Los heterosexuales también son promiscuos

Opina - Sexualidad

2015-07-17

Los heterosexuales también son promiscuos

Hablaba hace poco con una señora que tenía como argumento para oponerse a la adopción igualitaria el libertinaje y la alta promiscuidad que vive la comunidad LGTBI. Con mucha moralidad me fue diciendo que era mejor mantener a los niños alejados de ambientes tan insalubres y perjudiciales para el desarrollo de los menores.

“Tanto vicio, orgías, alboroto y gritería no son un ejemplo positivo para nadie”, me comentaba indignada, con la mano en el pecho y cara de asombro absoluto.

Yo, humildemente, le pregunté: “¿y qué hay de esos señores que gustan de visitar el Parque Berrío (Medellín) o el de Lourdes (Bogotá) para contratar los servicios de niños y jóvenes que se venden por unos pesos? ¿o de los que buscan niñas vírgenes para ‘desflorarlas’ y sentirse más machos. Además, ¿usted sabe que la promiscuidad en los esposos es la causa principal de que los casos de VIH estén dándose cada vez más en amas de casa devotas al hogar y la familia?”

Antes de que pudiera seguir hablando con ella, o mejor preguntarle ya que parecía más seguro, empezó a refunfuñar y se fue. Me quedé con la palabra en la boca y con la tristeza acumulada ante el atraso y la ceguera con la que nos toca convivir. Así que con permisito me riego aquí.

Primero que todo, la promiscuidad no es una condición propia de los homosexuales, es una práctica sexual originada, comúnmente, por una paupérrima educación sexual a temprana edad, llena de tabúes, de temas prohibidos, de cachetes rojos y vergüenza ante términos como: pene, vagina, penetración e incluso planificación. Hecho que ocasiona el crecimiento de personas reprimidas, con dudas, con temores, que no se sienten valorados sino cuando muchos quieren acostarse con ellos.

Es normal que un niño sienta curiosidad, pero es mejor explicar en términos apropiados a que averigüen en San Google o aprendan de la experiencia de sus amiguitos mayores. Ya si esa criatura crece y se define como homo, hetero, Inter, bi o transexual es otro asunto.

No podemos permitir que la gente siga encasillando comportamientos según la orientación sexual de los demás. Si bien estudios del Insituto Kensey apuntan que “el hombre en sí es igualmente promiscuo sea cual sea su orientación sexual, y que el único rasgo distintivo que facilitaba en cierto modo la mayor cantidad de amantes ocasionales y esporádicos entre los homosexuales, se debía únicamente al hecho de que es más fácil encontrar otros hombres disponibles que mujeres dispuestas”. Yo no diría que haya menos mujeres dispuestas, sino que son más reservadas.

Esta sociedad castiga severamente a las mujeres que tienen más de una pareja sexual, porque al parecer son lacras que se han alejado del camino del bien, del fin de la sociedad que las crió para que ellas a su vez críen su familia, no para que ande por ahí jugando con ese órgano reproductor, que derecho a placer poco tiene.

Aquí estamos hablando de decisiones. A todos se nos presenta la oportunidad de un desliz, de acostarnos con múltiples personas o de tener encuentros ocasionales con desconocidos; ya cada cual verá qué hacer con su sexualidad y cómo cuidar su cuerpo y el de su pareja estable -de tenerla-.

Así como hay homosexuales que disfrutan de emborracharse hasta perder la conciencia, drogarse hasta voltear la pupila y acostarse con todo el que le dé chance, también hay heterosexuales que cada fin de semana, religiosamente, están buscando a quién ‘comerse’ y qué hay por ahí para ‘meterse’ para llevar la fiesta en paz. La promiscuidad, como la drogadicción, es un comportamiento propio de la humanidad misma.

sexpromiscuidadLa gente es feliz haciéndose la boba con los problemas que le suben pierna arriba, y dichosa criticando lo que hacen o no los demás, sin detenerse a mirar qué tan cerca está de pasar por tal situación. Y es que lejos de recaer en lo mismo, que el alcoholismo y el maltrato intrafamiliar de las parejas hetero, hay que recalcar que son situaciones que puede vivir cualquier ser humano.

Hay que dejar de ver al amigo hétero que se come a la que quiere como el ‘galán’ del barrio, el ejemplo a seguir. Eso también es promiscuidad, y seguimos aceptándolo socialmente, postergando la imagen del macho alfa y su dominio sobre la manada.

Para concluir, quiero decir que el amor es un sentimiento que todos podemos cultivar y compartir, y no veo cómo una pareja heterosexual tenga más capacidades para brindarle amor a una criatura que lo necesita. Para educar, criar, alimentar y amar a otra persona no hay que ser nada más que humano.

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Ian Schnaida
Periodista, docente, director de conlaOrejaRoja.com