Sobre la normalización del machismo

Opina - Sociedad

2017-03-09

Sobre la normalización del machismo

Basta con observar a nuestro al rededor para darnos cuenta de que la violencia, las costumbres, y el uso del lenguaje cambian constantemente para mal. Son incontables las cosas malas que se han ido normalizado en la vida de los seres humanos, y muchas veces (la mayoría de veces), a través del uso de palabras políticamente correctas. Lo antes prohibido, hoy es permitido siempre y cuando se diga con ¨respeto¨. El odio hacia el feminismo, y el uso inadecuado del lenguaje para referirse a las mujeres (ahora con derechos reconocidos) son ejemplos claros de esos cambios, los cuales, tristemente, han llegado para quedarse a convivir entre nosotros. Sin ahondar en el tema, hoy nos enfrentamos a un nuevo discurso machista, uno que ya no utiliza los golpes y las leyes, sino la violencia pasiva, la censura, y el señalamiento de todos los discursos feministas de quienes hemos decidido protestar al respecto. 

Si somos generosos ─porque las estadísticas dicen lo contrario─, podríamos asegurar que las mujeres han logrado reconocerse como ciudadanas a través de la participación democrática y la igualdad ante la ley. No obstante, sigue habiendo desigualdad entre mujeres y hombres en términos salariales y en calidad de vida. Me quedé de cuadritos leyendo un artículo que daba cuenta de la inexistente participación de mujeres en cargos directivos en las empresas antioqueñas más reconocidas como Argos, Sura, Bancolombia, Nutresa. Luego yo sí dudo de esa igualdad, es más, le pondría unas comillas bien grandes.

El machismo actual va mucho más allá de renegar sobre los senos de una actriz, o sobre la ropa de una cantante. Yo diría que, en cambio, se ha normalizado a tal punto que el feminismo, su propio movimiento, hoy es visto con un extremismo aterrador, mientras que otros movimientos como el LGTBI y el de los negros norteamericanos han sido acogidos de forma positiva por la sociedad.

Pues claro, cómo podríamos acoger un movimiento que permitiera que las mujeres se expresaran libremente, si somos una sociedad acostumbrada a verlas calladitas en la penumbra de una cocina y siguiendo costumbres absurdas. Ellas siguen siendo víctimas del fanatismo religioso, por ejemplo, tanto del cristianismo y sus ramas, como del islam y todas sus bifurcaciones. Las religiones, sin duda, adiestran a los hombres y hasta a las mismas mujeres sobre cuál es su lugar en la sociedad, en tanto que quienes no sigan el molde, se enfrentan a las consecuencias, en su mayoría violentas, que dictamine la ley celestial, las cuales van desde violaciones y matanzas, hasta acciones aparentemente inofensivas, y expresiones sutiles que reafirman su lugar en la tierra, es decir, a ser las niñas eternamente protegidas por los demás.

Hace poco caí en la cuenta de que llamarle niñas a las mujeres implicaba quitarles derechos, y dejé de hacerlo. Una niña no tiene cédula, no puede votar, no puede decidir por sí misma, no puede ser independiente. Esta tontería ─dirán muchos─, hace parte del conjunto de tonterías que suman y suman al machismo reinante. En ese sentido, todos pecamos de machistas llamando niñas a las mujeres, y parece que a nadie le importa mucho realmente. Por favor, reconozcamos con las palabras que ellas también pueden ser adultas y tomar sus propias decisiones después de los 18 años, y evitemos caer en ese lugar común.

Me gustaría recopilar algunas frases de un vídeo que vi el otro día, el cual muestra algunas frases aparentemente inofensivas, pero tan machistas como las actitudes de quienes las dicen:

“Yo no soy machista, yo ayudo a hacer oficio en la casa”
“Estoy a favor del feminismo, pero alguien debería hablar de los hombres que murieron a manos de sus mujeres el año pasado”
“Si fueras feminista de verdad, te quejarías de la ablación y no de tonterías”
“En mi casa no hay machismo, es mi madre la que manda”
“No soy machista ni feminista; ningún “ismo” es bueno”
“Si quieren igualdad, porque no se quejan cuando entran gratis a las discotecas”
“Yo no soy machista, nunca le he pegado a una mujer” ¿Qué tal esta perla?
“Sería feminista si no fuera porque las mujeres piden las cosas de mala manera”
“No soy machista, pero prefiero tener compañeros de trabajo hombres porque nos entendemos mejor”
“Los gays afeminados son como mujeres, qué horror”
“Ni machista ni feminista, igualista”
“Machismo no, pero feminismo tampoco. Los extremos nunca son buenos”

Sobre las dos últimas, no me extraña. La mayor parte de la gente cree que el feminismo es un machismo al revés. Esa idea (tan equivocada como muchas otras) es alimentada por la creencia de que la liberación de la mujer y la lucha por la igualdad son una lucha de mujeres contra hombres, lo cual es un grave error.

El feminismo lucha por la igualdad entre hombres y mujeres, no por la superioridad de ellas.

Imagen cortesía de: PlayGround

Pero bueno, he de confesar que yo he sido machista sin querer serlo, y me arrepiento de ello tratando de cambiar mis actitudes y mi lenguaje diariamente. Creo que la clave está en eso, pues todos hablamos con ligereza sobre el papel de las mujeres en la sociedad sin pensar dos veces lo que decimos. Incluso esa verborrea nos da la excusa perfecta para mostrarnos abiertos a la igualdad en público y seguir aferrados a la explotación y la desvergüenza en privado.

También creo que esta sociedad sufre la mayor hipocresía jamás recordada; todos hablamos públicamente a favor de la homosexualidad, de las mujeres, de los inmigrantes, pero en privado somos tan homófobos, racistas, antifeminista como hemos sido desde siempre.  

Pero bueno, a uno le queda esa espina entre los dientes: ¿Por qué todos están tan molestos con el feminismo?, ¿no debería ser al contrario? Aprovechemos para romper la normalización del machismo en el lenguaje, y acabemos con la estigmatización del feminismo. 

El mejor regalo que podemos darle a cualquier mujer es volvernos todos feministas.

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Juan David Narváez
Escribo para expresar las cosas que no puedo decir con la voz.