¿Es Donald Trump, la reencarnación de Theodore Roosevelt?

Opina - Internacionales

2016-11-26

¿Es Donald Trump, la reencarnación de Theodore Roosevelt?

Estamos todos nerviosos. Hay una sensación de zozobra y de incertidumbre ante el hecho ominoso del triunfo de un sujeto como Donald Trump en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos.

Al igual que en el Brexit y en el Plebiscito colombiano del 2 de octubre, en estas elecciones norteamericanas se ha presentado lo que los latinos resumieron en tres sabias palabras: Insperata saepe contingunt  “Siempre sucede lo que menos se espera”.

Nadie, con algo de sensatez, hubiese pensado que en esos tres procesos electorales, los resultados habrían de contradecir la lógica de manera tan flagrante.

Así, en los Estados Unidos, lo que comenzó como un simple chiste (nadie tomaba en serio al personaje, al punto de que la popular serie de The Simpsons ya había ironizado hace 16 años con su elección) terminó como una tragedia. La historia está llena de nefastos ejemplos.

Y ahora, todos los comentarios apuntan a señalar las similitudes entre la perorata excluyente y xenófoba del flamante presidente electo y los discursos inquietantes del recién designado Canciller del Reich, en 1933.

Y es que las coincidencias son realmente atractivas y electrizantes: el ideal del engrandecimiento americano. La resurrección del imperio; el retorno de la grandeza de la nación, junto con el desdén y el rechazo por los pueblos y las “razas” inferiores, traen a la mente los delirios del orador de München y Nüremberg.

El frustrado pintor de ayer, parecería hablar en las palabras del magnate inmobiliario de hoy: Hitler a través de Trump.

Pero no. La cosa no va por ese lado.

Hitler no fue el resultado voluntarista de un enfermo o de un espíritu del mal, como nos lo ha tratado de vender la historia oficial.

El Führer fue un resultado de su tiempo: Una Alemania derrotada, económicamente arruinada, destruida en su potencial económico. Desarmada por virtud del tratado de Versalles. Recortada en su territorio (toda la cuenca del Rhur le fue cercenada). Humillada en su orgullo nacional. Sometida al escrutinio de los vencedores que cobraban anualmente onerosísimas reparaciones de guerra. Todo eso era una colección de vilipendios que no podía soportar un pueblo que era autoconsciente de haber producido lo mejor del arte, de la filosofía y de la industria de su época.

Esa herida narcisista en la nación alemana clamaba por un líder que rescatara su preeminencia.

Los Estados Unidos de hoy día no han sufrido ninguna derrota militar. Su economía, sin tener el liderazgo de antaño, sigue siendo la primera del mundo. Su moneda compite en los mercados internacionales con lujo de competencia ante las divisas poderosas como la Libra o el Euro, avasalla los signos monetarios de menor entidad y los de países subdesarrollados, y se mantiene como un símbolo de fortuna y riqueza.

Nadie pone en duda el liderazgo político de los Estados Unidos en un mundo contemporáneo, que es, después de todo y a todas luces, unipolar.

Las condiciones históricas son pues bien diferentes.

Entonces ¿en qué consiste el peligro que puede representar Donald Trump?

Básicamente lo peor que se puede esperar de la administración que arranca el 20 de enero de 2017, amenaza al patio trasero del imperio. Lo más grave sería  que se revivivieran los años del “Gran Garrote”, el Big Stick.

Trump es un nuevo Teddy Roosevelt que concibe a América Latina como su patio trasero. Y acaballado en las ideas del quinto presidente de los Estados Unidos, James Monroe, aspira a aplicar  la llamada  Doctrina Monroe, “América (el continente) es para los americanos (los norte americanos)”.

Por eso pretende aislarse de los mexicanos mediante una muralla y generar toda clase de obstáculos para la inmigración, no solo latina sino de otros pueblos.

Pero ahí tendrá que detenerse. Sus bravuconadas racistas, sexistas y machistas serán moderadas por las necesidades del ejercicio del poder. Él sabe que tiene que contar con el respaldo negro y con las mujeres en el Congreso, así éste sea mayoritariamente republicano, para poder sacar adelante sus proyectos de ley, si es que aspira a  contar con algo de gobernabilidad en los años que lo esperan.

En ese sentido, lo que podemos esperar los Latinoamericanos es un endurecimiento de los términos de intercambio comercial, mayor intervención en los asuntos internos de estas repúblicas bananeras. Retroceso en los procesos de apertura frente a Cuba. Endurecimiento de las relaciones con Venezuela y, muy probablemente, un cambio para peor, de la actitud frente a los acuerdos de paz con los grupos armados ilegales en nuestro país, como quiera que los principales mentores del flamante presidente electo en el Estado de la Florida, sean adalides de la emigración cubana de extrema derecha y, por la misma razón, simpatizantes de lo peor de nuestro espectro político.

No creo que el ocho de noviembre se haya elegido a Hitler para llegar a la Casa Blanca. Solo se ha resucitado a Teddy Roosevelt quien solía recomendar: “habla suavemente y lleva un gran garrote, así llegarás lejos”.

Publicado el: 26 Nov de 2016

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Armando López Upegui
Historiador, Abogado, Docente universitario y Maestro en Ciencia política.