La mayoría de las madres lo son porque no tuvieron más remedio

Opina - Sociedad

2016-05-29

La mayoría de las madres lo son porque no tuvieron más remedio

Alguna vez un amigo cercano a la familia, a quien yo le contaba mis problemas románticos de veinteañera, me dijo “tienes que pensar en ser mamá, para realizarte como mujer”. Da la casualidad de que a mí la maternidad sí me interesa, pero no porque tenga “el gran don de dar vida” o porque piense que es algo “mágico” o “maravilloso” o porque piense que “me va a completar”.

Quizás nunca tenga una razón clara pero muy probablemente tiene que ver con la vanidad de que otra persona se parezca a mí, y el egoísmo de perpetuar esta especie, de tan dudosa conveniencia. Pero, ¿y si no? ¿Por qué tendría que depender “mi realización como mujer” de si llego o no a ser mamá?

Mis motivos mundanos parecen chocantes porque nos han metido la idea de que ser madre es algo sagrado y constitutivo de ser mujer. En muchos contextos, solo siendo madre tratan a las mujeres como adultos, y no solo eso, se le adjudica una especie de sabiduría divina, autoridad incontestable, como si el parto fuera una suerte de Pentecostés en donde las mujeres son poseídas por la mismísima Virgen María, (que además es la “madrecita de todos”). Para muchas mujeres ser madre es la única opción en sus vidas, y quienes tienen otras opciones no se escapan de los juicios sociales por no elegir la maternidad.

Y los juicios continúan. Además de que extraños tocan tu barriga sin preguntarte y te hacen querellas metiches, consejos no pedidos: te recomiendan lactar, pero también, no lactar; dejar tu carrera profesional (cosa que nunca le recomiendan a los padres), o continuar con tu carrera y ser “una mujer moderna”; te recomiendan el parto natural, el parto por cesárea, el parto en el hospital: la decisión es importante porque el mundo está atento a ver si serás buena mamá.

En todo ese edulcorado vocabulario que rodea a la maternidad, nadie nos cuenta que el embarazo puede ser duro, y el parto peor, que si no tienes buen seguro, los médicos te tratan mal, que si además eres pobre o del color de piel equivocado en el hospital te van a tratar peor y serás más vulnerable a los altísimos índices de mortalidad materna.

Nadie te dice que la mayoría de las madres lo son porque no tuvieron más remedio (en Colombia, por ejemplo, cerca del 60% de los embarazos son indeseados), porque no había otra cosa que le diera sentido a sus vidas o porque una experiencia terrible, como la violencia sexual, le quitó a sus vidas el sentido del todo. A la madre se la venera en abstracto, pero a las mujeres que son madres se las trata muy mal. Y para entender eso basta ver cómo se disparan las cifras de violencia doméstica el Día de las madres.

En los mejores casos, cuando no está involucrado el desamparo de la pobreza o la sordidez de la violencia obstétrica, la maternidad llega con una cantidad de exigencias: si eres “ama de casa”, debes ser la mejor ama de casa; si eres una “mujer de carrera” debes ser la mejor profesional, todo eso sin engordarte, ni despeinarte, siendo sexy y atractiva, y sobre todo, siendo buena mamá. Si no puedes hacer todas estas cosas quiere decir que no pudiste ser la mujer moderna que querías, que no pudiste tenerlo todo y “el feminismo fracasó”.

Pero la falla no está en que “las mujeres no puedan hacerlo todo” porque en realidad nadie puede. A los hombres no les preguntan cómo hacen para balancear su vida laboral y familiar porque no tienen que balancear nada en primer lugar. En el modelo tradicional de roles de género los hombres pueden ser profesionales exitosos porque tienen a alguien, usualmente mujer: esposa, hermana, tía, madre, abuela, empleada doméstica, que se encarga de todas las responsabilidades de crianza y cuidado humano de su entorno. Y algo parecido sucede con las madres trabajadoras de clase media y alta, que logran cumplir con las exigencias de su trabajo gracias a que delegan, en otras mujeres, gran parte de las tareas de cuidado.

La sociedad tampoco hace sentir culpables a los padres por estar lejos de sus hijos. En cambio, con las madres hay un doble estándar y la responsabilidad de los hijos sigue siendo casi exclusivamente de las mamás. Para comprobarlo basta ver los chats de Whatsapp de los colegios (es raro que haya un padre) o como maestros y maestras suelen asumir a la madre cómo única interlocutora.

Hace poco una amiga fue a un curso de alimentación para bebés en el que su pareja era el único hombre, lo que causó gran conmoción ¡y hasta pudor! en todas las asistentes. Desde la licencia de paternidad, que dura unos míseros días, se les envía el mensaje a los padres de que ellos no son responsables de las labores de crianza y se deja todo el peso en las mujeres. Y cómo cumplir ambas cosas es imposible muchas mujeres se ven obligadas a dejar sus profesiones (que para muchas, son determinantes para su realización personal).

Según cifras de la OCCMundial en México, 5 de cada 10 mujeres mexicanas dejan abandonan sus estudios o trabajos a partir del nacimiento de sus hijos o hijas. 40% de las madres que abandonaron sus estudios fue por falta de dinero, 26% por falta de tiempo, 13% porque habían concluido sus estudios de licenciatura, 8% por falta de apoyo de pareja o familia, 3% por falta de interés y 2% por falta de organización.

Las labores de crianza y cuidado no deben ser únicas y exclusivas de las mujeres y la crianza de los niños y niñas es una responsabilidad compartida de la sociedad. No solo madres, padres y el núcleo familiar cercano son responsables, también empleadores, que deben ajustar sus horarios de trabajo, y Estados, que deben implementar programas y legislar para repartir equitativamente los trabajos de cuidado.

Mientras la carga recaiga sobre las mujeres vamos a estar en una situación de discriminación y en muchos casos hasta de explotación.

¿Cómo es posible que en Estados Unidos no haya licencia de maternidad pagada? Y después preguntan por qué las mujeres tienen que escoger entre sus profesiones y la maternidad.

Además del campo profesional, las mujeres son juzgadas por el modelo de familia que eligen. Si son madres monoparentales (qué horrible es eso de “madre soltera”), mal, “pobrecitas que las abandonaron”, pero además es cierto que su situación económica será más difícil pues tendrán que encargarse del sustento y del cuidado. Si son divorciadas, además, se dice que “no fueron suficientes para tener al hombre contento” o que “fueron egoístas por poner su felicidad primero y dejar a sus hijos sin papá” (como si “ser papá” dependiera de la madre y no de la voluntad del padre).

Imagen cortesía de laprimera.pe

Imagen cortesía de laprimera.pe

Y también juzgan a otros tipos de familia, a la mujeres que adoptan les dicen que nunca tendrán “ese vínculo que crea el cordón umbilical”, a las que rentan su vientre (que no son madres) les dicen que “venden lo más preciado de su ser”, a las mujeres trans de plano les dicen “que no pueden tener hijos” y a las mamás lesbianas les dicen que “nunca serán un modelo ejemplar”.

El Día de la madre debería ser un día para celebrar que cada mujer pueda decidir qué tipo de relación quiere tener con la maternidad, y para celebrar todas las opciones. Debería servirnos para reflexionar en cómo tratamos a las madres, ¿estamos haciendo sus vidas más fáciles? (¡y menos heróicas!) ¿les estamos dejando chance de ser algo además de ser mamás? Ojalá que el Día de la madre sirva para celebrar que cada vez más, la maternidad sea libre, decidida, imperfecta, y que cada madre pueda escoger su manera de vivir la maternidad. ¡Por una maternidad elegida, y un mundo que no castigue esa elección!

Columna publicada con autorización expresa de la columnista. Texto original, publicado en Univisión.

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Catalina Ruiz-Navarro
Columnista semanal en @ElEspectador, @ElHeraldoco y @SinEmbargoMx; directora de @HojaBlanca; Coordinadora de comunicaciones en @JASS_Meso.