Que nos sigan pasando carros por encima

Lástima que esta indignación sea momentánea (como todas las indignaciones semanales que hay en el país) y mientras tanto que nos sigan pasando carros por encima, por ser mujeres.

Opina - Sociedad

2017-10-05

Que nos sigan pasando carros por encima

La violencia contra la mujer sigue creciendo en Colombia. Un nuevo caso de intolerancia se vivió en Cajicá donde un hombre atropelló de manera intencional a Lina Molina luego de discutir por un choque. Lo más aberrante no fue solo la agresión beligerante del conductor sino que él mismo, identificado como Juan Camilo García Tobasia, iba con su esposa y un niño al momento de incidente.

Es que parece que ser mujer es una razón válida para ser agredida o asesinada en este país. Este nuevo caso de intento de homicidio da cuenta de la situación social y cultural que vivimos de cuenta de una cultura que siempre se ha encargado de poner a la mujer en un peldaño más abajo.

Pero el caso de Lina Molina, quien se encuentra recuperándose de una cirugía en su pierna, no es el más grave ocurrido en Colombia en el último mes. El 17 de septiembre en el parque Cayetano Cañizares de Kennedy, un hombre golpeó e hirió con arma blanca a una mujer al punto de que las autoridades no podían identificarla por las heridas causadas en su rostro. Pese a que la agresión quedó grabada en video el agresor, capturado momentos después, goza hoy de detención domiciliaria por no tener antecedentes y porque al parecer, intentar asesinar a una mujer no es un delito grave.

Otro caso es el de Aura González Malagón, quien fue asesinada  por su compañero sentimental el pasado 31 de junio en el barrio Patio Bonito en Kennedy. Su hija, quien también fue atacada con arma blanca y sobrevivió identificó plenamente al agresor, pero este no ha sido capturado.

La última semana de septiembre en Montería, un hombre degolló a su esposa y luego se suicido en el barrio La Gloria, en el barrio 9 de agosto de Tierralta, Carmen Gaspar de 36 años recibió 20 puñaladas mientras estaba en su cama por un hombre identificado como José Jiménez, y en Montelíbano, Córdoba una joven de 18 años fue asesinada por su compañero sentimental.

Preocupa mucho que en Colombia de 122 casos de feminicidios menos del 10% tienen sentencia a los implicados. Como quien dice: aquí nos matan y a la justicia poco le importa. Y preocupa más que la mayoría de esas agresiones y homicidios sean causados por personas allegadas a las víctimas como parejas y familiares.

Pero si el hogar no es seguro para las mujeres, la calle tampoco. La vía pública se convirtió en el escenario favorito de los agresores con 3.464 casos de lesiones personales, y entre enero y agosto de 2017 se han presentado 5007 casos de agresión contra la mujer contra 8870 en el mismo periodo de 2016, siendo las víctimas más comunes las mujeres entre 14 y 30 años.

Podríamos llenar este espacio de miles de casos que se presentan diariamente o de cifras escabrosas como por ejemplo que acuerdo con estadísticas entregadas por Medicina Legal y la Universidad de La Sabana, el feminicidio aumentó en todo el país el año pasado: de 100 muertes en el 2015 pasó a 122 crímenes en 2016, lo que representa un alza del 22%; pero ni los casos ni las cifras podrían dar respuesta al por qué de las agresiones, ni mucho menos dilucidar una solución pronta.

Duele mucho que en nuestro país la agresión no solo sea física sino psicológica y emocional. Que se tilde de Feminazi (con todo lo absurdo que implica el término) a alguien que defienda los derechos de las mujeres. Que se valore la hombría y el poder masculino frente a la mujer como muestra de ser un verdadero macho. Que se inculque en muchos hogares el papel todopoderoso del hombre de la casa y que el único valor que se le de a la mujer es si cumple con los cánones de belleza física necesarios o no.

La violencia contra la mujer la vemos en todas partes: en los noticieros con sus presentadoras que son más piernas que cerebro, en el trabajo con las mujeres que no son remuneradas de la misma manera que sus pares masculinos, en la política donde el único adjetivo posible para una mujer es el de gritona (sea cual sea su partido y postura), y en la Iglesia, donde la ideología de género, vista como la necesidad de incluir a la mujer y la comunidad LGBTI, es tema casi que prohibido.

Habla muy mal de nuestra sociedad que un hombre no le importe pasar su carro por encima de una mujer con su esposa e hijo al lado, o que a un agresor se le premie con la casa por cárcel por su delito. Pero es peor aún que los casos de violencia contra la mujer (Así como los casos de violencia contra los niños, ancianos y comunidad LBTI) pasen desapercibidos en Colombia. Se nos volvió paisaje y noticia de cada día, sin que haya una verdadera trascendencia.

Y como para empeorar el panorama, ni a los “Honorables” Senadores les interesa el tema, porque pese a que cada 29 minutos una mujer es víctima de violencia sexual y la violencia intrafamiliar es el tercer delito con mayor ocurrencia en Colombia, solo 35 de los 102 senadores estuvieron presentes durante el debate de violencia contra la mujer. Lindo.

Mientras Lina Molina se recupera de sus lesiones, me preguntó si su agresor estará reconociendo su delito, o si tiene los cojones para defender su actuar, y me pregunto si el juez que lleva el caso tendrá los pantalones necesarios para ver el caso en su magnitud y dictar una sentencia verdadera, o como en ocasiones anteriores, se le dejará libre para indignación de muchos.

Lástima que esa indignación sea momentánea (como todas las indignaciones semanales que hay en el país) y mientras tanto que nos sigan pasando carros por encima, por ser mujeres.

 

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Daisy Villalba
Periodista || Productora audiovisual || Fundadora y Coordinadora editorial de @ConLaOrejaRoja || Defensora de la libertad de expresión