El paro de maestros es una perdedera de tiempo

Opina - Educación

2017-05-28

El paro de maestros es una perdedera de tiempo

Todos los paros de los maestros, más allá de la connotación mediática y de las frases hechas que se repiten de lado y lado, dejan desde su génesis hasta su conclusión grandes enseñanzas. Mientras para unos sectores de la población el paro es otra de las reiteradas pataletas de los maestros, para otros sectores es el medio por el que se hacen justas reclamaciones a un Estado que ha hecho de todos sus descuidos históricos un paisaje inmutable.

La enseñanza que parece dejar a los primeros –como se le escuchó decir a algún analista– pasa por la necesidad de afinar la chancleta para que dejen la “bulla” y se comporten como tiene que ser; mientras que, para los últimos, las enseñanzas pasan por otras dimensiones visibilizadas en el deber y el derecho de exigir garantías sociales y educativas, así como la posibilidad de reflexionar acerca de quién nos educa, para qué nos educan, cómo nos educan y a qué intereses responde dicha educación.

El paro tiene un contenido altamente educativo. El aula actual es la calle; lo que dicen los padres y madres de familia, el estudiantado, el profesorado, la ministra de educación, los mismos afiches y pancartas, hacen las veces de textos para leer, comprender y criticar; los medios de comunicación se asemejan a los libros de texto cuyo contenido ya es previsible; las marchas son salidas pedagógicas en las que los conceptos educación, financiación, pública, escuela, adquieren mayor sentido.

El paro, paradójicamente, contiene trazos de aquella escuela activa y crítica a la que la pedagogía popular exhorta. Es por eso que, a los ojos de nuestros gobernantes, el paro es una perdedera de tiempo: porque enseña mucho aunque las aulas estén vacías o mejor, por su peligroso contenido educativo que trasciende el currículo oficial.

A propósito de la Ministra de Educación ya sabemos que no fue elegida propiamente por los conocimientos que pueda tener en educación y pedagogía -con todo lo que implica este saber- sino por su experiencia en el manejo de recursos a favor del establecimiento y en el mantenimiento del statu quo, por eso no es casualidad que en las últimas dos décadas en Colombia hayan pasado abogados, ingenieros y economistas por dicho ministerio. Realmente deberíamos considerarlos ministros de escolarización- como bien diría Carlos Calvo-o ministros de la cartera de educación, pero jamás, óigase bien, de educación.

La educación, lo han enseñado todos los paros de maestros y todos los gobiernos, ha sido una eterna promesa de campaña, una rendija por la que “se van” los recursos, un campo en el que el dinero se debe administrar con “inteligencia” o simplemente el resultado de unas pruebas, pero nunca ha sido considerada desde su verdadera esencia: como un proyecto cultural.

Para el pedagogo Paulo Freire la educación es un acto político en el que se hace necesario la corporificación de las palabras, es decir, como reza la sabiduría popular: que el ejemplo sea viva imagen de las palabras. Que lo que se diga sea cuerpo. En la obra Carta al padre de Franz Kafka hay un fragmento en el que puede leerse el reclamo de un hijo hacia su padre debido a ciertos comportamientos que este tiene al sentarse a comer: morder los huesos, sorber el vinagre, cortar el pan con un cuchillo bañado en salsa.

Imagen cortesía de: Publimetro

Pero lo que realmente incomodaba al hijo no era la forma de comer de su progenitor, sino la incoherencia entre las enseñanzas de su padre y lo que en efecto sucedía en la mesa. Mientras el padre gobernaba en la mesa bajo leyes inquebrantables creadas e impuestas a su antojo, él mismo hacía cosas contrarias a sus palabras.

Acudo a este interesante texto para indicar que los gobiernos – todos los que he vivido- dicen una cosa pero sus acciones las contrarían. Ni el gobierno de turno ni ninguno ha corporificado sus palabras. La educación ha sido maltratada, la pedagogía igual. ¿Cómo pretender que no existan paros de maestros, si la educación no es ni ha sido un asunto primordial en las políticas de Estado? ¿Cómo pensar en alcanzar aquella “mayoría de edad” -enunciada por el filósofo Kant- cuando los gobiernos no invierten en educación? ¿Cómo salir de la pobreza si las oportunidades no están hechas para los desposeídos, para los no exitosos? ¿Cómo no “perder” el tiempo en las calles si la verdadera pérdida (social, educativa, económica) ya viene sucediendo?

El paro de maestros enseña que la educación no es una simple vasija que se llena con cualquier cosa y que como proyecto cultural requiere de una verdadera inversión para la construcción de un mejor país pensado desde todas las gentes; que la calle también educa cuando se prefigura adecuadamente; que el ministerio es de escolarización y a quien se elige generalmente es un burócrata- iletrado pedagogo; que el tiempo “perdido” implica esperanza; y que realmente se educa con el ejemplo, lo demás es demagogia.

Cierro con el poema de Maiakowski para legitimar la perdedera de tiempo de los maestros:

La primera noche, ellos se acercan y toman una flor de nuestro jardín. No decimos nada.

La segunda noche ya no se esconden, pisan las flores, matan nuestro perro y no decimos nada.

Hasta que un día, el más frágil de ellos, entra solo a nuestra casa, nos roba la luna, y conociendo nuestro miedo, nos arranca la voz de la garganta, y porque no dijimos nada,
ya no podemos decir nada.

 

( 4 ) Comentarios

  1. Profesor: interesante artículo, inspiradoras sus palabras y bello poema. Gracias!!

  2. ReplyLiliana Marulanda

    uffff….Que buenas palabras

  3. Respetado Marco Fidel: sus palabras llegan cargadas de sabiduría y son como bálsamo en este momento tan decisivo para la garantía de los derechos de la educación en este país.
    Solamente le digo gracias por contemplar la realidad desde este lado de la mesa.

  4. La educación vista desde el ejemplo, llama a pensar no sólo en las instituciones, sino en la familia.. a caso los padres hacen paros para exigirle al maestro unas clases de calidad ? Por qué los estudiantes no hacen paro para exigirle a sus maestros que preparen las clases, como un producto mínimo de un sueldo?
    En fin mucho que reflexionar de parte y parte…

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Marco Fidel Gómez Londoño
Profesor e investigador. Magíster de la Universidad de Antioquia.