Las otras ‘retractaciones’ del Uribismo

Opina - Política

2017-08-06

Las otras ‘retractaciones’ del Uribismo

No es la primera vez que los miembros del Centro Democrático a través de redes sociales tienen disputas salidas de tono por lo cual han tenido que dar la cara, deshacer el camino y quitar lo dicho.

Sin embargo con lo ocurrido ayer, algunos analistas y penalistas del país no lo califican como retractación de Uribe a Daniel Samper, pues esta, como tal, no obedece a una rectificación, ya que no está dando cumplimiento de la sentencia que ordena al expresidente retractarse en todos los medios de comunicación por los que fueron hechos los señalamientos; además, —junto con la retractación debe existir un acto de voluntariedad por parte de quien cometió la falta ya que con está acusación ha faltado a la moralidad de la otra persona—, asegura el abogado Hugo Quintero.

Por su parte, el periodista Daniel Samper Ospina aceptó la disculpa “muy a su manera” del expresidente, y expresó que lo reconforta saber que la justicia obligó al senador Uribe a rectificar las temerarias sindicaciones que hizo sin ninguna prueba de delitos repugnantes que jamás cometería.

El Senador Uribe también ha sido protagonista de otros errores, llamados de atención y rectificaciones que han dejado su discurso plagado de cuestionamientos.

Otro capítulo similar ocurrió el 29 de julio del 2016, cuando debió retractarse con Hollman Morris, exgerente de Canal Capital en la Administración Petro, tras haber mencionado que dicho medio en manos de Morris era “afecto a los intereses del terrorismo”.

La disculpa rezó así: “Hollman Morris me ha manifestado el día de hoy que no hace parte, ni ha hecho apología del terrorismo. Se lo creo, y si lo he dicho, lo rectifico”.

En junio, Daniel Coronell también interpuso tutela contra el Senador ya que Uribe había acusado al periodista de tener vínculos con el condenado por lavado de activos, César Villegas, alias ‘Bandi’ y con el narcotraficante Justo Pastor Perafán.

Si bien dicha acción fue negada, el alto tribunal le llamó la atención al expresidente: “El lenguaje agresivo es una manifestación de violencia. Y usado por un líder político en cualquiera de las redes sociales puede llegar a ser identificado por alguno de sus seguidores como una invitación o, por lo menos, como una autorización velada, al uso de la violencia física contra el destinatario del trino o del discurso descalificador”.

Otra de las retractaciones más recordadas del expresidente para evitar juicio y prisión fue cuando se mintió al decir que se encontraba en reunión con las madres de Soacha, donde cito: “varias me expresaron que sus hijos estaban infortunadamente involucrados en actividades ilegales, lo cual no es excusa para asesinarlos, pero la hipótesis no fue examinada por la justicia”.

Por otro lado, al momento de la obligada rectificación dijo: “Acepto retractarme del mensaje de Twitter de 25 de junio de 2015, y de las palabras que lo antecedieron y que pronuncié como Presidente de la República. Acepto que este tuit ofende a las Madres de Soacha y afecta la memoria de sus hijos asesinados. Me retracto además porque lo que escribí no me consta en nada diferente a lo que escuché”.

Otra polémica ‘retractación’ reciente del CD fue la de Maria Del Rosario Guerra, quien tras decir que Santos sentaría en primera fila del desfile militar del 20 de Julio a Rodrigo Londoño ‘Timochenko’, expresó: “Rectifico esta información que no es cierta. Pero con todo lo que le han entregado a las Farc, nada de raro que hubiera sido verdad…” Una disculpa que en redes sociales se prestó más para la burla y la contracrítica que para finiquitar lo dicho.

Jose Obdulio Gaviria ha sido otro cercano al expresidente que ha tenido que retractarse por faltar a la verdad. Su caso más recordado es quizá cuando profirió calumnias agravadas contra los sindicatos laborales del país al relacionarlos extrechamente con la guerrilla y el terrorismo en la página de la Presidencia de la República de su entonces asesorado Álvaro Uribe Vélez y en dos diarios de circulación nacional.

Jose Obdulio esperó hasta el último momento, cuando ya había llegado la hora de entrar a juicio, para ofrecer disculpas publicas y poder cerrar la acción penal en su contra.

Más recientemente, durante el episodio del autoataque del subsecretario del Senado, Saúl Cruz, el congresista uribista dijo: “Los senadores hemos tenido, casi todos, las más graves agresiones por parte del noticiero Noticias Uno, lo que pasa es que hasta ahora la agresión era moral, ahora saltan a la agresión física a un dignatario de esta corporación. Esto es, señor presidente, inaceptable, y tiene que haber alguna medida administrativa que impida la presencia para siempre de los individuos que atacaron al señor secretario de la República”.

Tras confirmarse la verdad de lo ocurrido, el senador expresó en un comunicado: “Asumí que era un hecho cierto, porque me consta que ese noticiero es una escuela de agresiones morales; y es muy fácil pasar a agredir físicamente cuando se acostumbra agredir moralmente”.

Por otro lado, Fernando Londoño, el exministro del Interior y Justicia y actual miembro directivo del partido Centro Democrático también ha tenido lo suyo en materia de injuria y calumnia.

En 2009, Fernando Londoño y William Calderón en su programa radial dijeron en reiteradas ocasiones que Sandra Castro, Coordinadora de la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía, era supuestamente abogada del exparamilitar ‘Ernesto Báez’.

Tras iniciar un proceso legal en contra de ambos locutores, se lograron 7 rectificaciones a dicha información manifestadas al aire, lo que según el abogado defensor Jaime Lombana, habría configurado la suficiente enmienda al daño ocasionado. Por su parte el juez encargado cerró el proceso.

Hay más casos por contar y otros por resolver; pero lo cierto es que en plena campaña electoral el uribismo pareciera que prefiere dar un golpe de opinión ámpliamente mediático y luego disculparse con rapidez y superficialidad, apelando al recurso del escándalo y de la desinformación para poder pescar nuevamente en río revuelto.

Germán Lopez