La triste política del Magdalena

Opina - Política

2017-03-22

La triste política del Magdalena

El pasado 5 de Marzo el ex alcalde de Santa Marta Carlos Caicedo y el papá del Ex gobernador del Magdalena Luis Miguel Cotes protagonizaron una escena lamentable en un restaurante del corregimiento de Minca (Ver noticia), donde se gritaron improperios y estuvieron a punto de irse a los golpes. De acuerdo a las declaraciones del abogado del papá del ex gobernador hubo provocaciones por parte del ex alcalde y por el otro lado, Carlos Caicedo manifestó haber sido víctima de una amenaza con arma de fuego, luego de este bochornoso hecho, es indispensable proponer un debate sobre el ejercicio de lo político en el Departamento.

Es irreductible que las élites opuestas disputen el poder, se trata de una apuesta que genera antagonismos en el “juego” por obtener poder político para encontrar mejores formas que generen la construcción de un modelo de gobierno viable y digno para las mayorías. El conflicto (entre adversarios políticos) es a lo político como la sangre al corazón. Sin embargo, de los antagonismos jamás deberían erigirse enemigos; un enemigo busca la eliminación del otro, al eliminar al otro, elimina la esencia de lo político que en últimas es el debate, la palabra y las acciones para generar consensos sin anular las disputas propias que finalmente nutren lo político, es un circulo virtuoso que terminaría de ser transparente y cabal, una herramienta para avanzar.

Se trata de disputas que no reconocen la existencia del otro, que buscan la anulación completa de la opinión y posturas del otro como medio para llegar al poder o mantenerlo, los antagonismos se reducen a amenazas. Permítanme decirles: ¡eso no es un digno ejercicio político! El miedo rampante de enfrentarse al escenario público a contra argumentar a través de la palabra, a debatir posturas, a sentirse cuestionados en el ejercicio de su actividad política, imposibilita que se puedan erigir cambios sociales desde nuevas y transformadoras apuestas políticas. Anular la posibilidad de debatir posturas, acciones, modelos, no es política, es actuar en la lógica de mafias que buscan mantener una estructura que les permita poder económico para usurpar lo público.

El ejemplo más claro de cómo la anulación del otro ha sido el centro en el ejercicio de lo que “la dirigencia política departamental” llama: lo político en el Magdalena fue la elección de Trino Luna Correa: Candidato único a la gobernación del Magdalena, luego de que grupos paramilitares declararan objetivo militar a quien inscribiera otra candidatura a la Gobernación del Magdalena o no apoyara la elección de Trino Luna (Sentencia condenatoria contra Trino Luna Correa Proceso No. 2007-104 por concierto de paramilitares, Bogotá D.C. octubre cinco (5) de dos mil siete (2007)).

Las presiones a través de la contratación, funcionarios sin pensamiento crítico autónomo, y la anulación del pensamiento crítico de la ciudadanía en general para mantenerse en el poder es otra de las formas de anular el debate político en el Magdalena; estas han sido y siguen siendo prácticas propias de grupos mafiosos para controlar y detentar el poder sin cuestionamientos. La imposibilidad de expresar una opinión contraria a la de la dirigencia anula todo ejercicio de lo que se pretende mostrar como político.

Si bien toda democracia necesita de visiones y posturas encontradas, en el Magdalena éstas son reducidas a un “matoneo” constante sin ningún asidero político. La ausencia de debates que permitan el surgimiento de nuevos liderazgos, necesarios para la profundización de la democracia ha permitido que familias y grupos económicos con poder político mantengan el statu quo en ésta mal llamada “política”, una talanquera para cualquier intento de transformación o cambio.

La muestra de la ausencia de debate está en la reducción de la política a sólo un escenario de la misma: la política electoral. Y aun reconociendo que se ha reducido a la mínima parte que corresponde a lo electoral, ni siquiera en la coyuntura electoral se ha permitido generar un debate que abra la posibilidad de discutir lo que no está bien, lo que debe cambiar, lo que debe decirse, lo que debe transformarse. Otros ejemplos como el del ex gobernador Luis Miguel Cotes Habeych, quien recorrió el departamento con un acordeón como eje central de su discurso y Rosa Cotes de Zúñiga (Tía del ex gobernador y actual gobernadora del Magdalena) se negó asistir a debates en época electoral. Sólo por mencionar algunos.

No sería sorpresa que me tildaran ahora de “Caicedista”, precisamente porque a eso se ha reducido la confrontación política hoy, a una presión polarizadora que nos pone entre la espada y la pared, a una visión reducida de la necesidad de ser de un lado o del otro, como si no se pudiera hablar de lo político sin tener un “jefe político”. En el caso contrario, al exponer posturas antagónicas a la gestión distrital me tildarían de cercana a la administración departamental actual. ¡Es absurdo, pobre y simplista reducir lo político a tan poco!

Pero, esta es la herencia de un país presionado a la polarización, con la diferencia que afortunadamente el debate de país ha comenzado a emerger (sin balas y sangre) y el ambiente de surgimiento de nuevas apuestas es un aire, un respiro esperanzador. Permítanme decirles que tengo diferencias en cuanto a la priorización que ha hecho la administración distrital del gasto, además como muchos samarios aún espero la culminación de las obras de los puestos de salud, biblioteca y me niego a aceptar que exista un “parque del agua” en una ciudad sin agua, también me ha parecido absurdo secar un humedal para construir el “gran parque”, ¡la ciudad del arboricidio, hoy está secando un humedal!, pero eso es otro tema, es legítimo y valido tener diferencias y posiciones opuestas en cuanto a la gestión administrativa de la ciudad, posiciones encontradas, visiones opuestas que no deberían ponernos en un debate tan pobre como en el que están cayendo los dirigentes políticos del Departamento.

Lo político en el Departamento está desdibujado, un escenario gris donde sólo se asoman las caras de la tradicionalidad para confrontar no posiciones sino para deslegitimar el acto legítimo de contraponer posturas.

Es preciso señalar que matar el germen de esa política dañina, es quizá la más atrevida de las utopías; pero es inaplazable el surgimiento de un debate coherente, debido a que el momento actual del país nos despoja de la confrontación de las armas en el ejercicio de la política y nos pone a la palabra en el centro y es allí donde es determinante el poder de la ciudadanía.

Que se pueda constituir invocando a la participación, esa ciudadanía inmóvil que tal vez por desesperanza o desconfianza no se ha atrevido a participar de una gran discusión, la discusión del camino que debemos seguir para avanzar y la palabra transparente y veraz será el puente generador de nuevos caminos.

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Maria José Navarro