Mientras más artistas haya, el mundo cambiará un poco

Opina - Arte

2017-07-12

Mientras más artistas haya, el mundo cambiará un poco

Me recibió en su taller del barrio San Antonio de la ciudad de Cali. Allí la luz se convierte en una explosión de trazos que salen de algunos de los cuadros colgados en las paredes, o del que espera en el caballete para ser terminado.

Hacia donde uno mire está el sello del artista: una escultura, manchones de color sobre la madera de la mesa en la que nos atendió, unos ojos inmensos nos observan desde la pared y  parecería observan nuestra intromisión en el espacio del pintor.

Más allá dibujos de unos hombres y mujeres uniformados nos recuerdan el momento que vive nuestro país. Por allí una hermosa niña nos sorprende con algo insólito que tiene en sus manos: una granada de las que se usan para la guerra.

Destacan algunas esculturas en el taller,  pero sobre todo, Dalí y Gala, dos hermosos gatos que más tarde,  escucharán  indiferentes nuestra conversación.  

Estoy de visita en el taller del maestro, Oscar Esteban Martínez Nieto, un pintor colombiano, nacido en Pasto, una ciudad en donde los artistas pululan.

No deseo quitarle mucho tiempo y empiezo la charla.

 

Manuel T. Bermúdez (MB): ¿Para qué sirve el arte en este mundo tan banalizado?

Oscar Esteban Martínez (OM): Yo creo que el arte es una expresión del ser humano que se convierte en una ventanita de escape al pensamiento. El arte relaja, permite expresarse de otra forma, la imagen tiene poder, puede servir de denuncia, de consuelo.

Pienso que cuando uno ve una obra de arte conmueve las fibras más sensibles. Estoy convencido de que mientras más artistas haya, el mundo puede cambiar un poco.

(MB): ¿Cómo se encuentra con el mundo del arte?

OM: Creo que el arte nos busca y nos encuentra. Hay hechos que motivan y tal vez yo no me hubiera podido dedicar a otra cosa. Desde que yo aprendí a dibujar, pensé: esto es lo mío, porque la sensación de crear a partir de nada es hermosa. Uno tiene una hoja en blanco  y un lápiz y nada más. Es la mente la que nos dice: copia esto, la naturaleza te muestra cosas, o crea. Lo que plasmas en ese papel es algo que no existía antes.

Esa satisfacción de crear, de tener ese poder, es lo que nos motiva a todos los artistas a trabajar. Eso, es un placer.

(MB): ¿Quién lo induce, qué lo provoca o qué motivaciones tiene para tomar la decisión de  expresarse por medio del arte?

OM: Afortunadamente nací en Pasto, una ciudad privilegiada. Yo creo que allá el arte es plaga. En todos los lados hay artistas y en cualquier casa, si no hay músico,  hay poeta o hay pintor o hay un tallador de madera o un artesano del carnaval.

En mi casa estaba el tío, quien es artesano del carnaval y tallaba madera. Desde muy pequeños, nos ponían a ayudar. Ahí aprendí. Un primo, el maestro, Homero Aguilar, es pintor, otro primo es profesor de artes plásticas en la Universidad de Nariño, Marcos Santacruz; entonces, tenía ese contacto con las expresiones artísticas.

Recuerdo, que desde muy niño mi tío iba donde el maestro, Alfonso Zambrano Payán; toda una eminencia en el arte. Iba a tallar cristos porque mi tío era ayudante allá y yo desde los 8 o 9 años iba al taller y tuve la oportunidad de verlos trabajando y eso, se mete en uno.

Ver, como el maestro Zambrano cogía una gubia y un tronco inmenso y como por arte de magia,  con tres o cuatro gubiasos  que le daba al tronco, empezaban a aparecer las costillas, luego los pies y el rostro, e iba surgiendo el cristo que estaba escondido en ese tronco. Ver ese proceso era para mí magia. Eso me fascinó y pensé: esto tengo que aprenderlo. Eso se mete en uno el bichito y ya sigue por ahí.

(MB): ¿En qué momento hace usted algo que le inspire a otros alguna emoción y que reciba usted, por ello, un comentario elogioso?

OM: Lo primero que hice, creo, fueron unos modelados en arcilla. Mi tío estaba haciendo una carroza y yo hice dos o tres muñequitos y alguien dijo “está muy bien lo que hizo el muchacho, déjalo que haga otras figuras.

Por ahí como que empezó el reconocimiento y pensé: “puedo ser bueno para esto. Aunque no me lo creía del todo porque tenía ejemplos de mi primo, el tío,  y yo no pensaba que iba a ser artista como ellos.

De hecho yo trabaja en otras actividades, era mesero en un hotel de Pasto, pero ante el maltrato de algunas personas que me discriminaban por ser mesero, me dije: “¿yo por qué me aguanto esto sí sé que con arte puedo hacer otras cosas?

Así fue: trabajaba y estudiaba y me fue introduciendo al mundo del arte. Cuando había que hacer dibujos o carteleras los compañeros me pedían a hacerlas “porque vos dibujas mejor”, me decían, lo que me hacía pensar que “algo” tenía que me facilitaba hacer lo que me solicitaban.

Un día decidió estudiar artes, luego de terminado el bachillerato, y se  graduó como Maestro en Artes Plásticas en la Universidad de Nariño.

(MB): ¿Le fue difícil escoger entre la pintura y la escultura?

OM: Desde muy pequeño el volumen me ha fascinado. Yo creo que la escultura hace parte de mí. He guerreado durante años con la escultura, dejando un poco de lado la parte pictórica, y no pintaba sino por encargo.

Fue hace unos tres años, que decidí asumir la pintura como mi profesión. Esto se debió a que cierta vez vino el maestro, Alfredo Araujo Santoyo, a dictar un taller. Cuando el maestro vio mis dibujos me dijo: “pero vos estás perdiendo el tiempo, tomate la pintura en serio, no solamente como la clase que dictas, sino que debes dedicarte en serio a la pintura.

Le respondí que lo mío era la escultura, a lo que me argumento: “Hay veces que en el camino que estamos no es el más correcto, o tenemos que hacer un giro para poder llegar a lo que queremos” y agregó: “en el país es muy difícil abrirse campo como escultor, yo también soy escultor,  pero es con la pintura  que he jalonado la escultura.

Yo he intentado mucho con la escultura. Hice una serie sobre el tiempo, estuve en Bogotá, Medellín y Cartagena, pedí espacios para una exposición individual y en todos lados me alababan la obra, aseguraban que iban a buscar el espacio, espere que le avisamos y nunca llegó ese llamado.

Con la pintura empecé y envié algunas obras para la Feria del Millón y eso me abrió otras puertas, me invitaron a otros sitios. El año anterior estuve en MAI Colombia, luego me invitaron a la Feria de Arte de Bucaramanga, he estado en Medellín;  a Bogotá me han seguido invitando, es decir, con la pintura en estos tres años he hecho más exposiciones que en los 15 que llevo con la escultura.

Pero también la escultura me ha dado satisfacciones muy grandes. He hecho monumentos  públicos  como el Cacique Jamundí, en el parque principal de esa ciudad; en Pasto, en la Plaza del Carnaval, hice un relieve el bronce y me encargué de la fundición de otros cinco.

(MB): ¿Tiene el artista, reconocimiento en nuestro país?

OM: Es difícil, porque se mueven unos círculos muy cerrados. Acá en Cali, desarrolló una obra gráfica en los 70 un grupo de artistas y se jalonaron cosas excelentes. Fue un movimiento que marcó un hito pero que quedó muy reducido a ese  grupo y casi que siempre ellos han estado ahí.

En los últimos años se ha empezado a ver un relevo generacional y han empezado a surgir otras figuras. Pero sigue siendo un grupo muy cerrado. Existía una curaduría de dos o tres personas y si no eran amigos de los que iban a exponer, las puertas estaban cerradas y con lo figurativo había un poco de rechazo pues todo debería ser moderno y conceptual.

(MB): ¿Qué es lo mejor de que le nombren como artista?

OM: Que me llamen artista no me llena tanto. A mí me da gran satisfacción luchar como ser humano: Me gusta más cuando un espectador descubre algo en mi cuadro que lo pone a reflexionar. Cuando veo que el poder de la imagen, que yo he creado, despierta emociones.

Siento que hago más cuando enseño, cuando comparto lo que sé y que otras personas empiezan a motivarse por el arte y a encaminar su vida por ahí. Pienso que el arte puede cambiar el mundo de alguna forma. La gente que gusta del arte es más sensible y la gente sensible no es bélica. Quien crea no siente la necesidad de destruir porque el ser humano, o construye o destruye. Si yo le enseño a más gente a crear habrá menos seres humanos destruyendo el mundo. Si uno logra esto como artista estará cambiando un poco el mundo para bien de todos.

(MB): He visto en su taller algunas pinturas que tienen que ver con la guerra… cuéntenos un poco de ellas

OM: Si, el conflicto armado en Colombia está pasando por un momento histórico y nosotros como artista también lo estamos viviendo y no podemos ser ajenos a este proceso que se está dando.

Desde mis lecturas, desde mi óptica sobre la sociedad, yo testimonio con mi obra estos momentos. Algunos dibujos de guerrilleros pensativos que parece que se desdibujan, significan el cambio, el proceso, la transformación. Es como la inquietud de ¿qué vamos a hacer ahora, que va a suceder a futuro? Hay incertidumbre de ambos lados: de los protagonistas del conflicto y de la sociedad civil.

¿Cómo vamos a darle cabida a ellos; cómo vamos a limar asperezas; cómo van a ser recompensadas las víctimas; cómo vamos a perdonar? Son una serie de interrogantes y nosotros como artistas y testigos de éste momento histórico debemos llevarlo a nuestras obras y por medio de ellas testificar este momento histórico que estamos viviendo.

(MB): ¿Cómo cocina su arte: en silencio, con música?

OM: Con música. Soy un poco roquero. Me gusta tanto en inglés como en español. Me gusta también lo clásico. Hay en este momento un violinista que me gusta  mucho y se llama David Garrett, que retoma de todas las músicas: Mozart, Paganini etc. Me gusta trabajar con música porque produce especiales sensaciones, por ejemplo, uno está frente a un lienzo y empieza a manchar, la música cumple un papel especial en las emociones.

(MB): ¿Qué lo pone triste?

OM: La desigualdad, los malos manejos, la situación del país, lo que está sucediendo en Venezuela. Ver cómo nos tiene la corrupción, la crisis que no queremos ver que vive nuestro país en lo referente a la salud, al estudio para muchos niños, cosas de ese tipo me entristecen.

(MB): ¿Y, que lo alegra?

OM: La vida, la sonrisa de los niños, los paisajes, la naturaleza, salir a observar la vida, caminar, ver que a pesar de tanto caos, hay gente muy feliz.

(MB): ¿Con Dios o sin dioses?

OM: Creo en una fuerza superior. Los físicos, los científicos, se han metido muy adentro de las más mínimas partículas de la materia y encontraron una energía que no se puede explicar. Hay un algo que los científicos no han descifrado y yo creo que esa es la energía del universo, poder divino, Dios, como lo queramos llamar, pero hay una energía, que creo, es la que nos mueve a todos.

(MB): ¿Qué piensa del amor y como lo testimonia?

OM: El amor es un estado emocional que llega en algún momento y nos cambia la vida, nos daña la razón, aunque luchemos por ser racionales, pero el amor es un estado irracional que hace que compartamos la vida con otra persona para bien o para mal, armamos una familia, llegan los hijos que creo, son el amor verdadero, lo testimonio con una hija de 13 años que tengo y amo.

(MB): ¿Qué reflexión le produce a usted el arte?

OM: El arte es la más bella expresión del ser humano que se basa en la sensibilidad, la observación, las emociones, y que busca transmitir un mensaje a la humanidad.

 

 

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Manuel Tiberio Bermúdez