La casa más vieja de la ciudad, en el olvido

Infórmate - Sociedad

2017-05-31

La casa más vieja de la ciudad, en el olvido

Además del deterioro físico, la Quinta sufre de olvido y desconocimiento: en general, los medellinenses no conocen la importancia de los bienes patrimoniales.  

El importante fotógrafo, comerciante, industrial, agricultor, ganadero, banquero, minero y artista plástico reconocido hoy día por ser precursor en la cervecería, la droguería, el almacén de artículos importados, la fundición de metales y, principalmente, de la fotografía en Medellín; Pastor Restrepo Maya, decidió en 1870 construir una casa tan ostentosa y representativa como él en el barrio Villanueva, urbanización a la que se mudaron muchos de los ricos de la ciudad. Han pasado 147 años desde su construcción y la casa se encuentra en avanzado estado de deterioro, sin contar con la mutilación que sufrió y las incontables reformas que se le han hecho desde entonces. A pesar de que fue declarada como un bien patrimonial hoy día se encuentra en lamentables condiciones.

El proyecto de recuperación de la Quinta de Pastor Restrepo Maya está listo, lo único que falta es la gestión del mismo y los recursos económicos para ejecutarlo. Esta es la situación de este inmueble patrimonial y el de la mayoría de los que aún posee la ciudad. ¿Qué ha sucedido en Medellín para que este bien cultural haya sido olvidado no solo por la administración sino también por sus habitantes?

Medellín es una de las ciudades que menos conservó su patrimonio, situación que es preocupante para muchos, puesto que este es un bien que expresa la historia, la cultura y habla de la identidad de una sociedad. En general, el proceso de reconocimiento de patrimonio en Colombia fue tardío. En Medellín, fue apenas en 1999, cuando en el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) se comenzó a realizar el inventario de los inmuebles y se definieron algunos de los bienes patrimoniales; y en el 2006, cuando en su revisión se amplió el número de bienes declarados y se definieron estructuras normativas para poderlos proteger.

 

Una importancia desconocida

La única quinta de la época que aún sigue de pie en lo que hoy se conoce como el Parque de Bolívar, fue construida por Juan Lalinde Lema, arquitecto y director de la Escuela de Artes y Oficios durante la administración de Pedro Justo Berrío; en la esquina de la Carrera 49 (Venezuela) con Calle 54 (Caracas). Es descrita por Álvaro Sierra Jones, director de la Fundación Ferrocarril de Antioquia, como “la única construcción de Lalinde que sobrevive. Tiene una arquitectura del periodo republicano y conserva ornamentación en puertas, ventanas, balcones en hierro y tiene una gran mansarda con lucernarios para la iluminación interior”.

En la Resolución 123 del Departamento Administrativo de Planeación se declaró como un bien de interés cultural de carácter municipal. Ha subsistido por más de 146 años, convirtiéndose en la casa más antigua del Parque de Bolívar y, según el Plan Especial de Protección Patrimonial (PEPP), “el valor cultural de esta edificación se halla en su pertenencia a la zona de influencia de la Basílica Metropolitana, bien de interés cultural de carácter nacional”.

En total son 1.699,8 m2 distribuidos en tres pisos, dos actualmente usados en vivienda compartida y el primero de ellos, donde originalmente quedaba el acceso a la vivienda, se adecuó para emplearlo en locales comerciales. El PEPP manifiesta que “la edificación posee un alto grado de deterioro y transformaciones en el primer nivel, que no le restan importancia ni representatividad al conjunto. El inmueble se destaca en su entorno por su lenguaje característico de la arquitectura de finales del siglo XIX”.

 

La complejidad del patrimonio de privados

Los propietarios de bienes patrimoniales pueden hacer adecuaciones funcionales a sus inmuebles de acuerdo con las condiciones de manejo específicas que son planteadas según a la tipología de las casas. Evelyn Patiño, arquitecta del Departamento Administrativo de Planeación, explica que “las normas de las curadurías hoy son más flexibles: lo único que no se puede hacer es demoler. Las reformas deben permitir que a las edificaciones que han perdido su uso original se les dé una nueva utilidad y se adecúen a la dinámica social sin perder el principio de que se conserve la integralidad de las construcciones”.

Hoy día, la Quinta pertenece a un privado que subarrendó el territorio de lo que alguna vez fue el jardín de la casa y el Teatro Tablas, y donde más tarde funcionó el restaurante La Estancia, el cual se modificó para la construcción de locales comerciales. Dichas reformas, afectaron significativamente la estructura original sin el respectivo permiso de la curaduría. Mónica Pabón, directora de la Fundación Patrimonio para el Desarrollo (Funpades) y arquitecta restauradora, aseguró que “la persona que construyó estaba mal asesorada y no solicitó las licencias correspondientes, por esa razón se detuvo el proceso y se generó una sanción”. Para los constructores de La Estancia, fue necesario buscar asesoría de un arquitecto restaurador avalado por el Ministerio de Cultura y debido a esto “la Funpades está en labor de negociación y acompañamiento, para que los constructores tramiten los permisos correspondientes”, añadió Pabón. Y a pesar de que los locales no han abierto, en Arrendamientos El Portal estos se ofrecen para cualquier tipo de negocio, con costos que oscilan entre 2 y 4 millones.

 

Descripción de la venta de Juan Lalinde a Pastor Restrepo (1990), descripción de la ubicación de la Quinta (1889), constancia de pago (1889) y escritura del terreno. Documentos del Archivo Antioqueño de Historia.

Preocupación por la casa

Frente a la ineludible importancia de La Quinta, resulta desconcertante el estado en que se encuentra. Ante esta situación, Sierra afirma que “la construcción de La Estancia no cumple con el respeto que amerita la casa. Sería ideal restaurarla y ponerla en servicio a la comunidad como un elemento estratégico de recuperación del centro y restaurar no es embalsamar los bienes patrimoniales, sino salvarlos del deterioro que presentan y preservarlos a las futuras generaciones”.

José Castro, lleva dos años siendo inquilino de la casa y le ofrecen una habitación por un costo mensual de $180 mil, siendo esta pequeña en contraste con las más grandes, que se alquilan por un valor de $250 mil. Castro expresa que no sabe si van a arreglar la casa: “si es por mí, no estoy de acuerdo porque nos echan; pero como ciudadano sí, porque es un bien de toda la sociedad”, declaró.

Si bien se ha hablado de emplear la casa en un proyecto cultural, las ideas se quedan estancadas. Luis Felipe Saldarriaga, arquitecto del Instituto de Cultura y Patrimonio de la Gobernación de Antioquia, afirma que el olvido del proyecto se debe a que “la administración no tiene ni la capacidad ni la voluntad: en este momento el alcalde tiene otras prioridades como la seguridad, por ejemplo”.

Asimismo, comerciantes de la zona y habitantes del sector expresan que sería positivo para ellos que a la Quinta se le dé un nuevo valor modificando su servicio: “mejorar la casa le daría un nuevo semblante al sector y es positivo para los vendedores porque así la gente vendría más”, afirma Hernando Ramírez, comerciante formal del sector. Perspectiva que coincide con la de Elizabeth Perea, vendedora de la panadería ubicada en el primer piso de la Quinta: “no sé mucho de la casa, pero si la convierten en un museo, por ejemplo, la gente vendría más y eso aumentaría las ventas”.

Socorro Inés Restrepo, presidente de la Academia Antioqueña de Historia, manifiesta que el desinterés por conservar el patrimonio histórico se debe principalmente a la desidia de la autoridad, el costo de la tierra y la poca conciencia histórica. “El deterioro de las casas actuales obliga a la destrucción porque termina siendo un peligro, además, para los propietarios es más rentable derribar las actuales edificaciones y construir otra cosa: un edifico es mucho más provechoso que una sola casa, tanto para el propietario como para la alcaldía”, afirma Restrepo.

En Medellín pocas personas saben del valor que tiene el patrimonio. Esta conciencia histórica, para Restrepo, “se recupera mostrándole a la gente esa historia por medio de la educación, no solo por parte de los colegios, sino desde los medios de comunicación, dándole relevancia a la cultura; desde las mismas entidades de cultura, que reflejen su razón de ser y desde la sociedad en general: que los adultos le enseñen a los más jóvenes”.

 

Imagen cortesía de: bibliotecapiloto.gov.co

En lo que va el patrimonio

Lo que sucede con el sistema de patrimonio es que, a pesar de tener los elementos de planificación claros, no se concretan sobre el territorio. Esto se debe, según Claudia Andrea García, subdirectora de Planeación Territorial y Estratégica de Ciudad, a que “en el Ordenamiento hay dos disciplinas complementarias que hemos fortalecido de una manera no tan equilibrada: la planificación y la gestión urbana”, por eso hace un despliegue en el Plan de Ordenamiento, el cual consiste en tener acciones definidas y no solamente saber que se tiene que conservar el patrimonio sino cómo hacer una revitalización integral para que este sea sostenible económicamente. Gracias a esto se creó la Agencia para la Gestión del Paisaje, el Patrimonio y las Alianzas Público Privadas (APP).

Pilar Velilla, gerente del centro, asegura que “por ahora la ciudad tiene que completar la declaratoria de patrimonio material, luego conviene actuar en consecuencia. El plan del centro tiene acciones de intervenciones físicas y sociales, para las cuales se tiene un presupuesto de 270 mil millones”. Este plan consiste en la resignificación del centro tradicional: “se busca rehabitar el centro, fomentar e incentivar el uso residencial en los sectores patrimoniales”, afirma Velilla.

Debido a que los dineros del Estado deben invertirse en proyectos públicos, es complejo intervenir en bienes privados, por eso, Patiño señala que “la idea ahora es gestionar más recursos para que los propietarios puedan invertir con recursos públicos en sus bienes privados”.

Dentro del Plan Especial de Manejo y Protección (PEM) se encuentra la revitalización de los corredores articuladores a través de la rehabilitación integral de sus edificaciones y la intervención integral de inmuebles, entre los que se encuentran las casas de Prado propiedad de la Alcaldía, la intervención del Palacio Egipcio, los edificios Cárdenas y Álvarez Santamaría, la Casa del Edificio Víctor, el Hotel Nutibara y de la Casa de Pastor Restrepo; además de la recuperación urbana del Templo de la Veracruz y de la manzana de Barbacoas. Sin embargo, todos estos proyectos están propuestos como metas a largo plazo, lo que genera incertidumbre hacia cuánto de ellos se perderá mientras se intervienen.

 

 

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Tatiana Montoya
Soy estudiante de Comunicación Social-Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana.