La Niña, ¿Sí o no?

Opina - Cultura

2016-09-12

La Niña, ¿Sí o no?

Radiografía de Colombia

No soy muy amigo de las “Telebovelas” pero desde cuando anunciaron La Niña pensé que podría tener algo interesante debido a que está basada en un hecho de la vida real. Capítulo tras capítulo ha mostrado diferentes aspectos de la vida de Colombia y de su gente que da como resultado una pequeña pero a la vez extensa radiografía del país.

Además de la confrontación entre la guerrilla y los paramilitares donde desde tiempos inmemoriales han reclutando a menores de edad para aleccionarlos en sus filas como hombres y mujeres al servicio del odio, de acuerdo con los intereses que cada bando tiene. La crueldad de este tipo de actos reflejado aquí no es ni la más mínima parte de o que es en la realidad y sin embargo alcanza a mostrar la barbarie que se debería evitar en cualquier parte del mundo. Los protagonistas, como algo inusual son la niña guerrillera y el jovencito paramilitar a quienes une el amor a pesar de haber crecido en bandos opuestos. Argumento no usual en las realidades y cotidianidades de esa guerra cruenta y despiadada que vive el país.

La valentía de la niña, adquiere otra dimensión cuando es víctima del Coronel Barragán, la parte militar con tentáculos de maldad, de ambición, de abuso de poder que genera en el dominio absoluto, de igual manera que en la vida real muchas personas con esas características ejercen sobre sus “subalternos” y sobre todo lo que los rodea. Una prueba más que del lado del mal hay otros y otros que aumentan la cadena interminable de ese poder oculto que arrasa a su paso con todo lo que trate de oponerse a sus intereses. Como por arte de magia van encontrando a aquellos que les siguen el juego, que los cubren, que los protegen. Sus palabras, su aliento, su vestuario todo lo que hacen les ayuda a materializar ese poder que no se ve, pero que de una u otra forma existe como un encanto demoníaco arrastrando a cientos, a miles e incluso millones. Es una danza macabra en homenaje a la muerte.

Quienes luchan para ayudar a los desmovilizados, tanto de la guerrilla como del Paramilitarismo, no es mucho lo que pueden hacer debido al poco apoyo gubernamental y social. La oposición está en todas partes. Los sectores radicales tienen garras en cada rincón aumentando no solamente la guerra real sino la guerra sucia.

La niña, que con sacrificios comenzó sus estudios superiores, después de un tiempo tiene que confesarle al decano de la Facultad de Medicina su origen y él decide apoyarla, no así la hija de éste. No guarda el secreto traicionando a su propio padre y generando acontecimientos propios de la intolerancia de un país hipócrita y traicionero. No sólo se crea la polémica sino que se pasa a actos propios de la barbarie que se vive a diario pero que no es conocida por muchos. Los reinsertados al estar en medio de esa confrontación entre el rechazo y la aceptación viven ese drama que muy pocos entenderán.

Contar todo sería muy extenso pero lo más sobresaliente vale la pena resaltarlo porque es parte de la idiosincrasia colombiana. Dividida entre buenos y malos nunca se sabe cuál tiene más adeptos, dónde hay más malos y dónde hay más buenos. El militar corrupto, el estafador del barrio, el prestamista, el ex esposo aprovechado hacen de las suyas a su antojo, como se les da la gana y aunque algunos tienen éxito total pero otros no, afortunadamente. Detalles que a veces se cuelgan el cartel de la estupidez, pero que yendo a la vida real se encuentran casos exactos, reales, casi calcados.

La niña real existe y tal vez después de terminado el proceso de paz se atreva a revelar su identidad, lo importante es que no se encuentre con ninguno de los miembros del Centro Democrático y mucho menos con Álvaro Uribe, porque seguramente hará hasta lo imposible para que le quiten el título de médica y no pueda ejercer. Vale la pena recordar que son muchos los menores que murieron en las filas del paramilitarismo sin tener esa oportunidad de reivindicarse y otros no murieron logrando formarse para ser terribles y sanguinarios asesinos.

En la guerra diaria de las palabras por todos los Medios de comunicación encontramos personajes de todas las profesiones que apoyan el No y no entiende uno qué pasa al apoyar la impunidad. Corazones sensibles, amorosos y llenos de cualidades que son incapaces de apoyar el Sí. Que no quieren que “los guerrilleros se salgan con las suyas”. Mentes febriles que no saben lo que es una guerra en la vida real. La niña y su familia y muchas otras niñas deben estar sufriendo porque le temen a que ese NO metido en mentes enfermas, pero que se creen sanas, por instinto sanguinario terminen apoyando esa guerra fratricida.

Imagen cortesía de: publimetro.co

Imagen cortesía de: publimetro.co

Colombia, un país de gente que le gusta “lo bueno” pero no en el sentido que le da el diccionario. Lo bueno en el vestuario, en la comida, en los perfumes y demás. Gente con “caché” que se ufana de tener varios títulos a la vez y de ser bueno para unas cosas, pero insensato para otras. País lleno de gente envidiosa con su vecino, con su compañero de empleo, con el que sea. Lo importante es ser el primero cueste lo que cueste así haya que asesinar a la niña o al que sea. Lo importante es lograr los propios objetivos como en el caso Uribe, la mayor envidia de todas y la que más daño le hace al país. El camaleón de la guerra que a toda costa quiere que este proceso fracase para no darle el crédito a su adversario.

En La Niña los malos pululan por doquier. La ex compañera guerrillera que quiere venganza, los médicos asesinos que sólo quieren dinero, el hijo del millonario que se las da de bueno, pero cuando ve que no consigue lo que quiere entonces cambia y se convierte en el enemigo declarado y en el coautor de una alianza que pretende que los reinsertados no tengan el derecho a una nueva vida, a una nueva oportunidad. Deben ser marginados porque para él siguen siendo delincuentes, al igual que para muchos de los autores de pacotilla que pululan en las redes sociales y en las páginas de reconocidos personajes de la vida nacional, comenzando por políticos, periodistas, abogados, jueces y demás.

Pero al final de cuentas no es raro, si llevamos más de cinco décadas de guerra abierta, declarada y más que todo sucia, hasta rayar en lo más bajo que pueda generar el ser humano, qué podemos esperar en estos momentos en los cuales la mente humana ha perdido la capacidad del raciocinio juicioso. ¿Quién conoce a Platón? ¿De qué me habla? Platón… ah sí, el recipiente para cargar el agua… Esa es la gente de hoy.

Y además, la ética vale un comino, la negligencia permite todo porque desde hace mucho tiempo el Estado está al servicio de unos pocos; de los politiqueros elegidos por el pueblo analfabeta. No hay justicia ni controles porque la conciencia social no existe. Muchos no entienden lo que significa la paz para todo un país porque su lado fachista y furibista está metido en su “noble corazón”. Desde ese punto de vista es fácil entender por qué Hitler asesinó tanta gente, incluidos cientos de niños.

La insensibilidad disfrazada de cientos de personajes ronda en cada vitrina de esa Colombia que nuestros abuelos comenzaron a soñar para sus hijos, queriéndoles dar lo mejor. El dinero era escaso pero las enseñanzas crecían como tablas de multiplicar por campesinos que les enseñaban a sus hijos a pensar. Aunque no tuvieran para pagarles la universidad los preparaban para pelear por sus Derechos.

En La Niña, en medio de la tensión que mantiene la sintonía encontramos algunos aciertos que nos indican lo que podría ser el post conflicto con los seguidores del SÍ y del NO, que continuarán enfrentados, ojalá no sea por mucho tiempo para que no se generen otros tipos de desventuras para el país.

Para que Belky y Manuel puedan rehacer su vida y se logre el sueño del matrimonio entre la guerrillera y el paramilitar en una nueva sociedad ¿Con cuál personaje se identifica usted?

  1. ¿El doctor Montealegre, el decano que dio oportunidad a los reintegrados?
  2. ¿El doctor Herminio, el médico asesino?
  3. ¿El Coronel Barragán Uribe, el de los falsos positivos?
  4. ¿El abogado defensor, el de la justicia del diablo?
  5. ¿Barón, el borrego que asesina por obediencia?
  6. ¿El coronel Alzate y la doctora Tatiana, Defensores de los Derechos Humanos?

 

 

( 1 ) Comentario

  1. La Niña, un producto cultural del que no puedo hablar a profundidad, pues no lo he visto y no lo veré; sin embargo, vi su promoción y aunque estoy de acuerdo con el sí a los procesos de paz en la Habana, considero que es una apuesta de medio para convencer al populacho y no es que ello esté mal, pues es la apuesta política en la cultura de masas (no tendríamos el mismo resultado si se pusiera en una novela), ya que la televisión llega a muchísimos y sí, se digiere sin masticar -sin pensamiento crítico -, porque al final sólo parecería ser más entretenimiento, pero no es ninguna coincidencia que salga al aire durante el proceso de paz.

    De otra parte, el asunto de los malos y los buenos me sigue pareciendo maniqueísta, más cuando se habla de Platón y ello me recuerda el anillo de Giges, y ello al asunto del poder y el poder a Foucault y él a la responsabilidad política que se asume en épocas bélicas y también en tiempos de paz, porque sí, no es posible una sociedad justa sin una ética, pero tampoco creo que sea tan posible una sociedad ética en un mundo de blanco y negro que habla de Buenos y malos, cuando hay que hablar de conflictos de intereses y también de las hegemonías dominantes que gobiernan esta cultura de masas englobadas en el eurocentrismo patriarcal que siguen dándole productos a la masa para que no se les mueva su anillo de poder y aunque discutamos sobre los acuerdos (que tienen que llegar a un sí), no hemos hablado de lo que sigue, ¿qué está más allá de este país de derechas? ¿Qué sigue después de la paz? ¿Un estado turístico y barato para extranjeros? ¿Es eso lo que queremos?

    Divertido texto, felicidades.

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Edgar Uruburu
Comunicador Social-Periodista. Pensador por y para el pueblo. Poeta y Loco por una sociedad con justicia social. Mi pensamiento no refleja el de mi familia ni el de mis empleadores.