Dilatar y dilatar hasta crear el problema

Opina - Política

2016-10-24

Dilatar y dilatar hasta crear el problema

Una indecible enfermedad carcome la sensatez del pueblo colombiano (bueno, la minúscula parte del pueblo que depositó su monosílabo en esa decisión trascendental). Juan Carlos Vélez destapó los artilugios con que los del No atraparon a los votantes: mentiras, hipérboles, tergiversaciones, sofismas: lo de siempre.  Y Uribe sigue mintiendo, tergiversando, engañando, posando, y el pueblo -o esa parte del pueblo- sigue creyéndole (¿?).

El supuesto deseo de paz se esfuma con las propuestas o las imposiciones que ha presentado el Centro Democrático. Es obvio: están haciendo todo lo posible por dejar que el 2018 sea el año donde se defina todo. Y entonces más mentiras, más sofismas, más cinismos, y el pueblo ahí. “Es que aquí no hay guerra”, dice desde la comodidad cierta gente. No, no hay guerra, pero ¿y las millones de víctimas qué?

El horizonte se nubla con el pasar de los días. Lo que era lozano, ahora es gris. Uribe y su jauría siguen en su cinismo. Sus propuestas no tienen deseo de “pacto nacional”, sino de dilatación presidencial. Y la ausencia de rigurosidad de los medios alimenta su grandeza y su “triunfo”. Pero, un momentico, ni todos los del No son Uribistas, ni la victoria fue contundente; no puede serlo: menos de la mitad de la población sufragó.

Y el país no está dividido ni fragmentado, como quiere hacerlo ver el discurso oficial. Está sumido en la guerra del diario vivir, indignado porque sube todo, menos el salario.

La incertidumbre impera y la Reforma Tributaria amenaza. El tiempo va despejando las brumas de aquel oscuro domingo. Entendimos que la buena fe de Parody fue aprovechada por las altisonantes cofradías que le hicieron creer a sus adeptos que se iba a deformar la familia con la “ideología de género”; entendimos que la destitución de Ordóñez fue un favor a los de la campaña del No, aprovechada para cimentar la confusión y erigir al exprocurador como un mártir político que a pesar de todo seguía en la lucha dizque democrática; entendimos que el miedo de la élite terrateniente era hacer de ese primer acuerdo -ese catastro al que tanto le huyen- una realidad.

Y reafirmamos. Reafirmamos que, como bien lo dijo Melo, la calidad de una democracia depende mucho de la calidad de los medios. Y es que el maniqueísmo histórico no se podía remediar en cuatro años, o en esas semanas en la que las grandes empresas informativas se subieron al bus de la paz. Ni siquiera tuvieron la decencia de inquirir al entrevistado uribista –cuando lo tenían en micrófono o en pantalla– por qué decía que se le iba entregar el país al castro-chavismo. Es más, no se tomaron la molestia de explicar en qué consiste tan pomposa teoría. Nada. Complacientes y tímidos ante el entrevistado, que aprovechaba la tribuna mediática para posar, pontificar y hacer verosímiles sus mentiras.

Y volvimos a reafirmar lo despreciable. Mientras esa parte del país que dijo Sí trataba de asimilar el negativo triunfo, los líderes de algunos partidos se enredaban en bizantinas discusiones. Que los de la Costa no votan sin mermelada, que Serpa perdió en su casa, que Vargas Lleras se subió muy tarde. Y pensar que esta fauna legisla…

Se acerca 2018, y lo están haciendo bien; presentando propuestas que de antemano saben que serán rechazadas. En eso consiste el juego: en decir que ellos tienen la intención, pero el presidente les quiere hacer conejo. En izar la bandera del triunfo como si fuera tal, de ellos, y no de un país que no le cree ni al gobierno, ni a las Farc y un más de 60 por ciento que no sabemos si le interesa o no.

Cuidado, que Goebbels lo sentenció hace un buen tiempo: “La guerra hace posible la solución de algunos problemas que no se pueden resolver en tiempos de paz”. Y ellos saben que los acuerdos y el proceso en general lo pueden plantear como eso: un PROBLEMA que toca liquidar.

Publicado el: 24 Oct de 2016

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Jaír Villano
Escritor y periodista vallecaucano.