Periodismo y poder

Al optar por un candidato en particular, el Noticiero Noticias Caracol empeña su credibilidad, amarra sus tratamientos informativos a los intereses del candidato y confirma el maridaje entre poder político y periodismo.

Opina - Medios

2017-10-19

Periodismo y poder

Detrás del publirreportaje que el director del Noticiero Caracol Noticias presentó como entrevista -y además, exclusiva, – el lunes 16 de octubre de 2017, estaría la decisión editorial y política de dicho medio masivo de acompañar en adelante a Germán Vargas Lleras en su aspiración presidencial.  Aunque dudo de que dicha empresa mediática haga pública la nueva orientación editorial, lo que sí resulta claro es que dicha decisión política compromete, desde ya, el cubrimiento periodístico que Noticias Caracol hará en adelante de la campaña electoral de 2018.

Pero no solo compromete a sus lógicas y rutinas de producción noticiosa, sino al oficio periodístico mismo desde una perspectiva ética y de responsabilidad política e histórica con la coyuntura que el país afronta, en el marco del proceso de implementación del Acuerdo Final, que infortunadamente deviene lento y con un alto de riesgo de fracaso.  Y al hacerlo, el Canal Caracol, con su informativo a bordo, se confirma como un actor político de la sociedad civil, con el doble carácter que acompaña al canal informativo, en tanto empresa y medio de comunicación, sobre el que recaen mayores responsabilidades ético-políticas dado el poder de penetración que ostenta sobre y en relación con unas audiencias poco formadas y preparadas para el análisis político-mediático.

Más claro: existen en Colombia millones de colombianos incapaces de hacer disquisiciones elaboradas en torno a la forma como operan el Estado, el mercado y la sociedad. Justamente, esa cantidad importante de compatriotas son los que hacen parte de las audiencias con las que cuentan tanto Caracol Noticias, como el Canal Caracol, para influir en la toma de decisiones de carácter electoral y político, y, por supuesto, en la consolidación de un capital cultural que, a juzgar por la oferta televisiva del Canal Caracol, deviene empobrecido, banal, superficial y anclado a un consumo acrítico de dicha oferta cultural.

Al optar por un candidato en particular, el Noticiero Noticias Caracol empeña su credibilidad, amarra sus tratamientos informativos a los intereses del candidato y firme aspirante a llegar a la Casa de Nariño y confirma el maridaje entre poder político y periodismo. Así las cosas, el ejercicio del periodismo debe entenderse como lo que es y ha sido históricamente: un instrumento de Poder y una herramienta política al servicio de unos cuantos poderosos y del propio Establecimiento.

Con esta constatación debería de quedar zanjada la discusión sobre la existencia o no de la objetividad. Queda claro que no se puede hablar de objetividad en una actividad atravesada por los intereses y por las relaciones de poder.

El problema radica en que las empobrecidas audiencias en Colombia y otros tantos millones de colombianos que aún no llegan a comportarse como verdaderos ciudadanos, van a creer a pie juntillas que la causa política que recién parece abrazar el Canal Caracol y su informativo es la que le conviene al país. Y todos sabemos que Germán Vargas Lleras no es una opción viable, posible, digna, ética, responsable y deseable para gobernar un país que está obligado a hacer el tránsito de un estadio de guerra, a un estadio de paz.

Por lo tanto, apostarle a la llegada de Vargas Lleras a la Casa de Nariño, convierte al Canal Caracol y a su empresa mediática, en un instrumento para impedir la feliz implementación del Acuerdo Final durante los tres periodos presidenciales que señaló la Corte Constitucional en su reciente fallo, en el que no solo fijó la temporalidad, sino que elevó el documento firmado en el Teatro Colón de Bogotá, a política de Estado.

Al poner el noticiero al servicio del proyecto político de Vargas Lleras, el Canal Caracol asume, por extensión, la responsabilidad que como actor político[1] y económico de la sociedad civil le corresponde, por apoyar una aspiración política que, sin duda, buscará hacer trizas el Acuerdo Final o torpedear administrativa y políticamente el ya difícil proceso de implementación.

De las audiencias se espera que asuman la tarea de juzgar los tratamientos periodístico-noticiosos del informativo Caracol y por esa vía, adoptar posturas en contra de los anunciantes que en adelante mantengan la pauta en un Canal y en un Noticiero que claramente le están apostando al fracaso del proceso de implementación, al apoyar la candidatura y eventualmente al gobierno de Germán Vargas Lleras.

Es hora de que las audiencias asumamos actitudes ciudadanas que nos lleven a boicotear el consumo de bienes y servicios producidos por aquellas empresas que denodadamente apoyen proyectos políticos claramente contrarios a las aspiraciones de un sector importante de la población que dijo SI al Plebiscito del 2 de octubre y que mantiene su apoyo al cumplimiento de lo acordado en La Habana y firmado en el Teatro Colón.

Lo que el país espera con la implementación del Acuerdo Final es ampliar su democracia que deviene restringida y profundamente procedimental; igualmente, es la oportunidad para proscribir el ethos mafioso que la clase empresarial y política inoculó en las prácticas cotidianas y en el ejercicio mismo de la política; y por supuesto, estamos ante la oportunidad y el reto de consolidar un Estado legítimo, que haga posible vivir en paz.

Ojalá la referida “entrevista” motive discusiones en facultades de comunicación social y periodismo en las que aún se habla de la objetividad y se entregan pautas para un ejercicio del oficio, alejado de cualquier actor de poder.  El papel que jugó Juan Roberto Vargas frente al candidato de la Derecha y la Ultraderecha, Germán Vargas Lleras no solo confirmó el histórico proceso de instrumentalización que la política, los políticos y el Establecimiento vienen haciendo de los periodistas y del periodismo, sino que elevó a la condición de principios fundamentales para ejercer la dirección de un noticiero de televisión, ser pusilánime, irresponsable con el contexto, obediente, acrítico y timorato[2]. Y ese parece ser, desde la lógica del Poder, el Deber ser.

 

 

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[1] Al igual que RCN, que también es un actor político: http://viva.org.co/cajavirtual/svc0523/articulo08.html

[2] Véase: https://conlaorejaroja.com/se-destaparon-los-vargas/

 

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Germán Ayala
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Cursando Doctorado en Regiones Sostenibles.