La pobreza es de la mayoría

Opina - Economía

2017-07-10

La pobreza es de la mayoría

No es una novedad que la pobreza es en cierto modo una forma de vida estable y permanente en nuestra nación y que consciente o inconscientemente la hemos convertido en patrimonio inmaterial ya que está presente en cualquier rincón del país. Es más, creo que para colmo de males faltaría un día donde se conmemore la pobreza con globos, orquestas, baile y trago.

Sabemos que para que haya pobreza se necesita el otro lado de la moneda con el cual comparar, es decir, gente que posea recursos económicos para satisfacer sus necesidades y se dignifiquen sus derechos humanos con acceso a salud, educación, vivienda y trabajo.

Sin embargo, a grandes rasgos y sin tener la necesidad de acudir a organismos de control se puede ver que no es así. En la clase media y baja se presentan condiciones que no son muy favorables ya que: la educación se dedicó a generar cantidad y no calidad, la atención en salud en algunos años va tocar con derecho de petición para que presten el servicio, las viviendas cada vez son más pequeñas, caras y rozando las nubes y las ofertas laborales pobres con pagos insuficientes, sin garantías de permanencia y muchas veces con exclusión de instituciones educativas.

Entonces no me imagino con los pobres que viven en situaciones precarias y fuera de los cascos urbanos como es la situación al compararla con esferas sociales más altas. ¡Jodido!

Si lo vemos de ese modo hay características de orden social, económico y psicológico que se describen dentro de la pobreza que se comparten con el resto de sociedad, pero con agravantes más notorios en los pueblos, zonas rurales y hasta dentro de las grandes ciudades que ayudan a hacer una distinción claramente definida.

Creo que hemos llegado a un momento donde la brecha de inequidad ha disminuido, pero no en aspectos positivos sino al lado de la marginalidad y precariedad. Es más fácil el empobrecimiento y la falta de dignificación de derechos que el mejoramiento continuo de una sociedad que fácilmente vive de desesperanza por la falta de garantías.

El DANE nos arroja unas estadísticas que a ojos comunes son poco entendibles y no ayudan a ampliar el panorama de entendimiento y mejoramiento de la pobreza y donde lo dividen en dos condiciones (Monetaria y Multidimensional). Esto a grandes rasgos muestra que no hay cambios significativos en ninguna de las dos condiciones, lo que quiere decir que sigue la pobreza.

Lo anterior no sirve de nada ya que solo son números y cifras que en cierta medida dejan a un lado el fenómeno de la pobreza; vemos que se va acercando a pasos agigantados a medida que avanzan los años e indirectamente vivimos en condiciones que antes no nos tocaba y es cuando llegamos a preocuparnos y a decir que la situación está jodida.

Los sueldos son más bajos y los precios siguen subiendo hasta niveles donde ya un salario promedio no alcanza para satisfacer las necesidades; muchos viven en arriendos donde los pagos equivalen a casi un salario del ingreso mensual de una persona; hay deudas en los bancos debido a los créditos de educación y otros añadidos; muchas veces trabajan en lo que no estudiaron y cuando se enferman la EPS los ignora y deja una cita para dos semanas o un mes después cuando prácticamente ya no sirve para nada.

Esto se ve reflejado sin necesidad de tener un Doctorado o un Magister en estudios sociales y culturales. Da tristeza que los que vivimos en el medio caminamos sobre una cuerda floja que en cualquier momento se rompe y cuando nos caemos contra el suelo no da oportunidad de levantarnos o simplemente seguimos y llegamos al otro lado sudorosos, con miedos acumulados y temblores constantes y al mirar atrás ya ha pasado toda una vida que no se disfrutó por estar luchando contra la marginalidad y el empobrecimiento esperando una pensión que posiblemente no va a llegar.

Los que están del otro lado no les importa mucho, por un lado, la desesperanza y la costumbre de no tener y de vivir el día donde el dinero se hace intangible y difícil de alcanzar hasta que pierde el sentido de importancia y se convierte en un trueque de favores donde una libra de carne cuesta un favor; la educación se convierte en un lujo innecesario y para curar males prefieren medicina alternativa ya que no hay acceso a servicios de salud.

Y en el otro lado los que rebozan de lo exagerado y no les alcanzaría dos vidas para gastar lo que tienen y al poseer tanto dinero tienen que llenar las carteras con tarjetas de distintos bancos para no cargar con ese peso efectivo; la educación es por fuera del país porque saben que acá es deficiente y el acceso a salud está confiado a los mejores especialistas que están disponibles 24/7. Con esto no quiero seguir aumentando los prejuicios, pero es una realidad fría donde la inequidad se hace presente a su máximo esplendor.

Se sabe a ciencia cierta que se deben tomar cartas en el asunto, pero son más palabras que acciones, la corrupción la politiquería y las alianzas monárquicas han permitido que la brecha anteriormente nombrada se expanda como fuego al metal.

Casos comunes donde se desvían los recursos destinados al mejoramiento continuo de tecnologías, infraestructura y hasta para mejorar las condiciones laborales con pagos más justos de sueldos a empleados, se quedan en los bolsillos de algunos pocos o muchos porque si ya cayó el fiscal anticorrupción por corrupción que más se puede esperar.

Soluciones hay desde las más radicales hasta las más sencillas; creo que lo primero que se debe hacer es aprender que como ciudadanos tenemos el derecho y la obligación de ser activos políticamente y a elegir bien a nuestros representantes, pero teniendo cuidado con otro fenómeno muy reciente de difuminación de información por medios electrónicos que lo que permite es la confusión de la mayoría al no saber en qué creer, por tantas cosas que se dicen diariamente.

Otra manera es disminuir la monarquía que hay en el poder ya que cuando escuchamos los apellidos más representativos da la impresión de ser sinónimos de dinero; y no hacerles venias benditas a aquellos que escogemos ya que el imaginario es que el Doctor fulanito de tal puede hacer y acontecer por el simple hecho de pertenecer a la política.

Nosotros siendo mayoría los que estamos en la mitad tenemos la obligación de ayudar a los que no pueden diferenciar estas condiciones y llegar a los rincones más escondidos de la nación no de forma presencial sino de forma simbólica con representantes justos, honestos, con las capacidades adecuadas para ejercer cargos y con métodos de supervisión y evaluación continuos que denoten avances y mejoramiento de la calidad de vida de la población.

Puede ser que suene a utopía, pero la clave está en la colectividad, en dejar de pensar en mí como ser único y que dejemos el imaginario, primero yo, segundo yo y tercero yo, creo que ese dicho se quedó muy arraigado en varias mentes corruptas de nuestro país. Hay que tomar el ejemplo de cómo lo dijo Muhammad Ali en uno de sus discursos de forma potente e inquebrantable “Yo, Nosotros.”

 

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Ricardo Rodriguez
Psicólogo de la Universidad El Bosque. Experiencia en intervención psicosocial a población consumidora de sustancias psicoactivas y discapacidad cognitiva. Actualmente liderando y apoyando procesos de educación para la paz en la ciudad de Zipaquirá (Cundinamarca).