Ganó el NO (I)

Opina - Política

2016-10-04

Ganó el NO (I)

Sorpresivo revés sufrió esa parte del país que quería refrendar el Acuerdo Final de La Habana. Con el triunfo del NO, lo acordado entre el Gobierno y las FARC cae en un enorme limbo jurídico y político, cuyas consecuencias el país político y la sociedad en general no alcanzan a dimensionar.

Si bien la corta, pero precisa alocución presidencial servirá para frenar momentáneamente cualquier movimiento social, militar y político que pudiera buscar la desestabilización del país, el llamado que hizo el presidente a las fuerzas vivas, incluyendo al Centro Democrático como fuerza opositora, no despeja las dudas alrededor de lo que pueda pasar hacia adelante, no solo con el Acuerdo Final alcanzado y firmado, sino en lo que se pueda venir para el escenario electoral y político de 2018.

Santos habló en su calidad de Jefe de Estado, y lo hizo para calmar los ánimos y mantener el orden institucional dados los efectos políticos que pudiera generar la decisión democrática tomada por 6´428.487 colombianos (50,23%) que dijeron NO a la refrendación del Acuerdo Final.

Es claro que el triunfo del NO, de manera abrupta y sorpresiva, adelanta el llamado que se haría a un gran Acuerdo Político Nacional, contemplado en el Acuerdo Final. Eso sí, sobre una realidad que se desconoció por la excesiva confianza del Gobierno en la victoria del SÍ: la vigencia política de Uribe Vélez como elector y contradictor político, el carácter vindicativo de quienes aclamaron la tesis aquella que decía: “queremos Paz sin impunidad”; la evidente polarización ideológica y política en la que deviene el país desde 2002 y el profundo rechazo ─mayoritariamente urbano─ a las FARC, por los crímenes cometidos durante un largo y degradado conflicto armado en el que TODOS los actores armados cometieron delitos de lesa humanidad

Ahora lo que se viene para el país es una negociación política al interior del Establecimiento, lo que bien puede llevarnos a un pacto político tipo Frente Nacional, el cual contemple acoger a las FARC como actor político, que mantiene su voluntad de paz a pesar del resultado contrario del plebiscito; o por el contrario, ese gran acuerdo político que se logre entre las fuerzas del fragmentado Establecimiento, puede insistir en  desconocer una vez más a la fuerza de izquierda, para prolongar el conflicto armado y afianzar el proyecto neoconservador que apoyan Uribe, Ordóñez Maldonado y el propio Germán Vargas Lleras.

Vendrán días difíciles para esa parte del Establecimiento que busca poner fin a la guerra interna con las FARC y con el ELN, dado que encontrará, a esa otra parte del Régimen animada ─y ojalá no envalentonada─, por el triunfo del NO, con la intención manifiesta de renegociar el Acuerdo Final, o de provocar el llamado a una Asamblea Nacional Constituyente que reduzca el espacio político  a las Farc, ganado en la negociación política de cuatro años adelantada en La Habana.

Así entonces, quienes apostaron por el NO con el claro objetivo de desconocer el sentido del Acuerdo Final, terminaron por darle un mayor juego político a las FARC (dada la voluntad manifiesta de la dirigencia de esa guerrilla de no volver a la guerra y la decisión del presidente de mantener por tiempo indefinido el cese bilateral del fuego). Igualmente, esos millones de colombianos, podrían sufrir las consecuencias de un llamado a una Asamblea Nacional Constituyente con la que el país conservador e incómodo con el sentido liberal y garantista de la Carta Política de 1991, buscará hacernos retroceder al espíritu de la Constitución de 1886.

Es decir, los que hoy disfrutan por el triunfo alcanzado por el NO desconocen hacia dónde nos llevará la puerta que ayudaron a abrir con la decisión de no refrendar lo negociado con las FARC. Es posible que el país retroceda en materia de derechos si se convoca a una Asamblea Nacional Constituyente abierta a todos los temas, al tiempo que se dan unas  mínimas garantías a las FARC para que actúen dentro de la institucionalidad.

Millones de colombianos al votar por el NO perdieron la oportunidad de expresar su rechazo a un Establecimiento dividido entre la paz y la continuidad de la guerra, incluyendo el nacimiento y la permanencia de las guerrillas. Pero se necesita de una alta cultura política para entender los orígenes del conflicto armado, pues es claro que aún hay muchos convencidos de que viven en un país con la más larga y estable democracia. Claro, la democracia ajustada a los mezquinos intereses de los latifundistas, ganaderos y clase empresarial y política que en lugar de fortalecer a la Fuerza Pública para acabar con las guerrillas; crearon grupos ilegales no para aniquilar a las fuerzas subversivas, sino para desplazar indígenas, afros y campesinos y entregarles sus territorios a multinacionales y a empresas agroindustriales.

Lo sucedido en la jornada del domingo 02 de octubre de 2016 confirma que la abstención del 66 % hace parte sustancial de una democracia procedimental y precaria, lo que representa claramente un enorme rechazo a la clase dirigente, incluyendo, por supuesto, a Uribe, a Santos y a toda la clase política.

Entre tanto, el triunfo apretado del SÍ en regiones afectadas por la  dinámica del conflicto armado interno, bien puede servir para indicar, salvo algunos resultados contrarios, que el país urbano que votó NO, sigue sin entender el carácter  político y agrario del conflicto armado interno. Sigue en pie la lectura maniquea entre Buenos y Malos, lo que sin duda sirve para ocultar la insostenible corrupción política practicada por sectores de poder tradicional.

Satisfechos se deben sentir los medios masivos y los periodistas, en especial los noticieros privados de televisión, RCN y Caracol, que de tiempo atrás se la jugaron periodística y editorialmente por el NO. Así lograron confundir a las audiencias, sirviendo de caja de resonancia a quienes desde el Centro Democrático y otros sectores de poder tergiversaron varios asuntos y temas del Acuerdo Final.

Fortalecida termina la Registraduría Nacional por las garantías ofrecidas, a pesar de los miedos de los animadores del NO, ante un esperado fraude electoral. Al final,  y a pesar del triunfo del NO, la salida a esta enorme encrucijada es política. Y es posible que la salida institucional que se logre alcanzar termine afectando por igual a quienes auparon y votaron por el NO. Recordemos que el Régimen, corrupto e históricamente ilegítimo, debe mantenerse y los que votaron NO terminaron dándole un enorme espaldarazo. Así de claro.

Publicada: 4 Oct de 2016

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Germán Ayala
Docente Universitario. Comunicador Social y Politólogo. Cursando Doctorado en Regiones Sostenibles.