Hijas del destino

Cuanto me gustaría que en este país una mujer tomara las riendas de este machismo desaforado.

Opina - Literatura

2017-11-20

Hijas del destino

Las jóvenes que tienen un futuro por construir van echando los cimientos de su propio destino, pero no todas pueden porque estos ya están construidos siglos atrás sin dar la oportunidad de alguna modificación ya que automáticamente son vulneradas debido a las costumbres enseñadas que no dan cabida a la equivocación. Algunas o la mayoría son expuestas al escarnio público cuando sus actitudes y comportamientos van en contra de una norma social construida de silencio y sumisión donde quedan prohibidos los reclamos y quejas, porque como si fuera una modificación genética de la evolución, “ellas soportan mucho más las injusticias”, porque generación tras generación se ha padecido de lo mismo.

Isabel Allende al ser una mujer aguerrida por su carácter y su capacidad de liderar un grupo de las silenciadas y vulneradas, ha dejado un legado literario significativo que sirve para hacer una revolución femenina, no con armas, sino con carácter y voz para poder encontrar un lugar en el mundo. En uno de sus libros, ‘La hija de la fortuna’, una novela de las tantas que escribió, muestra específicamente cómo es la trasformación de una mujer frágil, conservadora, con tendencia a la sumisión y al silencio, a convertirse en una mujer aguerrida y con decisión que construye una vida propia.

Un momento histórico importante de la novela fue la fiebre del oro en Estados Unidos, donde los inmigrantes de distintos lugares del mundo llegaban con la esperanza de volver a sus lugares de origen con los bolsillos llenos de dinero, sin embargo, fueron más las dificultades que se presentaron que los logros obtenidos. A pesar de eso, la protagonista de la novela toma un rol masculino para pasar inadvertida en un terreno hostil donde las mujeres solamente servían para la servidumbre y la prostitución.

Esa fiebre del oro para ella fue una fiebre de libertad donde pudo dejar a un lado esa vida colonial de reuniones, vestidos, comidas y postura erguida que prevalecían y que no le permitían tejer su propia vida. Era un contraste a lo que se vivía en un lugar donde las enfermedades, la hambruna y la tristeza predominaba, para que al final pudiera ser la mujer que saliera de los esquemas establecidos y con asombro decir ¡Ya soy libre!

Lo que impacta verdaderamente en este periodo histórico es ver que las mujeres no tenían voz ni voto en la sociedad y prácticamente eran marionetas de los hombres que podían hacer con ellas lo que quisieran, moviendo sus hilos a diestra y siniestra; pero esta mujer no, a pesar de creer en el amor, dejarse llevar por la desfloración de su cuerpo y pasar por las penurias más inhumanas se conoció a sí misma y la esperanza de encontrar a su amado hacia que el tiempo transcurrido fuera en dirección contraria a lo que sentía, porque el tiempo sana las heridas y los recuerdos se van haciendo más borrosos.

Hoy en día, casi dos siglos después, las mujeres están encontrando un lugar en la sociedad donde se ha visto una disminución de ese encarcelamiento y ya pueden abrir la puerta para que conozcan el mundo, pero falta mucho para lograr el cometido social de respetabilidad y equidad, porque indirectamente algunas creen que tienen el sartén por el mango, pero se siguen moviendo por esos hilos invisibles que las dirigen a lugares sombríos que al pasar el tiempo y llegar a una madurez, no por los años sino por la experiencia, se dan cuenta que perdieron media vida por andar en silencio y soportando lo que alguna vez vieron en su madre, abuela o alguna amiga.

Lo malo del asunto es que hasta antes del nacimiento tienen el estigma del sufrimiento y se conocen frases como: “pobrecita, es mujer, le va tocar duro” y durante toda la vida recae el peso del señalamiento, porque nuestra ceguera y conveniencia hace ver a la mujer mala por detrimento a las costumbres establecidas que nos dejaron desde esos tiempos. Hay algunas que se lanzan al vacío sin miedo a los señalamientos y cuchicheos, es de admirar porque eso es salir de lo establecido para buscar las convicciones personales.

Cuanto me gustaría que en este país una mujer tomara las riendas de este machismo desaforado y que mejor que sea homosexual para matar dos pájaros de un solo tiro para cerrar las bocas de algunos puritanos que se quedaron en la época colonial que nunca vivieron, pero que mantienen viva por la tradición de sus antepasados.

Ustedes son las únicas que pueden romper esas cadenas y salir, tengan una revolución mental y personal que lo que van a encontrar es algo bueno, no se subyuguen por un hombre al que le dan su cuerpo y vida, disfruten más bien y no tengan miedo a que las señalen, salgan y conozcan al mundo porque de sumisión han vivido siglos y ya es hora de que se equilibre la balanza para que sientan lo que han tenido los “machos” siempre.

 

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Ricardo Rodriguez
Psicólogo de la Universidad El Bosque. Experiencia en intervención psicosocial a población consumidora de sustancias psicoactivas y discapacidad cognitiva. Actualmente liderando y apoyando procesos de educación para la paz en la ciudad de Zipaquirá (Cundinamarca).