¿Ganamos?

Opina - Política

2016-10-13

¿Ganamos?

Para ganar no “vale todo”, es valen todos; de ahí que el altísimo abstencionismo (63,2%) en el plebiscito del pasado 2 de octubre, empujó a que sólo votara un tercio de los más de 34 millones de colombianos habilitados para hacerlo. La votación devino en un empate técnico, donde la opción del No, logró una “victoria” muy pírrica, “chichipata”, en un plebiscito carísimo: 282 mil millones, dados por el Estado, más casi 8 mil millones donados a los promotores de las campañas Sí/No.

Y todavía hay senadores – que cada uno nos cuesta 84 millones, mensuales- como Armando Benedetti y Roy Barreras, abogando por que se repita el plebiscito.

Para qué repetir un plebiscito que nunca se debió hacer (no era necesario para refrendar los acuerdos porque el Presidente –aún- está facultado constitucionalmente para concretar el acuerdo final de paz) sobre todo porque el Artículo 22 de la Constitución establece que “la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”. No había necesidad de convocar al plebiscito, pero el ego y la politiquería pesaron más; y qué pasó: la debacle, casi suicidio político, para quienes encabezaron esta “refrendación show pre-electoral”.

Salvando las distancias, los contextos y egos presidenciales, cuando Uribe hizo aquel dizque proceso con los paramilitares, no consultó al pueblo. Como presidente tampoco tenía por qué hacerlo para implementar dicho acuerdo, además –a lo dictador- optó por pactar con los paras y punto; además, supongo que sabía que la mayoría no apoyaría ese pacto-paraco que no justifico, ni respaldaré; pero en el caso de Santos, este debió hacerle caso a las varias voces que le dijimos que no efectuara el absurdo plebiscito.

A todo lo anterior, sumemos la falta de liderazgos (porque lo que hubo y todavía hay, son caudillos; males que también son comunes en toda Latinoamérica). Santos se dedicó a visibilizarse internacionalmente tras el Nobel de Paz (que terminó recibiendo), mientras delegó a líderes de la “Unidad Nacional” para convencer a la gente por el Sí.

Uribe, muy astuto, encabezando la campaña por el No, capitalizó las falencias de los del Sí, y logró ganar, pírricamente, pero lo hizo, echando mano a las máximas de Maquiavelo-Bonaparte: “el fin justifica los medios” y la del ideólogo de Hitler, Göbbels : “una mentira repetida termina por convertirse en una verdad”; y así “ganó” el No.

Las dos campañas fueron perdedoras porque estuvieron desconectadas de los intereses de las mayorías, generando divisiones tan deshumanizantes, que muchos colombianos optaron por no votar.

A veces a quienes más criticamos es a quien más nos parecemos; esta fugaz campaña resultó peor, más degradante, que las cruzadas gringas por la presidencia de Estados Unidos. Las lides del “sí” y el “no” estuvieron sobrecargadas de insultos y mentiras; destilándose odios, mientras ambas decían querer la paz para todos.

Desde entonces, ¿qué ha pasado? El plebiscito resultó en peor remedio que la enfermedad. Lo que pasó era previsible, vivimos en Macondo, bastaba con leer a nuestro Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, cuando en “Cien años de soledad” nos dijo:

“Era como si Dios hubiera resuelto poner a prueba toda capacidad de asombro y mantuviera a los habitantes de Macondo en un permanente vaivén entre el alborozo y el desencanto, la duda y la revelación, hasta el extremo de que ya nadie podía saber a ciencia cierta dónde estaban los límites de la realidad. Era un intrincado frangollo de verdades y espejismos.”

 Sin embargo, podemos ganar; este Premio Nobel de Paz dado a Santos y que es para todos los colombianos, puede motivarnos a replantear la manera de encaminar la paz. Si se quiere, se puede. Todo está en que estemos dispuestos a ser tolerantes, escuchar y tener en cuenta a los que piensan distinto.

Necesitamos destrabar este proceso de paz, generándonos confianza. Lo más sano, e idóneo, es que Juan Manuel Santos –como Presidente de Colombia y Premio Nobel de Paz- junto con Álvaro Uribe, César Gaviria, Andrés Pastrana, Belisario Betancur y Ernesto Samper  –nuestros expresidentes- se unan, motivando a las diferentes fuerzas políticas y movimientos sociales para que todos nos expresemos, escuchemos y discutamos (decentemente, como buenos colombianos) hasta llegar a ponernos de acuerdo sobre empezar a caminar hacia la paz ¡ya!

Créanlo, sí podemos ponernos de acuerdo los colombianos, es que la paz nos interesa a todos y la necesitamos como nunca. El contexto ideal de ese gran cónclave colombiano bien pueden ser los Cabildos Abiertos en cada municipio del país, a la vez, en un mismo día. Son escenarios de consulta popular muy efectivos y para nada costosos como el millonario plebiscito.

Los Cabildos Abiertos son el mejor espacio para lograr el gran pacto nacional que necesitamos, donde la fuerza del pueblo convergerá más que a través de una Constituyente.

En las veredas, pueblos, ciudades, millones de colombianos anhelamos que nuestros líderes actúen con altura, grandeza, conciliando al país –uniéndonos todos- para salir ya de este limbo y reconstruir a nuestra Colombia… ¡en paz!

Así ganamos todos.

Publicado el: 13 Oct de 2016

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Roberto Trobajo
Cubano/Colombiano. Director de Cine y Televisión