Entre el miedo y la esperanza

Opina - Conflicto

2016-10-02

Entre el miedo y la esperanza

Después de escuchar muchos foros y debates sobre el Plebiscito por Paz en Colombia, entre los del Sí y los del No, intentando desentrañar sus lógicas argumentativas, encuentro que los del No acuden sin descanso al legalismo jurídico y al miedo por lo que pueda venir, mientras que los del Sí privilegian la justicia por encima de la norma y nos cambian ese miedo por un optimismo fundado.

Los colombianos, históricamente, nos hemos movido sobre los dos primeros elementos: legalismo y miedo, pues con ello se ha alimentado y perpetuado la corrupción, la inequidad y la impunidad.

Yo, que pasé cinco años en una escuela de derecha, aprendí que nuestra sociedad está llena de esos sujetos que quieren imponernos el rigor de la norma y su interpretación literal (exégetas les llamamos), por encima de la cruda y palpable realidad. Quien privilegia la norma, en este momento que vive Colombia, está preocupado por “salvaguardar las instituciones”, por aplicar las leyes con el mismo rasero, y que prevalezca la condena y la venganza para los enemigos del Estado. Si hay que dejar que “mueran unos cuantos más”, para defender la ley y la democracia, “entonces bien valdrá el sacrificio”.

El miedo, por otra parte, es una de las armas psicológicas y de propaganda más poderosas que han existido en la historia. Un pueblo con miedo, lo sabían Hitler y su ministro de propaganda, Joseph Goebbels, es capaz de justificar los horrores más atroces de una guerra o un exterminio en contra de su propios vecinos, amigos y hermanos.

Salir de ahí es toda una tarea, por eso en todas las conversaciones que dimos por estos días con el ciudadano de la calle, ese que no se leyó, ni leerá los acuerdos, y ese que en general no ha vivido la guerra, prevalece aún el: “¿será que sí?”, “yo no creo, “y si mañana…”, “yo escuche por ahí…”. He ahí la argumentación del miedo.

Imagen cortesía de: humanosphere.org

Imagen cortesía de: humanosphere.org

Las justicia, por su parte, es una conquista diaria, un anhelo que guarda relación íntima con nuestra dignidad humana y que, por tanto, es siempre temporal e imperfecta. Privilegiar la justicia, por encima de la ley, implica transar, ceder un poco, encontrar el justo medio, renunciar a la derrota del enemigo y buscar el mejor acuerdo posible, sin desbordar los límites de lo real.

En cuanto a la esperanza, que se opone al miedo, es un sentimiento que sólo puede albergarse en las almas trascendentes. No es un asunto de superioridad moral, espero se me entienda, pero sí de seres humanos más preparados para la bondad y el perdón, para entender el bien común como máximo ideal de una sociedad.

Aquí, pues, este domingo, no vamos a derrotar a las Farc o a entregarles el país. No vamos a votar por la paz o por la guerra. De hecho, creo que no vamos a votar por la firma de unos acuerdos para la terminación de un conflicto. Vamos a decidir, eso creo, si somos capaces o no de vivir sin miedo. Y según sea el resultado en las urnas podremos adivinar de qué tamaño es nuestro miedo o cuál es la fuerza de nuestra esperanza.

Solo con una esperanza fortalecida y un sí rotundo al final del día, asumo, podremos afrontar los aún más cruciales y complejos días venideros.

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Julio César Orozco
Periodista sin oficio, abogado sin causa, filósofo por vocación, fotógrafo por afición, maestro en formación.