Una burla

Opina - Política

2017-09-01

Una burla

Comenzamos semana con la noticia de que el exvicepresidente y exministro de Santos; el exescudero de Uribe en el Congreso de la República, jefe natural de Cambio Radical y uno de los políticos más poderosos del país, Germán Vargas Lleras, se lanzará a la presidencia por medio de recolección de firmas, o lo que es lo mismo por medio de un “movimiento ciudadano”.

Vargas Lleras quiere, así no lo diga, deslindar su nombre de los escándalos que en los últimos años han azotado a su partido. Corruptos y criminales que avaló en el pasado para ocupar cargos públicos de elección popular en las regiones o de libre nombramiento y remoción en otros poderes públicos se encuentran bajo la mira de la justicia: condenados o sindicados.

Da lo mismo. La credibilidad y pulcritud de su partido está en entredicho. Así los siempre bien ponderados por la prensa y la opinión, Rodrigo Lara y Carlos Fernando Galán, insistan en proteger el nombre de su jefe.

No deja de ser curioso que hijos de dos víctimas de la mafia y la corrupción, sean hoy parte de uno de los partidos más enlodados por el crimen. Es más, que carezca de cualquier criterio para demandarle responsabilidad política alguna a Vargas Lleras por las alianzas dudosas con las que fortaleció a Cambio Radical en las regiones.

Por otro lado, es una burla completa la que Vargas Lleras y sus áulicos quieren hacer con el sistema político y electoral de este país. La posibilidad de lanzarse por firmas existe para que personajes que quieran aspirar a ocupar algún cargo de elección popular y carecen de una estructura y maquinaria partidaria puedan hacerlo, si demuestran que por lo menos una porción del electorado está dispuesto a votar por él o ella.

Esta posibilidad no se hizo para que gamonales de la política, como Vargas Lleras, la usufructúen de la manera más tramposa. Sobre todo, porque el hecho de que el exvicepresidente se presente por firmas no quiere decir que él renuncie a su partido. La todopoderosa maquinaria de Cambio Radical seguirá a su servicio, mientras nos venden de un movimiento “ciudadano” denominado “Mejor Vargas Lleras”.

¿Alguien puede creer que son un movimiento ciudadano? Quieren maquillar de “ciudadano” lo que es evidentemente un partido político tradicional y con las prácticas más mañosas. Mientras Vargas Lleras irá por todo el país anunciándose como un candidato de un movimiento ciudadano e independiente, mientras su partido político hará el “trabajo sucio” de aceitar la maquinaria para el triunfo.

Lo que hacer Vargas Lleras no es ilegal, pero sí por lo menos reprochable éticamente. Se quieren burlar de nosotros, pero sabemos de dónde vienen, para dónde van y con quiénes son capaces de aliarse.

 

Adenda: Es hora de repensar el sistema político colombiano que, como la tradición manda, está pensando sobre partidos. Un sistema de partidos que como es evidente está en crisis; la mayoría de los candidatos a la presidencia se presentarán por firmas.

( 3 ) Comentarios

  1. EL VENDEDOR DE ESTIERCOL
    Era un poblado bonito, lleno de flores y de un gran verdor en todos sus corredores y pasos, públicos y privados, incluso, en aquellos sitios oscuros, desde allí brillaban los colores de las amapolas rojas, frescas y ufanas de alegría por doquier. La convivencia pacífica de sus moradores era de una paz absoluta y todos sus pequeños problemas, eran resueltos con bondades y risas, con abrazos y ¿qué necesita que yo haga por ti? Las fachadas de las casas estaban impregnadas de rutilante alegría, de suficiente luz diurna y de un color dormilón en las noches, cuando la tranquilidad acompañaba a cada sueño, de sus moradores. ¡No se conocían las sombras que desbordan el miedo y el terror! En cada alba, la luz del día que se filtraba por las ventanas acariciaba las pieles de los infantes, adolescentes, personas maduras y ancianas, esa luz permanecía pegada a los cuerpos todo el día, hasta la vespertina cuando era reemplazada, en relevo, por el color dulzón de la noche, que invitaba a los pobladores al descanso. Los habitantes de ese pueblo no tenían ningún temor de nada, vivían en su cada día esperando, ansiosos, la llegada del próximo, sin angustias. Como era un pueblo pequeño, sólo había un galeno para todos, incluso, para él mismo. La brillantez de la luz y el reflejo de esa luz convertida en múltiples colores y gamas que irradiaba de las flores, bañaban el espectro de humanos y cosas. Las personas solo estaban ocupadas trabajando para ser felices, en sus inmediateces, además, no necesitaban de nada más, solo aprovechaban sus amistades sinceras para crear más felicidad. Un buen día, llegó al poblado un camioncito que traía una carga de desechos, que apestaban. El hombre que lo conducía, junto a su asistente, el Mocho Coscorronero, lo parqueó en el parque principal –era día de plaza de mercado- y empezó a promocionar su producto: “¡Vendo estiércol puro, sin mezclas ni aditivos, para que abonen a sus matas!” Un lugareño, muy curioso, al cual se le despertó en su envidia, se sintió atraído por la oferta: “Tendré las flores más bellas del pueblo…” – Pensó. Más no calculó el interés del comerciante que solo venía a ofertar y por deshacerse de ese producto que contaminaba a los otros pueblos del país. El culebrero comerciante de estiércol, se acercó al posible cliente y le dijo: “Este producto tiene todos los nutrientes químicos y naturales para que sus jardines florezcan en todo su esplendor, incluso, este abono genera unos gusanos salvadores que se van degustando los desechos malignos que crean las excretas de las flores…” Esta forma del lenguaje usado por el vendedor, el parroquiano lugareño nunca lo había escuchado y le pareció hasta novedoso e interesante. ¡Deme una libra, quiero probarlo!, pidió convencido el parroquiano, a la vez que indagaba por el nombre del vendedor. Perdón, señor, ¿cuál es su nombre? ¡Politicastro Avarito!, respondió el vendedor de abono de estiércol para las matas. “Nombre raro, tiene el señor” –Dijo el comprador ingenuo. “Raro, no, efectivo, cuando vea usted como crecen y se ponen bonitos sus jardines con este abono de mier.., perdón de “miel” para sus matas…” – Respondió el culebrero vendedor de estiércol. Una vez que compro no una sino varias porciones de abono para las matas, llegó a su casa y se aperó para iniciar a faena de abonar a sus matas, mismas que en ese momento radiaban de luz y alegría, en su jardín. Tan pronto abrió la bolsa del abono, un insoportable olor de caca (mierda) se metió y esparció por todos los rincones del jardín, incluso, hasta en los resquicios de su propia morada familiar. Su cerebro se contaminó también. De la bolsa llena de abono empezaron a salir gusanos que brotaban de muchas masas podridas, mismas que fueron recogidas como desechos de sitios como Obredecht, Reficar, Isagen, Interbolsa, Fiscalía General de la Nación, Congreso de la República, Corte Suprema de Justicia, Corte Constitucional, Arquidiócesis y de otras bodegas de que abrigaban sectas religiosas y, por supuesto, que venían de las oficinas de los partidos políticos. Esas capas de grasas y sus gusanientas, empezaron a salir e inundar las sanas tierras aporcadas con el amor y la querencia de las gentes, por siglos, en cada uno de los jardines de este pueblo. Además, las bolsas venían con otras ofertas, como eran los excrementos de los corruptos y las ratas apestosas que en ese momento estaban durmiendo dentro de esas bolsas. Azorado y compungido el parroquiano, además de desesperado empezó a gritar, ¡Me engaño, me engaño, el Politicastro Avarito, y su asistente el mocho coscorronero, me engañaron! Lo buscó en la plaza, y ya no se encontraba, se fue para la zona de las cantinas y las putas, y allí los encontró. Les dijo muy furioso: “¡Ustedes me engañaron, desgraciados! ¡Dañaron con su porquería, mis tierras del jardín y mis flores hermosas fueron arruinadas! ¿Por qué tanta perversidad? ¿Qué es lo que ustedes buscan con volver estas tierras en un gran estercolero? “Tranquilo, parroquiano – Respondió el Politicastro Avarito – nosotros tenemos la solución, pero, esta solución, amigo querido, debe ser rogada, sí, usted y sus familiares y demás vecinos nos ruegan, tan solo dándonos sus firmas en este papel (formato de la Registraduría Nacional), para que nosotros les tramitemos ante el gobierno central y local, especialmente con el servicio de salud pública y el ministerio de agricultura, la solución urgente y prioritaria a este pequeño problema…” Avarito y el Mocho, en parodia bufonesca, luego soltaron una estruendosa carcajada, que contagió el lugar, a la vez que pedían dos tandas más de cervezas.

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Brian Alvarado Pino
Politólogo y comunicador. Disidente de todo lo que es "correcto". Militante y crítico de lo que creo y autocrítico de lo que pienso.