En defensa propia

Opina - Sociedad

2016-06-21

En defensa propia

He tratado de encontrar la forma de expresar todo el dolor y la rabia y el miedo que se me instaló en el cuerpo con la masacre de 50 personas en un bar gay en Florida. He sentido este hecho con toda mi piel, necesité pedir un permiso en la oficina y dedicarme un día a recuperar la compostura, porque en la noche íbamos a hacer el acto de memoria en la Plazoleta de Lourdes en Bogotá y yo era una de las responsables del evento y de lo que ocurriría en tarima.

Como activista lesbiana, como abogada comprometida con los derechos humanos, como ser humano esencialmente, sentí en toda su dimensión una frase que leí hace tiempo: cuando asesinan a alguien me matan un poco, porque soy parte de la especie humana.

Nos duele la muerte de homosexuales en todo el mundo, nos duele la violencia contra las personas  trans y nos duele la gente LGBT desplazada, de sus territorios o de sus familias, en todo el país. Nos duelen todos los muertos, pero saber de cincuenta muertos de una sola vez, es un evento que te golpea de frente y te deja sin aliento.

Después del aturdimiento y la incredulidad inicial, llegó la tristeza. A medida que las noticias confirmaban los hechos, el número de muertos, el asomo a la vida de cada una de las víctimas, los sentidos mensajes de apoyo, los eventos de memoria que se hicieron y seguirán haciendo alrededor del planeta, la tristeza se instaló al pensar en todas esas vidas truncadas por el odio.

Después llegaron la rabia y el miedo, que son una sola cosa. La rabia es la expresión de miedos profundos y sentí, y no dejo de sentir, mucha rabia con tanta gente que no mide sus discursos y que de manera estratégica e irresponsable insiste en ignorar el daño que sus palabras y actos causan, y  cómo ponen en peligro la vida de homosexuales y personas bisexuales y trans.

También alimenta la rabia saber que un hashtag miserable, que decía que matar homosexuales no es delito, se replicó al punto de convertirse en tendencia en las redes sociales o al enterarse de que un grupo LGBT en la Universidad Industrial de Santander puso una bandera del arco iris en memoria de los muertos y que luego esa bandera apareció arrojada en un orinal de la universidad.

Da rabia pensar que muchos que se nombran a sí mismos cristianos, o ciudadanos ejemplares, celebraron la noticia, da rabia que se tolere en silencio la discriminación y que no haya respuestas contundentes desde las entidades para contrarrestar y eliminar las violencias, empezando por las simbólicas, contra las personas LGBT.

Fotografía de Marina Avendaño

Fotografía de Marina Avendaño

Pero en medio de todas esas emociones, empiezan a llegar muchos mensajes, miles, de otra índole. El día del evento de memoria en la plazoleta de Lourdes, un muchacho de 17 años me contó: “en mi familia todos son cristianos, y saben que soy gay, desde el domingo me han estado escribiendo, enviando mensajes de apoyo y diciéndome que un cristiano verdadero no celebra la muerte de nadie.”

Al acto de memoria, que se convocó en menos de dos días, acudieron cientos de personas que se sintieron llamadas a estar ahí, llamadas a compartir la tristeza y el dolor. Se veía preciosa la plazoleta llena de luces de velas y llena de gente, mucha que nunca había participado en ningún evento de reivindicación de derechos, gente que ha aprendido que incluso en muy altos cargos de poder en este país, se corre el riesgo de ser discriminado por ser homosexual.

Fotografía de: Marina Avendaño

Fotografía de: Marina Avendaño

Algunas personas acudieron con sus familiares, porque cada vez más las familias entienden que ser homosexual no es fácil y que la primera tarea de un papá o una mamá amorosos y responsables, es apoyar y cuidar a sus hijos, para ayudarlos a protegerse del odio y de la discriminación. Todos y todas reunidos con la convicción de que unirse a sentir la tristeza, es una manera de conjurar el miedo y la rabia. Gente que gritó a una sola voz: “ante la muerte, vida”.

El mayor homenaje que puede hacerse a las víctimas de la homofobia es seguir en la tarea de denunciar la homofobia. Denunciar la violencia de los discursos, exigir la responsabilidad sobre sus palabras de quienes insultan, hacen chistes homofóbicos, recogen firmas y hacen afirmaciones falsas sobre nuestra forma de vida. La mejor manera de honrar la vida de los que han muerto por causa de la homofobia, es trabajar para que cada día este sea un mundo más respetuoso de las diferencias.

El evento del miércoles empezó con una frase del poeta Mario Benedetti: “Cuando los odios andan sueltos, uno ama en defensa propia”. Así que vamos a amarnos en defensa propia, a amar nuestros cuerpos vestidos o desnudos en las marchas, a amar nuestros gritos por la igualdad, a amar lo que somos y lo que hemos llegado a ser a pesar de todas las adversidades y vamos a seguir enviando un mensaje que suena a cliché, pero que resulta muy poderoso: ante el odio, nuestra respuesta es un amor que se impondrá sobre todo.

Publicada el: 21 Jun de 2016

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Elizabeth Castillo
Mujer. Lesbiana. Mamá. Abogada. Activista. Feminista.