Otro Nobel de Paz sin paz

El esfuerzo de la ICAN resulta importante por lo que significa, pero difícilmente representa un cambio en la posición de los países.

Opina - Internacionales

2017-10-14

Otro Nobel de Paz sin paz

En octubre del 2016 el Comité Nobel Noruego decidió galardonar a Juan Manuel Santos por sus esfuerzos para la consecución del fin del conflicto armado en Colombia. Por supuesto las críticas llovieron, Santos no había conseguido la paz de Colombia (aún había conflictos por resolver) y se encontraba con un país dividido con respecto al acuerdo final con la otrora guerrilla de las FARC, ¡hasta acusaron al Comité de haber otorgado el reconocimiento a cambio de petróleo!

Un año después el Comité decidió entregar el premio a la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN por sus siglas en inglés) que, a juzgar por las 7.000 ojivas nucleares de Rusia, las 6.800 de Estados Unidos, y, por solo mencionar un caso, las constantes pruebas nucleares de Corea del Norte, tampoco ha conseguido su objetivo primario: el desarme nuclear.

No debe tomarse a la ligera el trabajo de la ICAN; desde su creación en el 2007, sus esfuerzos por concienciar a la ciudadanía sobre los peligros de la posesión y utilización de armamento nuclear han sido inconmensurables. El objetivo primario de esta organización es lograr la prohibición del armamento nuclear en el mundo, y eso se ha materializado en el impulso al Tratado para la Prohibición de Armas Nucleares que se adoptó este año en la ONU. 122 países votaron a favor de su adopción, pero el único de ellos que posee armas nucleares es Irán.

No pretenden adscribirse al tratado Rusia, China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Israel, India, Pakistán, ni Corea del Norte; todos países con armas nucleares o con grandes sospechas sobre su posesión.

Así las cosas, el esfuerzo de la ICAN resulta importante por lo que significa, pero difícilmente representa un cambio en la posición de los países que realmente constituyen una amenaza nuclear para el mundo.

En otras palabras, es significativo que se aúnen esfuerzos para persuadir a los países del mundo a no utilizar armamento nuclear, pero parece ser que ni la pérdida de prestigio ante los ojos de la comunidad internacional, ni las posibles sanciones económicas y diplomáticas a las que se someten los países que deciden iniciar un programa nuclear (que Irán y Corea del Norte han demostrado que de poco sirven) son disuasivos suficientes para llevar a los Estados a deshacerse del armamento nuclear y mucho menos para evitar su adquisición.

De hecho, Corea del Norte fue parte del Tratado de No Proliferación Nuclear hasta el 2003, lo que demuestra que los impedimentos legales no son necesariamente un impedimento realista ante la voluntad estatal.

Dado que las grandes potencias no están dispuestas a quedarse sin la protección que les representa poseer armas nucleares, y que el desarrollo de estas últimas por parte de países “hostiles” es un hecho, el desarme nuclear no es una posibilidad realista al corto plazo. El mundo (literalmente) seguirá a merced de la racionalidad de los dirigentes de estos países, y el peligro de que estalle una guerra nuclear seguirá llenando titulares.

De todas formas, es necesario valorar los esfuerzos de la ICAN y agradecer lo que han logrado a pesar de la impasibilidad de los “países nucleares”. El Comité Nobel Noruego lo entendió así, como también el año pasado cuando galardonó a Juan Manuel Santos, y hace un par de décadas cuando hizo lo propio con Arafat, Peres y Rabin. Por algo se empieza, dirían algunos.

 

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Reynell Badillo Sarmiento
Internacionalista en formación, UniNorteño.