Listos los acuerdos, solo falta incumplirlos

Opina - Educación

2017-06-17

Listos los acuerdos, solo falta incumplirlos

Colombia es un país cíclico, que se repite incesantemente incapaz de sorprenderse a sí mismo, carente de la solvencia necesaria para reinventarse. Como decían las abuelas, no cogemos escarmiento con nada y convertimos nuestra historia de antaño en esa incorregible sensación de lugar común que se ha vuelto paisaje.

La noticia de las últimas horas es el levantamiento del paro de maestros que mantuvo fuera de las aulas de clase a más de ocho millones de niños de todo el país por 37 días, durante los cuales más de 300.000 profesores bloquearon las principales vías de las ciudades más importantes del país, en procura de mejoras en sus salarios y condiciones de trabajo.

Después de 37 largos días de cese de actividades y marchas por todo el país, encontramos que el paro resultó tan necesario en tiempos de posconflicto, dada la importancia que tiene y tendrá el sistema educativo en los años que tardará la sociedad civil en asimilar este tránsito tan anhelado pero no menos dispendioso entre la guerra y la paz.

Lo que pedían los maestros no era capricho ni mucho menos letra menuda: lo que exige, no solo el magisterio sino la sociedad toda, es un real empoderamiento y el otorgamiento de una posición de los docentes en los lugares de más relevancia de la estructura social.

Después de la presión del paro, el gobierno central, a regañadientes tuvo que ceder y conceder varios puntos exigidos en los pliegos de peticiones del magisterio, con lo cual se dio la orden del levantamiento del paro. Pero después de la efervescencia del momento y la alegría de saber culminado el viacrucis, quedan muchos interrogantes que no resuelven los acuerdos.

Decíamos que Colombia es un país cíclico. Quiere decir esto que no es la primera vez que nos vemos enfrentados a este tipo de situaciones, y lamentablemente no será la última. Seguramente en algunos meses el magisterio levantará su voz de nuevo, denunciando los incumplimientos del gobierno de cara a los acuerdos. Alegará que los puntos pactados en los acuerdos han sido irrespetados y que las palabras ofrecidas por el gobierno se las llevó el viento. Será un nuevo deja vu de nuestra historia que nos empeñamos en repetir una y otra vez hasta la saciedad.

En plena época preelectoral, en momentos en que el país político está más caldeado que nunca y la polarización se toma campante las calles del país, los políticos de turno, y los que hacen fila haciéndose agua la boca por gobernarnos, son capaces de prometer el oro y el moro con tal de encontrar la carroña de la cual se han alimentado desde siempre.

Prometerán y dirán todo lo que saben que la opinión pública, los sindicatos, los medios de comunicación y la sociedad entera quiere escuchar. Prometerán cambios sustantivos y aseguraran la no repetición de sus “pecados”, cual marido infiel rogando por una nueva oportunidad a instancias de su esposa incrédula y resentida.

Le lanzaran sus migajas a la galería expectante mientras se enfría el tema y mientras se estalla un nuevo escándalo, y los reflectores apunten hacia otro lado. Pero después de esto la historia se repetirá de manera indefectible, como lo ha hecho desde siempre, como lo seguirá haciendo.

Imagen cortesía de: El Tiempo

¿Cuántas veces en los últimos años hemos tenido esta sensación de lugar común? ¿Cuántas veces en las últimas décadas hemos enfrentado paros del magisterio desgastantes pero a la vez tan necesarios para la construcción de sociedad? Pero también ¿Cuántas veces los paros han terminado con el mismo alborozo y júbilo que vivimos en la tarde de este 16 de junio?

Siempre han terminado de la misma manera y con la misma sonrisa y sensación del deber cumplido, pero no tenemos razón para pensar que esta sea la excepción y que esta vez sí serán cumplidos al pie de la letra los acuerdos. Porque la historia a fuerza de ser tan repetitiva nos vuelve escépticos. Porque somos la sociedad que siempre tropieza con la misma piedra, y como sabiamente decían las abuelas, no cogemos escarmiento con nada.

Se viene el año electoral y en él, los políticos rapaces mostraran sus colmillos y harán fiestas con el hambre de los pobres. Ya me parece escuchar a los “vargaslleras” y a los “ordóñez” y a los que “ponga Uribe” rifando y prometiendo dádivas y mejoras para todos sus ciegos votantes de turno. Y una vez en el poder, en el curubito de su propio frenesí, se olvidarán de aquellos que con su hambre los ayudaron a alcanzar su cometido. Se olvidaran de los sindicatos y no tendrán el valor de honrar su palabra empeñada.

Porque así ha sido siempre. Porque las mejoras que hoy exigía con razón el magisterio, han sido las exigencias de siempre. Y las respuestas del estado han sido también las mismas promesas de siempre. Y los incumplimientos, escondidos detrás de las eternas excusas de siempre, aparecerán cínicos y campantes repitiendo la misma historia de las últimas décadas.

Este es uno de esos casos en los que me gustaría en lo personal estar equivocado, y en el futuro poder dar cuenta de unas reales mejoras en las condiciones laborales y salariales de los maestros, y que de una vez por todas les sea otorgado el lugar preponderante que se merecen en la sociedad. Pero por lo pronto, habrá que estar vigilantes y no conformarnos con saber que el paro ha sido levantado y hacer de cuenta que nada ha pasado. No sea que en unos meses una vez más tropecemos con la misma piedra.

 

 

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Mauricio Pérez Moreno
Defensor de la educación como único método confiable para la resolución de nuestros conflictos sociales. Amante de los libros de historia y adicto a los cubos Rubik. Treinta y cinco años tratando de entender a Colombia sin mucho éxito. Convencido de que La Verdad, aunque se halle escondida debajo de las piedras, nos hará verdaderamente libres.