Golpes de opinión

Opina - Sociedad

2016-07-25

Golpes de opinión

Estremecen las imágenes, la confusión de cada declaración de lado y lado, aterra una sociedad civil que es capaz de salir a contener tanques de guerra y cuadrillas de soldados con la orden de matar a sus connacionales.

Sucedió en Turquía, a kilómetros de nuestra alegre América, del democrático Estado de Derecho de Colombia; sin embargo, las redes sociales acercaron el hecho a través de cada dispositivo. En los portales de noticias, casi en línea, comenzó una especie de catarsis colectiva latinoamericana, cada país con unas características y realidades bien particulares, difícilmente comparables entre sí, excepto por una descontento generalizado y una polarización creciente.

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Comentarios tomados de El Colombiano y CNNEE

En Colombia, un país que ha hecho un gran esfuerzo por acabar con uno de sus tantos males, próximo a refrendar el acuerdo de paz con la guerrilla más antigua del mundo, y necesariamente obligado a asumir el posconflicto, llama la atención las expresiones de sorpresa, tristeza, lamentaciones, rabia, desconcierto, etcétera, porque el golpe de estado era en Turquí y no en Colombia. Epítetos y adjetivos de todo tipo contra Juan Manuel Santos y su Gobierno acompañaban los comentarios.

Aunque cualquier comentario puede estar absuelto por una gran ignorancia de todo tipo (político, cultural y religiosa), amparado también en nuestra libertad de expresión; preocupa mucho que son estas mismas personas quienes tienen en sus manos decisiones sobre el futuro de este país en cada votación. Son ellos los que prefieren ver derramamiento de sangre de inocentes, los derechos humanos vulnerados y la libertad coartada por un golpe de estado, así un alzamiento en armas y rebeldía militar busque proteger al pueblo, pocas veces lo ha logrado cabalmente y las secuelas en la sociedad quedan de generación en generación (El ejército no debe ser más que el brazo de la nación, nuca la cabeza. Pío Baroja).  Obviamente por sus palabras no es difícil concluir que el proceso de paz no les gusta y este gobierno tampoco.

El tono de la polarización aumenta con el paso de los días, tristemente tiene como títere el mayor esfuerzo realizado en muchísimos años por político alguno para el desarme de la guerrilla más antigua del mundo sin más derramamiento de sangre; desafortunadamente esta situación está pasándole factura al país, sosteniendo la impopularidad del gobierno con todo tipo de negociaciones para que los gremios, políticos y demás oportunistas no lo hundan. Se habla de cuánto costará el post conflicto, seguramente nunca sabremos cuánto le costó a este gobierno hacer la paz. Cifra que se eleva y vuelve a ser tasada, cuando la mal llamada sociedad civil colombiana -porque sólo sirve para opinar- expresa en encuestas su desaprobación.

Es por esto, volviendo la mirada a nuestras reacciones ligeras ante lo ocurrido en Turquía y ‘mirándonos el ombligo’ de nuestra realidad, que se hace evidente el desconocimiento de lo que es vivir en paz y la imperiosa necesidad de aprender de ella.

Imagen cortesía de: ernestoolivares.es

Imagen cortesía de: ernestoolivares.es

Todo tipo de campañas pedagógicas se hacen necesarias para que vayamos entendiendo lo tranquila que puede ser la vida en un país tan rico en diversidad y recursos como Colombia, tan alegre, tan tranquilo si cada vida y norma se respeta, tan incluyente si no hay más fronteras invisibles y visibles en calles, barrios y campo, tan individual y pacífico si cada uno se dedica a lo suyo y no a cómo quitarle al otro en calles, barrios y campo, tan legal si cada uno pone de su parte para no transar más con el ‘ají’, ‘chanchullo’, ‘mordida’, ‘miti-miti’, etcétera, denunciando al funcionario que la cobra, el funcionario denunciando al ciudadano que lo sugiere; eso traería algo a nuestra vida que solo los que han viajado al exterior conocen, sin gustarles tanto como para implementarla en nuestra caótica república bananera: igualdad.

Por favor, que Santos se dedique a cuadrar el desorden en los demás temas de la agenda nacional, que las campañas no digan por ningún lado ‘Presidencia de la República’, la gente no lo quiere, tiene unos años para no sólo hacer la paz si no también para darle altura a su gobierno. Que los líderes de opinión tomen partido, que los empresarios se comprometan con un país que en mejores condiciones pueden explotar más (sí, así como suena, qué vamos hacer; algo los debe mover a expresarse, comprometer sus marcas y compañías por algo mejor para Colombia y sus negocios).

El Cazapichurreas, El Vivo Bobo, Tal Cual, la City Cápsula y cuanta iniciativa nacional, regional y municipal de comunicaciones y pedagogía deben ser desempolvados, e innovar con nuevos personajes que nos enseñen a los colombianos que la paz no tiene precio, que las libertades civiles son el bien más preciado de cualquier sociedad plural e incluyente, que pensemos bien antes de darle apellidos a la paz, porque la paz es un derecho de todos.

 

Publicada el: 25 Jul de 2016

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Juan Camilo Duque Cruz
Tulueño, Comunicador Social. Padre de María José y Valentina. Experiencia en RRHH y Ventas Corporativas.