una complacencia alcahueta, una patria que está rayando en la locura. Hemos “evolucionado” de la “Patria Boba” de la pre-independencia a “la Patria Loca” de hoy, donde a pesar de existir una dirección Constitucional, elegida por voto popular, hay fuerzas oscuras que manejan a la gente como marionetas.

Facebook, WhatsApp, internet  y en general todas las redes sociales creadas para facilitar la comunicación se han convertido, en nuestro país, en lugares de confrontación diaria. Dejaron de ser sitios perfectos donde se ingresaba para mostrar quiénes somos,  alardear con el poder, subir fotos y fotos interminables con los muebles nuevos, el IPod último modelo, el paseo a Miami o lo que fuera, dependiendo del ego de cada uno.

Los disgustos entre familia y amigos eran algo inusual y de un momento a otro, en menos de lo que canta un gallo, las redes se convirtieron en un cuadrilátero. En esta esquina el “Uribestia” y en la otra “el Mamerto” defensor de Santos, porque muchos creen que no querer más guerra es sinónimo de estar del lado del Presidente. Luego, en esta nueva esquina, el intelectual más prolífico con la camisa negra y en la otra, la empleada de la cafetería con la bandera tricolor de Colombia y así, esquina tras esquina, se ha multiplicado la radicalización de las ideas en defensa o en contra de uno y otro. Eso sí, Uribe tiene a su favor la creación de la “ParaIntelectualidad, que también podría definirse como el “ParaUribismo” de las redes sociales.

En este escenario nunca somos capaces de generar propuestas diferentes, que sean loables y conduzcan a ir formando grupos sociales en pro de un nuevo orden con base en la paz, pero también en la economía solidaria para todos y cada uno de los ciudadanos de Colombia. Al contrario, se han ido creando y construyendo nuevos valores en favor de una sociedad desvertebrada por el odio y el resentimiento a todo nivel. Desde el jovencito que muestra en su foto de perfil unos pectorales en formación hasta el “intelectual” de perfil elegante con claras muestras de lujo y ostentación con su barba de caballero. Todos, sin distinción, se insultan y vociferan, y algunos hasta amenazan, como aquel que advirtió que “si fuera paramilitar saldría a matar a todos esos guerrilleros (por suposición) que defienden la paz”.

Allí, en esas pantallas, no somos capaces de contar las verdaderas necesidades porque todos nos dejamos llevar por la incongruencia y somos un país con orgullo malsano. Un país donde aunque existen muchos perfiles en redes sociales de profesionales (incluidos magísteres y doctores), no somos capaces de establecer diálogos reales y contundentes para lograr acercamientos que favorezcan a la mayoría.

Y a pesar de que en nuestra Patria ahora hay muy pocos analfabetas y sí un alto volumen de “profesionalismo” más el valor agregado de “ser uno de los países más felices del mundo”, la realidad muestra lo contrario: es uno de los más violentos, está en manos de políticos corruptos, de los jueces y de los poderes públicos más parcializados, que evitan que se cumplan las leyes de acuerdo con la Constitución Nacional y están a favor de “pícaros y ladrones de corbata”. Se han politizado o debilitado por presiones, por falta de garantías o simplemente porque son cobardes que prefieren ese camino a vivir amenazados. En fin, “intelectuales- profesionales” y los del montón siempre se tildan de esto o de aquello.

Cada día que pasa, la guerra verbal se ha ido transformando en una confrontación anacrónica entre ex amigos, ex primos, ex hermanos y ex familiares. Afortunadamente  mi madre (84 años) no usa redes sociales pero vive  enterada de todo y al ver a Uribe dice: “a mí ese  viejo no me gusta”.  ¡Buena esa, Cucha!  Va por buen camino pues tampoco cree en los Santos; es cristiana.

Hemos llegado a este punto por la falta de conciencia social y de una apropiada educación desde la cuna, y las dos son importantes para el desarrollo de una vida digna y sana. Lo más triste es que la lista de “profesionales-intelectuales”, “defensores de Derechos Humanos” y otros superdotados aumenta cada día y ya no dan cátedra sino martillazos a diestra y siniestra, cual latoneros o carpinteros, distorsionando el sentido de la paz.

Miran la paja en el ojo ajeno defendiendo a como dé lugar el No a la paz y el Sí a la guerra. Con su manera enconada y abiertamente “guerrerista”, de continuar así, al igual que su jefe de campaña, el de la camisa negra, están a punto de saltar de la “ParaIntelectualidad” y “ParaUribismo” al paramilitarismo real, fomentando más el odio y argumentando con el miedo que les genera la “FarcPolítica”. Si ello llegase a ocurrir, esa batalla se convertiría en una de las más terribles de la historia del país, de esta “Patria Loca” formada por la “desnaturalización del pensamiento” y la pérdida en la estima de la vida humana.

¿Y quién tiene la culpa? ¿La culpa es de la vaca? ¡No, jamás! Es del líder del NO manipulado. Razón todavía más Todopoderosa para que Uribe nunca sea el Santos de mi devoción. La clave está en buscar  la solución más acertada y así corregir la controversia malsana que le ha dado un vuelco total a la convivencia social del país, entregado en parte al Sagrado Corazón de Jesús. (1) y a cuanta iglesia que ofrezca no sólo la ayuda espiritual sino en las urnas. Amén. A SÍ SEA.

Nota: Este “A Sí SEA”  falló para el SÍ porque “Mi Diosito” (¿que todo lo puede?) estaba con el No. Pero a pesar de este golpe, los verdaderos defensores de la paz seguiremos trabajando por ella y aunque muchos estén en la mira, como Jaime Garzón, les importa más el futuro de Colombia que sus propias vidas.

(1) http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-4598684

Publicado el: 15 Oct de 2016

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Edgar Uruburu
Comunicador Social-Periodista. Pensador por y para el pueblo. Poeta y Loco por una sociedad con justicia social. Mi pensamiento no refleja el de mi familia ni el de mis empleadores.