La paz por medio de la política

Opina - Política

2016-09-26

La paz por medio de la política

Mi voto por el Sí en el plebiscito que se celebrará el próximo 2 de octubre es tanto emocional como racional. Es emocional en cuanto mis intuiciones morales siempre me han inclinado a apoyar, en general la vía negociada, y en particular este proceso de paz entre el Gobierno y las Farc. Es racional porque, después de leer el Acuerdo Final con un considerable nivel de detalle y analizarlo con cuidado, he concluido que la mejor opción posible es respaldarlo.

Creo que va a ganar el Sí, y espero que lo haga de manera arrolladora. Soy consciente de que esto no significa que llegó “el último día de la guerra”, como tan alegre y ligeramente se ha señalado en diferentes espacios, pues aunque el silencio de los fúsiles con las Farc es el paso más grande que se ha dado hasta ahora en el proceso de construcción de una Colombia en paz, no se trata todavía del paso final. Sin embargo, no estamos ante un logro menor sino, por el contrario, ante un avance destacable para Colombia, comparable al plebiscito que dio nacimiento al Frente Nacional y al proceso constituyente de 1991. Estos episodios, al igual que el que estamos viviendo hoy, también tuvieron críticas y generaron temores, pero permitieron avanzar en esa pacificación progresiva y lenta que ha sido la historia de nuestro país.

En Colombia tendemos a quejarnos de los políticos y de la política. Para esto hay razones de peso que no tendría sentido negar. Sin embargo, a veces se nos olvida que la política –y los políticos– no son solo fuente de problemas, sino también de soluciones. Por ello, quiero aprovechar para agradecer a los políticos que, por medio del ejercicio de la política, permitieron que Colombia esté viviendo este momento histórico.

Los que hoy están en la otra orilla: Pastrana y Uribe

En primer lugar, quiero hacer referencia a los expresidentes Andrés Pastrana y Álvaro Uribe. Así a muchos no les guste admitirlo, sin Pastrana y sin Uribe hoy no estaríamos donde estamos. Sin la modernización y fortalecimiento de las Fuerzas Militares que lideró el Gobierno Pastrana, y sin el uso que se hizo de éstas para enfrentar a las Farc por parte del Gobierno Uribe, el Presidente Santos no podría estar hoy celebrando la firma de un acuerdo de paz con la guerrilla más antigua y poderosa de Colombia. En sus ocho años de Gobierno, Uribe no logró derrotar a las Farc, organización que de hecho empezó a recuperar su iniciativa militar en 2009. Pero no cabe duda de que fue él quien posibilitó que las Farc se sentaran en una mesa de negociación con exigencias muchísimo más moderadas que las que habían hecho en el pasado, y realmente dispuestas a dejar las armas e incorporarse a la legalidad.

Desde esta perspectiva, es posible ver a estas negociaciones de paz como la culminación de un proceso que inició hace casi dos décadas, y que nos ha costado mucha sangre y dolor. Por ello, quiero agradecerle a los expresidentes Pastrana y Uribe por haber contribuido a poner fin a la guerra con las Farc, así ellos hayan optado por oponerse a terminarla de esta manera en concreto.

La terquedad útil: el Presidente Santos

Discrepo en muchas cosas del Gobierno de Juan Manuel Santos. Esto, entre otras, porque considero que su visión de la paz va poco más allá de la firma de un acuerdo. Y si eso fuera así de simple, si la paz se construyera en el papel, ni siquiera habría que preocuparse por la fase del posacuerdo. Es una suerte que a Santos le queden menos de dos años de Gobierno, pues no es el presidente requerido para construir la paz. Sin embargo, fue el presidente adecuado para firmar la paz.

Contra viento y marea, Santos se mostró dispuesto a sacrificar todo su capital político en aras de sacar adelante este proceso de paz. En los momentos más críticos del mismo, su particular combinación de realismo político, cinismo y desinterés por la opinión pública, le permitieron mantenerse firme en su postura, contra los reclamos de buena parte de la ciudadanía y de los partidos políticos. No se trata de una cuestión menor: en momentos como el secuestro del General Alzate o la masacre de 11 soldados en el Cauca, lo más fácil habría sido ponerle fin a las negociaciones con las Farc y optar por la arremetida militar. Sin embargo, se la jugó por seguir adelante con el proceso. Hoy las decisiones tomadas le rinden sus frutos, pero nada garantizaba que así fuera. Sin la terquedad de Santos, no se habría llegado hasta este punto. Por ello, también aprovecho para agradecerle al actual Presidente de la República.

Persistencia y sacrificio: el equipo negociador del Gobierno

Sin duda alguna, mi mayor admiración y respeto van para los miembros del equipo negociador del Gobierno en La Habana, liderado por Humberto de La Calle y Sergio Jaramillo. Son ellos quienes se echaron al hombro esta tarea histórica. Algo que, a mi juicio, buena parte de los colombianos no ha sabido apreciar en su justa medida. El Senador Ernesto Macías Tovar ha repetido, con inusitada frecuencia, que el equipo negociador del Gobierno cedió ante todas las exigencias de las Farc. De hecho, creo recordar que una vez trinó diciendo que el Acuerdo Final suscrito entre las delegaciones de paz podría haberse firmado en un día, ya que no era más que una capitulación del equipo liderado por de La Calle ante las exigencias del equipo liderado por Iván Márquez. ¿Es en serio? ¿Cree realmente Macías Tovar que los negociadores del Gobierno sacrificaron cuatro años de su vida personal y profesional solo para hacerle el juego a las Farc?

Uno puede tener serios reparos frente al contenido del Acuerdo Final, que incluso lo lleven a optar por el No, pero es un insulto acusar a los negociadores del Gobierno de haberse limitado, durante cuatro años, a acceder a todo lo que pedían las Farc. El mismo de La Calle ha reconocido que el Acuerdo Final es imperfecto, y que él habría “querido algo más”. Sin embargo, cualquiera que lea el Acuerdo podrá ver que es largo y complejo, reflejo de un duro tira y afloje entre las partes negociadoras. Algunos de los puntos acordados son impecables, como el de cese al fuego y dejación de armas; otros polémicos, como el de víctimas o el de reincorporación política de los exguerrilleros; y algunos silencios, como el de los dineros ilícitos de las Farc, son francamente preocupantes.

Imagen cortesía de: newyorker.com

Imagen cortesía de: newyorker.com

Pero lograr que una guerrilla cuyos puntos de partida eran la necesidad de abolir la propiedad privada, la negativa a reconocer su carácter de victimarios, y el completo rechazo a la institucionalidad colombiana, firmara un acuerdo de paz en el que se habla de formalizar los derechos de propiedad sobre la tierra, de la necesidad de reconocer verdad y responsabilidad ante las víctimas y de adelantar acciones reparadoras a favor de las mismas, siguiendo los mandatos de magistrados mayoritariamente colombianos, elegidos a través de un mecanismo que garantiza, en importante grado, la imparcialidad de los mismos, es un logro gigantesco, que no puede ser desechado a la ligera. Tal vez habría sido posible un mejor acuerdo, pero quisiera saber quiénes son los que están tan seguros de poder alcanzarlo, y cómo proponen hacerlo.

Por todo esto, agradezco especialmente y de todo corazón a Humberto de La Calle y al equipo negociador del Gobierno.

La política como instrumento de paz

El momento histórico que está viviendo Colombia no habría sido posible sin la suma de esfuerzos que han adelantado los diferentes políticos mencionados aquí. Sin duda, todos ellos son personajes polémicos, en parte por la mala imagen general que se tiene respecto de quienes se dedican a la política, y en parte porque ellos mismos han contribuido a ello. No tengo ningún interés en negar los errores y pecados cometidos por cada una de estas personas. Lo que quiero es resaltar que, independientemente de eso, no todo ha sido malo.

A los colombianos nos encanta decir que el país va de mal en peor por culpa de los políticos. Esa es solo la mitad de la historia: este histórico logro, la firma del Acuerdo Final con las Farc, se lo debemos, al menos en parte, a los esfuerzos que han hecho diferentes líderes políticos, así algunos de ellos hoy se nieguen a recoger los frutos de su propia cosecha.

¿Podrían haber hecho más? Probablemente, pero de eso es de lo que se trata: si estos líderes políticos pudieron sacar a Colombia de una guerra fratricida, ¿qué nos impide a los colombianos echarnos el país al hombro y ayudar a evitar que el país viva, parafraseando a García Márquez, otros 50 años de soledad? Llegó la hora de que los colombianos construyamos la paz por medio de la política.

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Alejandro Cortés Arbeláez
Politólogo de la Universidad EAFIT. Actualmente trabajo como investigador del Centro de Análisis Político de la Universidad EAFIT y como docente de cátedra de la Escuela de Derecho de la misma institución. Las opiniones expresadas aquí son personales.