Poner la otra mejilla

Opina - Emociones

2017-09-23

Poner la otra mejilla

Es muy fácil lanzar improperios” justificados” cuando no se está de acuerdo con alguna situación relevante que cala en la emoción y sentimiento que se convierte en tendencia en la modernidad. En muchos casos la indignación llega al punto de hacer creer a los más “correctos” que son los más correctos por el simple hecho de saber que ya la ropa sucia se lava en conjunto, porque si bien, muchas cosas de las que pasan en tiempos modernos también sucedían en tiempos más remotos hace pensar que la humanidad está en caída libre.

Creo que la noticia llego demasiado tarde, pensando que todo tiempo pasado fue mejor, porque sabíamos que sucedía en mayor o menor escala, pero sin tendencias, estadísticas y lavando la ropa sucia en casa como lo dice el lenguaje popular, quedándose en el ámbito privado donde las cosas se guardan mejor bajo la mirada de algunos pocos.

En muchos casos la memoria es selectiva y omite esos eventos creando vacíos de información que hacen creer al portador que eso no pasó en ningún momento y por ende cree tener la potestad de señalar al otro con el dedo de la justicia propia. ¿Acaso el ser humano en su infinita majestuosidad de inteligencia y sabiduría creadora no ha sobrepasado los límites de la moralidad construida?

Como personas tenemos un pasado que no queremos recordar o nos hacemos los desentendidos para no apenar al otro yo, pero que de alguna forma sin llegar a extremos viciosos nos llegamos a parecer un poco con ese que nos indigna pero que no alcanza la escala del improperio personal.

¿Cuántos en su sano juicio han robado así sea un esfero en su lugar de trabajo? ¿Cuántos han dicho “mentiras piadosas” para ocultar sus secretos? ¿Cuántos hacen llorar a sus parejas con peleas bobas? Ustedes pensaran que eso no es nada, pero esas justificaciones morales a grandes rasgos es lo que lleva a las personas a pasarse de la línea y cometer actos que se transforman en eufemismos para disminuir la gravedad del asunto. Astuto, ¿no?

Nosotros tenemos varias mascaras que se va quitando y poniendo en situaciones diversas con el fin de causar buenas impresiones, pero está la oculta, la que queda sobre la mesita de noche esperando a ser modelada frente al espejo pero que casi nunca es llevada a la calle por miedo a ser señalado por los otros correctos de la sociedad misma que están en situaciones similares; la ironía se presenta cuando se juzga al otro que tiene esa máscara pero que se atrevió a modelarla a ojos ajenos.

Por esa humanidad es que creamos las normas y leyes que de alguna forma ayudan a regular a ese Mr. Hyde que cada ser humano tiene y así niegue, porque nos dimos cuenta que al no tenerlas nos íbamos a anular por dejar a esa bestia libre andar por la tierra y que mejor manera que mantenerla encerrada y darle de comer para que duerma bien como un bebe.

Lo malo del asunto es que al sobrepasar esas normas y leyes se genera un conflicto interno y si se encuentra algún tipo de gusto por eso que se hace es más fácil que siga cayendo en ese telar de comportamientos y empieza salir ese individuo que si no se detiene a tiempo puede ser tendencia en algún lugar del mundo y volvemos al mismo cuento de antes, a creernos mejores por ser moralmente correctos.

Hay algo interesante en este asunto que recae en el hecho de que todo acto que se hace en público ya es registrado y que, si se divulga, el personaje queda marcado de por vida, crucificado por esa sociedad que tiende a ser sentir moral cuando sucede algo inapropiado.

Estamos a la espera de algún evento para desenfundar el celular y hacer el trabajo detrás de bambalinas donde empieza el juzgamiento y el asombro con el pan de cada día, es más, cuántas personas no están siendo robadas y maltratadas en este momento, ¡salgan a buscar noticias!

Y están los otros, los que aún no tienen ese peso de la marca social, los que empiezan a tener “comportamientos adecuados” y a sonreír falsamente ocultando los rostros como los jugadores de póker para no perder credibilidad y sentir en conjunto que son superiores o mejores que los demás.

Es bueno dejar de juzgar al otro y si ser autocríticos con el fin de saber cuáles son esas fallas que tenemos y que pueden ayudar a que el Mr. Hyde se presente en toda su majestuosidad.

Si nos llegamos a conocer un poco más es posible que se reduzcan tantas tendencias que nos tienen asombrados e indignados y si creemos que no se puede controlar acuda al otro, déjese ayudar, en cambio de señalar que por más humanos y perfectos que nos creamos hay alguien con similitudes pero que puede colaborar a controlar esa bestia inmanejable que hay en cada uno de nosotros y dejar esa costumbre tan errada de esperar ayuda, cuando lo que verdaderamente tenemos que hacer es salir y buscarla.

 

Ricardo Rodriguez
Psicólogo de la Universidad El Bosque. Experiencia en intervención psicosocial a población consumidora de sustancias psicoactivas y discapacidad cognitiva. Actualmente liderando y apoyando procesos de educación para la paz en la ciudad de Zipaquirá (Cundinamarca).