El brillo de sus ojos

Opina - Emociones

2016-06-10

El brillo de sus ojos

En una convocatoria psicopedagógica del Colegio en donde estudian mis hijas, con tintes de auto exorcismo colectivo, la jornada cerraba con la siguiente pregunta: ¿Cómo se imaginan a sus hijas dentro de 20 años, cuando lleguen y toquen a su puerta?

Obviamente los lugares comunes llegaban como cataratas: que sean felices, que sean exitosas, buenas personas, no faltó el cliché de los hijos y casadas…

Nada más subjetivo que definir felicidad, éxito, buenas personas, ¿matrimonio e hijos?; ¿quién puede decir que un mafioso no es feliz cuando saca la competencia del camino en ataúd? O que ese mismo mafioso se siente exitoso cuando corona, lo que sea, porque en el ocio loco del poder desmedido cualquier excentricidad es válida.

¿Personas de bien? Este país está lleno de personas de bien y ‘buenos muchachos’ que fueron a las mejores universidades del mundo, haciendo mangualas mafiosas de alto nivel para manejar el precio del papel higiénico, los pañales, los cuadernos, el azúcar, los subsidios de Agro Ingreso Seguro y tantas otras cosas más como negociar las tutelas, cualquier reparcheo de una calle de pueblo paupérrimo en Colombia, los desayunos escolares y un infinito etcétera. Eso sí, van a misa y nuca se confiesan, porque el fin justifica los medios.

Pero bueno, ese era el ejercicio, que supiéramos que el colegio está sintonizado con nuestros deseos, que halamos para el mismo lado, que somos un equipo todos los de Primer Grado.

Mi respuesta fue la del desubicado, seguramente en alguna casa seré ‘el loco ese’, dije: yo quisiera verle el brillo de siempre en sus ojos.

    –    ¿Cómo así?, me dijo una ‘colega’ Mamá y se auto respondió: ¿el de la inocencia?

    –    La inocencia cada día la va perdiendo, pero no necesariamente el brillo en los ojos. Quiero verle siempre el brillo en sus ojos.

Después de un rato y de seguir en círculo el sondeo, dijo la misma señora: me quedé pensando en lo que dijiste y sí, una sobrina mía es muy exitosa pero no tiene vida. Su familia sufre mucho por ella.

A lo que le respondí: todo nos empuja a repetir los mismos patrones: éxito, dinero, fama, “felicidad”, somos nosotros los que tenemos que tener conciencia que la vida puede ser diferente. Por ejemplo, ¿por qué cuando las niñas están más frescas y lúcidas en la mañana no hacen los extracurriculares? ¿Acaso no es eso lo que les gusta, lo que les gustaría ser?

Me miraron asombrados, como estando de acuerdo, pero con la incomodidad que genera el que cuestiona el statu quo.

“Ah, y el papá de María José dijo algo que nos apreció muy bonito: que se le vea el brillo de los ojos”; con ese resumen terminó la disertación el subgrupo con el que me correspondió compartir. El foro me miró con ternura.

Dicen que ‘los ojos son el espejo del alma’, los que tenemos ese don de conocer y leer bien a la gente lo sabemos. Esos ojos, que en el amor o en la vida, te dicen mucho más que un ‘no me pasa nada’, o que un silencio ensordecedor que oculta quién sabe qué.

Y al ser Papá, Dios me dio un regalo transparente y puro, para el gozo o la angustia: el brillo de los ojos de María José, que si en mí estuviera, haría lo que fuera para que nunca lo perdiera. Pero la poca madurez que puedo tener, me dice que el brillo de sus ojos, dependerá, dentro de poco,  solamente de los pasos y decisiones que tome ella en su vida.

Hace mucho tiempo que creo cada vez menos en lo que me dicen, en lo que me cuentan, en lo que no veo, leo, o escucho. Y como el buen ocioso que puedo ser, he estado tratando de aprender a ver la coherencia de las risas, la ropa, el dinero, las fotos, los gastos, el genio, la vanidad y quién sabe qué cosas más, con la felicidad. Hay un sitio maravilloso para eso, un café de centro comercial, en el que en las horas de los desocupados 10:00 a.m. y 3:00 p.m., ve uno llegar mujeres exquisitamente arregladas, con olores que compiten con el de mi espresso, de lejos presumiblemente felices, exitosas, buenas personas, algunas madres y otras inclusive abuelas; de cerca, sin brillo en sus ojos, opacos.

eyes-1149968_1280Sus cuerpos, además, rígidos del estrés, como delatando una vida encasillada, lejos de lo que realmente les gusta, de lo que alguna vez fueron sus extracurriculares, físicos, intelectuales o mentales. A ese sitio le digo la oficina, y cuando tengo tiempo, desbordo el ejercicio morboso  de ver la felicidad (sea el motivo que sea el que lo genere) en los ojos.

Sigo pensando que ese brillo es vida, ilusión, esperanza, proyectos, deseo, amor, felicidad, curiosidad, ganas –de lo que sea, pero ¡ganas!–. Qué lindo sería medir nuestros días por el brillo de nuestros ojos y el que le producimos a quienes amamos.

Publicada el: 10 Jun de 2016

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Juan Camilo Duque Cruz
Tulueño, Comunicador Social. Padre de María José y Valentina. Experiencia en RRHH y Ventas Corporativas.