Que se vaya la alerta, y todo bien

Opina - Ambiente

2017-04-02

Que se vaya la alerta, y todo bien

Siempre he entrado en conflicto cuando llegamos a esta época del año. No sé si alegrarme porque los medios de comunicación están descentralizando la información para hablar de una “crisis ambiental”, o destruirme porque ese hecho es una realidad de la cual nos dejaremos de informar cuando hayan indicadores que muestren que todo está “mejor”. No sé si entusiasmarme porque hay una divulgación sobre la importancia de velar por el cuidado de nuestro entorno, o frustrarme ante la fugacidad y simpleza con la que se presentan estos temas. No sé.

Y es que es sumamente raro leer, ver, o escuchar algún medio de comunicación hablando de algo diferente a corrupción, procesos de paz, fútbol, las múltiples prácticas electorales, obras inconclusas, escándalos por fondos de campañas recibidos “involuntariamente”, más fútbol, narcotráfico, robos, más procesos de paz. Rarísimo.

Pero claro, nos tienen que arder los ojos y la nariz para asumir una postura –supuestamente– crítica. Tenemos que sufrir unos pulmones estrechos y la piel seca para sentirnos con el deber de exigir a las administraciones y a las autoridades ambientales, medidas para minimizar el impacto ambiental. Ojo, porque eso es lo que esperamos, mi-ni-mi-zar, ¿porque reparar?, eso ya no se puede. Eso no nos interesa. Además, eso es culpa del Sahara, que nos manda esos polvitos raros, o culpa del Estado, porque ajá, ellos son los únicos responsables de que este tipo de cosas pasen, ¿qué cosas?, pues la mala calidad del aire, que es lo que nos interesa, porque es lo que nos toca, y lo que escasamente los medios muestran.

Necesitamos que nos digan que listo, que todo bien, que ya no hay alertas, y que podemos respirar en paz. Así, todos podremos otra vez correr a nuestros carros, comprar con bolsas de plástico, bañarnos durante mucho, mucho tiempo y retomar ese sin fin de prácticas tan típicas de la “eco-cantaleta”.

Mejor dicho, volver a la normalidad. Porque sencillo, aquí nos forman para creer que los ecosistemas son equiparables al ser humano. Te enfermas, tomas el jarabe, te alivias, y vuelves a la normalidad, y pues si te enfermas otra vez, la misma jugada. Tan simple, uno sabe como hacerla. Y sí, juramos que la misma vaina pasa con el medio ambiente. Nos creemos ese cuento enterito.

Y ni qué decir de la información de los medios, y esos pajasos mentales que se dan con los contenidos “ambientales” que se encargan de divulgar. Son hasta tiernos.

Claro, muy interesante que RCN haya hecho un recorrido de dos minutos por el río Magdalena mostrando su contaminación. Chévere que El Tiempo se haya aventurado a hacer un especial sobre la escasez de agua en La Guajira que ya no logro encontrar en el infinito mundo virtual, y bacanísimo cuando Caracol mostró un reportaje sobre el cambio climático a nivel mundial, en altísimas horas de la noche, y del cual nadie al otro día podía hablar. Y ya, así los medios de comunicación quedan a paz y salvo con el ambiente. Muestran un fuerte compromiso con el planeta al sacar una rápida publicación anual sobre cualquier problemática, que claramente, todos hemos naturalizado. Es parte del paisaje. No nos sorprende, no nos toca, porque no la respiramos, ni nos cohíbe la salidita a Oriente con el carro, y desde que podamos hacerla, frescos, todo está bien.

Imagen cortesía de: Geopoliting

Además, qué pereza. Me imagino la lidia que debe ser buscar más a fondo. Conocernos desde la raíz, saber qué de nuestra tierra nos afecta. Jugamos, apostamos, vendemos, robamos, comemos, sentimos, tomamos, vivimos del ambiente, pero ni reconocemos qué le duele, porque desde que yo esté bien, no hay porqué enredarse con bobaditas. Eso déjeselo a otro, y ese otro, a otro. Pero el lío es que no se sabe quién es ese otro.

Nosotros no necesitamos pensar en nada de eso, ¿para qué?, solo tenemos que estar en casa, en nuestras cotidianidades, asumiendo unas responsabilidades ambientales pequeñas y efímeras para volver a ver claramente el Coltejer, y dejar de montar en ese metro que mantiene lleno. ¿Para qué?

¿Para qué pensar que hay una desertificación en grandes partes del Valle del Cesar?, la pérdida biológica y el sistema bioproductivo del territorio no es tan grande, ¿cierto?, a la final, de eso podemos encontrar en cualquier otro lugar. ¿Por qué habríamos de preocuparnos por contaminación de los arrecifes de coral con agroquímicos?, si los corales ni parecen animales…

¿Por qué pensar en el desequilibrio del ecosistema marino con las redes de ciudades que se están construyendo?, allá solo vamos en vacaciones, no es tan grave. ¿Para qué pensar en la intoxicación con mercurio de los lechos de los ríos Cauca y San Juan?, nosotros tenemos el río Medellín. Muy limpio, por supuesto. ¿Para qué atropellar la mente por la pérdida de la biodiversidad en el Medio Magdalena y en el piedemonte llanero?, en Colombia hay mucha cosa, eso nunca se acaba, entonces, ¿para qué?, desde que pase la alerta en Medellín, todo está bien, para mi, para todos y para los medios de comunicación, todo está bien

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Luisa María Castaño Hernández