Los presidenciables: Alejandro Ordóñez

Opina - Política

2017-03-22

Los presidenciables: Alejandro Ordóñez

La candidatura presidencial de Ordóñez Maldonado da cuenta de la enorme confusión moral y ética en la que deviene la sociedad colombiana. Ese desconcierto y desorientación moral y ética de los colombianos tiene un fuerte anclaje en el fanatismo religioso de Ordóñez Maldonado y de aquellas sectas y comunidades religiosas, como la que lidera el Pastor Arrázola (Ríos de Vida), que lo acompañaron en su campaña plebiscitaria por el NO, para rechazar la supuesta ideología de género que se promovía en el Acuerdo Final (II) de La Habana.

La confusión moral y ética de los colombianos guarda relación con las actuaciones de Ordóñez Maldonado como Procurador[1] General de la Nación. Como Jefe del Ministerio Público, Alejandro Ordóñez violó la Constitución Política y de esa forma se hizo reelegir de manera espuria. Pero los actos violatorios en los que incurrió Ordóñez no constituyen argumentos legales, y mucho menos morales y/o éticos, para quienes respaldan su candidatura presidencial por cuanto ven al ex Procurador como un líder religioso capaz de devolverle al país la decencia.

Y la defensa de “la decencia y las buenas costumbres”, propia de los Conservadores y de los sectores más godos del país, implicará desconocer los derechos de la comunidad LGTBI y reversar los avances constitucionales que hemos dado como Estado y sociedad en temas como la despenalización del aborto, el matrimonio igualitario, la ampliación del concepto de familia y la eutanasia, entre otros.

Por ese camino, la candidatura presidencial de Ordóñez Maldonado tiene desde ya visos religiosos que muy seguramente llevarán al país a fuertes enfrentamientos entre quienes le apuestan desde el Estado a construir una institucionalidad de carácter liberal y a quienes como Ordóñez, desde la Procuraduría General de la Nación,  persiguió a impíos y desconoció los derechos de la comunidad LGTBI y los de las mujeres. Todo lo anterior enmarcado en su enorme obsesión: hacer de Colombia un Estado confesional.

Alejandro Ordóñez Maldonado buscará la Presidencia de Colombia para echar para atrás la Carta Política de 1991 y devolvernos al contexto en el que operó la Constitución de 1886, conservadora y violenta, especialmente en materia de reconocimiento de derechos a las minorías étnicas y sexuales.

Y en materia de Paz, para desconocer lo acordado en La Habana y refrendado en el Congreso y por supuesto, para torpedear el proceso de implementación de los compromisos adquiridos por el Estado cuando el Jefe de Estado firmó en el teatro Colón el Acuerdo de Paz con las Farc. No podemos olvidar su simpatía y cercanía ideológica con el fenómeno Paramilitar. Los detractores y enemigos de la Paz tienen desde ya en Ordóñez Maldonado el candidato que recogerá sus odios y resquemores y por supuesto, su oposición a que el país haga el tránsito de la guerra, a la paz.

Imagen cortesía de: El Nuevo Herald

Su fanatismo religioso, su doble moral y el poder clientelar que exhibió como Procurador General de la Nación, configuran un enorme atractivo político-electoral para aquellos sectores de poder tradicional que han coadyuvado a la consolidación del clientelismo como una institución social y política que tiene un enorme arraigo cultural.

Su poder clientelar[2] puso a prueba al Consejo de Estado que de manera tardía falló en su contra, al revisar las demandas de juristas y ciudadanos por su espuria reelección como Procurador. Al final, este ladino ex funcionario fue expulsado de la Procuraduría por haber violado el artículo 126 de la Constitución Política de Colombia.

Que la Asamblea Departamental de Antioquia haya intentado condecorar a Ordóñez Maldonado como hijo adoptivo de Antioquia y a entregarle la orden a la antioqueñidad[3], constituye un ejemplo claro de la  confusión moral y ética en la que vive la sociedad colombiana. Y el mensaje es claro: no importa que se viole la ley y la Constitución Política si quien lo haga está comprometido de tiempo atrás con la defensa de la ideología conservadora y las “buenas costumbres”. Es decir, la salvaguardia, a dentelladas si es necesario, de la Familia tradicional: Hombre, Mujer e Hijos.

 

[1] Véase: http://viva.org.co/cajavirtual/svc0511/pdfs/Articulo408_511.pdf

[2] Véase: http://laotratribuna1.blogspot.com.co/2016/07/del-ahogado-el-sombrero.html

[3] Véase: http://caracol.com.co/emisora/2017/03/21/medellin/1490051628_056130.html

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Germán Ayala
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Cursando Doctorado en Regiones Sostenibles.