El caos como propuesta de país

Opina - Política

2017-06-16

El caos como propuesta de país

Se han salvado 2.500 vidas gracias al cese del conflicto armado con el grupo guerrillero más grande y poderoso del país, el Hospital Militar Central, en Bogotá, ya no recibe heridos en combate, miles de personas han descubierto, por fin, lo que es pasar una noche en paz, sin estar pensando a qué horas una bala asesina acaba con sus vidas o con las de sus familiares; las Farc entregan las armas (ya van en el 60 % del armamento dejado a la ONU y en pocos días culminarán ese proceso), muchos excombatientes empiezan a legalizarse y comenzarán a trabajar con el Estado.

En fin, hay señales de esperanza que se podrían traducir en el inicio de un país mejor, pero, como siempre, al uribismo, a Ordóñez, a algunos godos más godos que él, y a otros que dicen ser liberales, nada les gusta.

Es como si realmente a esos compatriotas les encantara el caos, el desorden, la guerra, las fricciones entre unos y otros, la polarización. De ese rechazo a todo, quieren construir país, quieren, con sus infaltables mentiras, manipular a los incautos, a los medios, a los dudosos, para conseguir los votos necesarios para retornar o llegar al poder en el 2018.

Nada los hace sentir vergüenza. Mientras más mentiras digan, mejor. Hablan mal, y falsamente, del país en el exterior, despotrican de los avances que hay en la nación y sucumben ante la reconciliación, el perdón y la concordia.

No los emociona nada, nada los inspira, a no ser llevarle la contraria al Gobierno, odiar a las Farc y estigmatizar a quienes desean la paz. Viven de pero en pero, de excusa en excusa y de reparo en reparo. Asustan, producen miedo, no solo con sus teorías sobre el desastre sino, sobre todo, con sus enfermos seguidores que no tienen respeto, ni recato, ni pudor, ni escrúpulos para mandar callar a alguien, a las buenas o a las malas.

Pareciera que quieren una Colombia violenta donde las armas que hoy se entregan vuelvan a asesinar inocentes, o donde las legítimas armas del Estado sean usadas para silenciar diferencias. Añoran la fuerza, el grito, la amenaza.

Se dejan seducir, y seducen, con el autoritarismo, la tradición, el statu quo y la ley del más fuerte, del más vivo, de la venganza y la retaliación.

Así quieren gobernar, con esos principios y con esas directrices. Ese es el país que añoran. Y son muchos los que los siguen obedientemente porque Colombia se acostumbró a la violencia, y la paz, la tranquilidad, el regocijo, no son bienvenidos.

Quieren un país entregado al conservadurismo. Un nación, en donde ellos son patriotas, en donde prime la revancha, el castigo, el ojo por ojo, el diente por diente y, si pudieran, la pena de muerte. Esa es su justicia. Su misión, ahora, parece ser infundir temor, llenar de pánico y de indignación a la gente, no solo para que salga a votar berraca, como lo aupó Juan Carlos Vélez en el plebiscito, sino para “pordebajear” los esfuerzos de un país que quiere llegar a ser moderno y para erigirse como los salvadores y como los que tienen las soluciones a la mano. ¡Y muchos les creen!

Imagen cortesía de: BBC

Escudriñando por internet, en donde se encuentra basura, pero también se descubren textos valiosos, hallé estos dos, que con su permiso, me permito citar, porque creo que para el caso colombiano en cuestión, caen como anillo al dedo.

Dijo, acertadamente, el politólogo español Losu Perales, en artículo de 2015: “La teoría del caos propone alentar y organizar conflictos violentos innecesarios, crisis económicas y/o sociales, con el fin de generar una inseguridad ciudadana insoportable que pueda ser canalizada hacia el acoso y derribo de un Gobierno. A nadie que tenga un razonable sentido común se le puede escapar que algo o mucho de esto está ocurriendo en Venezuela, Brasil, Ecuador y en El Salvador, (y hoy, en Colombia, digo yo) de manera simultánea además. Cambian las agendas y los actores pero la finalidad es la misma que ya describió el historiador alemán Paul H. Koch: la estrategia del caos como medio para lograr el poder y control económico de las sociedades, de los estados”.

Y el comunicólogo (término posmoderno y rebuscado que detesto, pero respeto) Andrés Simón Moreno anotó: “En las sociedades, el caos comienza como una ‘crisis de percepción’. Lo que parece no necesariamente es ‘lo-que-es’ y la percepción se convierte en la realidad para los perceptores. Esa situación, en la que tienen mucho que ver los ‘agentes’ ductores y manipuladores de la opinión pública, la llamamos ‘vórtice social’, que como los vórtices que se suceden en la naturaleza, es un sistema aparentemente desordenado pero que en conjunto representa un orden distinto, inesperado, fatal para el statu quo en muchas ocasiones. El vórtice social se presenta, bien de manera espontánea por acumulación social de pequeños cambios, bien de manera accidental o provocada por variables endógenas o exógenas”.

Eso es exactamente lo que buscan los temibles y temidos líderes de derecha, y también de izquierda, que con sus fanatismos han optado por destruirlo todo, así todo no esté destruido, con tal de conseguir seguidores que los alaben, los ensalcen y los glorifiquen como mesías y elegidos que es lo que verdaderamente se creen. Con tal de conseguir la Presidencia.

¿Qué Colombia no tiene problemas? Pues claro que sí, y muchos. Ahí están los recientes paros, las huelgas generalizadas, las injusticias rampantes, la pobreza, el abandono de los más pobres, la inequidad, la corrupción y cientos más que, en parte han sido descuidados por este Gobierno, pero que en su gran mayoría han sido heredados de gobiernos anteriores y a través de la historia, sin que ninguno haya tenido la auténtica voluntad de solucionarlos de raíz.

De esos gobiernos que hoy quieren volver al poder a punta de engaños para seguir haciendo lo mismo de toda la vida, es decir, para continuar eternamente con los problemas de siempre.

Lo sorprendente es que cuando un Presidente se las juega, todas, por la paz, por algo nuevo, por un país distinto y mejor, baja su popularidad y es objeto de la más absurda y ponzoñosa oposición. Y sorprende, porque aunque muchos digan que quieren la paz, los hechos demuestran lo contrario.

Vendrá el momento de hacerle un balance a este Gobierno del presidente Santos, pero desde ya, sin miedo y sin pudor, puedo asegurarles que pasará a la historia como alguien que intentó, a toda costa, pacificar un país, bajarle al odio y apostarle al apaciguamiento de la venganza y del rencor.

Sus equivocaciones también pasarán a la historia, ni más faltaba. Tendremos la capacidad de decir que se equivocó en muchos frentes, pero también la dicha de afirmar que acabó con la guerrilla que Uribe no pudo exterminar, y le dio paso a su palabra sepultando, para siempre, sus armas, esas que causaron dolor, desolación y muerte a la patria.

Por si acaso, las disidencias, las ‘bacrim’ y el Eln, si no entiende el momento histórico, que se atengan a la persecución legítima de la cual deben ser objeto por parte de las Fuerzas Armadas del Estado.

 

Adenda: ¿Hasta cuándo Colombia tendrá que seguir viendo los siempre recurrentes paros de maestros? ¿Hasta cuándo un gobierno que trate bien a los profesores para que esos paros sean cosas del pasado? ¿Hasta cuándo un sindicato que entienda que las peticiones no pueden ser desbordadas ni estar por fuera del ámbito de los Ministerios de Educación y de Trabajo ni por encima de la ley?

 

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Mauricio Galindo Santofimio
Comunicador social - Periodista, docente universitario. Subdirector de Esfera Pública.