Pensar Regiones Sostenibles

El desarrollo desigual de las regiones en el país da cuenta de procesos no homogéneos de construcción de Estado, sociedad y mercado.

Opina - Ambiente

2017-11-04

Pensar Regiones Sostenibles

Colombia enfrenta, desde ya, dos retos mayúsculos: el primero, lograr condiciones que le aseguren niveles aceptables de sostenibilidad socio ambiental en ciudades y en sectores rurales, y en segundo lugar, y como correlato del primer reto, consolidar escenarios de Paz y ojalá, de posconflicto, entendido este último como un escenario de transformación cultural profunda[2].

Estos dos desafíos se entrecruzan desde diferentes ámbitos, en particular en el Regional, dadas las visiones y las acciones de desarrollo emprendidas en regiones y territorios que aún conservan valiosos ecosistemas naturales y que están en camino de consolidar procesos civilizatorios en ecosistemas humanos golpeados por el conflicto armado interno, la presencia no homogénea del Estado, por problemas de convivencia, por factores propios de la economía ilegal y el actuar de grupos armados organizados (GAO) y neo paramilitares[3].

Aunque se comparta una idea generalizada de desarrollismo, el desarrollo desigual de las regiones en el país da cuenta de procesos no homogéneos de construcción de Estado, sociedad y mercado, triada fundamental para comprender el orden social y las acciones que se puedan emprender para pensar, diseñar e implementar regiones sostenibles.

La sostenibilidad, desde la perspectiva del enfoque sistémico, permite la confluencia y la convergencia entre ecosistemas naturales y ecosistemas sociales integrados en diferentes escalas (local, nacional y global), históricamente desligados, por el no acercamiento de disciplinas, por un lado, y saberes que apenas hoy intentan conectarse a través de lo que se conoce como la interdisciplinariedad; y por el otro lado, de políticas socio económicas fallidas o con impactos negativos.

De allí que al hablar de regiones sostenibles, de inmediato hay que poner en operación las variables y los criterios que entran a jugar para dar cuenta de una pretensión y anhelo de un país que no ha sabido administrar ni aprovechar, racionalmente, los recursos de una biodiversidad que se mantiene en pie a pesar de procesos de intervención, transformación y sometimiento de valiosos ecosistemas naturales, cuyos servicios ecosistémicos, en muchos casos, están bajo amenaza por la presión y la injerencia de corporaciones, políticas estatales y usos indebidos por parte de grupos comunitarios.

Pensar Regiones Sostenibles es un ejercicio político, académico, económico y cultural de gran envergadura. No se trata simplemente de invocar la interdisciplinariedad con la que se pretende romper el paradigma que hizo posible desconectar, desde el pensamiento y el ejercicio de la Escuela, la compleja presencia, el devenir del ser humano y el lugar que alcanzó como especie dominante, dentro de lo que se conoce como la cadena trófica.

Así entonces, subsiste la necesidad de establecer criterios de análisis que, en perspectiva de futuro, permitan pensar la sostenibilidad regional como el camino para transformar o mejorar las relaciones entre el ser humano y la Naturaleza, en especial en aquellos entornos urbanos que superaron con creces los límites de resiliencia de valiosos y estratégicos ecosistemas naturales.

Un primer criterio que se propone para pensar, modelar y quizás establecer Regiones Sostenibles hace referencia a la historia pasada, reciente y actual de las formas relacionales que dentro de una determinada Región se establecieron entre el Estado, la sociedad y el mercado. Esa historicidad deberá dar pistas y patrones comportamentales de los diferentes actores y factores de poder que, asociados a cada uno de aquellos tres estadios (E-S-M), facilitaron, bajo una idea más o menos consensuada de desarrollo y progreso, la transformación de ecosistemas naturales, territorios y paisajes naturales.

Un segundo criterio guarda estrecha relación con la caracterización de los actores de poder que dentro, o fuera del Establecimiento, coadyuvaron a la construcción o de-construcción de lo Público, categoría clave para entender las relaciones establecidas entre el ser  humano y la Naturaleza. En este punto es importante establecer qué tipos de poderes y contrapoderes se establecieron en determinada región[4], y qué tipo de actividades antrópicas y sus efectos, negativos y positivos, se produjeron en determinados ecosistemas naturales.

Un tercer criterio tiene que ver con la caracterización de los ecosistemas naturales intervenidos por las acciones antrópicas, alrededor de su vocación, las condiciones geofísicas, morfológicas, climáticas y las relacionadas con la integridad ecológica. Con dicha información, se pueden facilitar las acciones de mitigación y cambios en la orientación del tipo de desarrollo regional a conocer.

Un cuarto criterio se asocia con la periodización de los procesos de transformación de los ecosistemas naturales de la región definida, estableciendo cortes sincrónicos que permitan en el tiempo establecer patrones de comportamiento, cambios sustanciales y estructurales en ecosistemas, en la calidad de los servicios ecosistémicos que prestó, presta o podría prestar.

Y un quinto criterio está definido por la ética ambiental que emerge de la actual coyuntura socio ambiental, elevada y considerada por Enrique Leff y otros, como una profunda crisis civilizatoria en la que se ven comprometidas las racionalidades científicas, economicistas y ambientales sobre las que aún se soporta el actual modelo de desarrollo y las prácticas extractivas que en particular permiten distinguir al caso colombiano.

Con todo lo anterior, y en medio de los dos retos que debe asumir el Estado y la sociedad colombianas, pensar Regiones Sostenibles se erige como una condición necesaria en la que es posible anclar aquello de la sostenibilidad socio ambiental y la consolidación de paz y posconflicto, en un país cuya élite supo aprovecharse de las diferencias regionales (artificiales y naturales), para justificar su incapacidad para liderar la construcción de Nación, y la consolidación de un Estado moderno capaz de copar todo el territorio y erigirse como un orden moralmente superior a sus ciudadanos, a través de la eficacia que le corresponde como símbolo de poder (eficacia simbólica).

Si los criterios aquí planteados se aceptan, la tarea que sigue es hacerlos operacionales en contextos específicos, es decir, en Regiones establecidas “arbitrariamente”, de acuerdo con  unos o varios  problemas a resolver, a analizar o comprender.

 

 

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[1] Doctorado de corte interdisciplinar ofrecido por la Universidad Autónoma de Occidente de Cali.

[2] Especialmente, por la consolidación de una institucionalidad estatal y privada soportada en un ethos mafioso; también por los efectos negativos que dejó un largo conflicto armado interno y las políticas económicas adoptadas en los años 90.

[3] Grupos de paramilitares que sin el liderazgo político de los anteriores líderes de las AUC, actúan para ocupar los territorios dejados por las Farc, hacerse con el negocio del tráfico de drogas y prestar “servicios sicariales” a empresarios del campo y otros agentes, interesados en evitar el resurgimiento de movimientos sociales con vocación de poder. Esto explicaría el asesinato de líderes sociales, reclamantes de tierras, defensores de DDHH y del medio ambiente.

[4] Aunque se trata de un término polisémico, para efectos de este documento, el concepto de Región estará circunscripto a las necesidades del observador-investigador, quien deberá trazar los límites y el tipo de conexiones que se dieron o que se puedan dar entre espacios geográficos, de los que hacen parte el paisaje (invención social), el territorio, las territorialidades, subregiones, lugares y entornos.

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Germán Ayala
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Cursando Doctorado en Regiones Sostenibles.