Del Transmilenio y otros demonios

Opina - Sociedad

2017-03-18

Del Transmilenio y otros demonios

Antes que nada hay que empezar hablando de los 200 pesos de más que se van a cobrar en las próximas semanas en el pasaje del Transmilenio. ¿Es justo que le aumenten tanto al precio del pasaje si no hay mejorías dentro del mismo? Si yo supiera que ese dinero va para el sector público (y no para el privado como ya lo sabemos) y se va a utilizar para mejorar el sistema, hasta aceptaría ese aumento; sin embargo, el asunto del Transmilenio sigue sin cambiar y por ende la situación es cada vez más desalentadora.

Lo que se vive a diario en las distintas estaciones de Transmilenio en Bogotá podría representar una especie de infierno donde el caos, el desorden y la cultura de “tocó a las malas” imperan en varias horas del día. Pero para que se hagan una idea de los demonios que se presentan hablaré por un lado del Transmilenio y por otro lado de las personas que hacen uso de este medio de transporte. Hablaremos entonces del Transmilenio vs los usuarios.

Transmilenio: estaciones mal planificadas. En el caso de la estación de la Clínica Shaio hay un vagón donde en la misma entrada se esperan buses para el norte y el sur de la ciudad. Esto genera congestión y desorden porque en ocasiones la gente que está en frente no permite la circulación de las personas dado que su bus no ha llegado y les molesta perder su puesto para entrar.

Otro caso es la desproporción entre las estaciones. Un ejemplo es el de la Calle 146 y Mazurén. Aunque no esté mal la ampliación de las estaciones, si resulta extraño que ambas estaciones estén a tan solo una cuadra de diferencia y que una (Mazurén) tenga casi el triple de espacio que la otra (Calle 146). ¿Acaso las estaciones no deben estar más separadas y no deben ampliarse aquellas donde hay mayor flujo de usuarios?

La gente: A pesar del control y el aumento de guías pedagógicas para evitar a los colados, vemos que a diario muchas personas arriesgan su vida atravesando una avenida para evitar el pago del pasaje. Parte de la cultura ciudadana y del progreso social y cultural nace en acciones como respetar a la ciudad mediante el pago de nuestro pasaje de Transmilenio. Puedo llegar a comprender que no da mucho ánimo pagar para que lo empujen, manoseen y demás hechos incómodos, pero su ciudad no se va a arreglar si desde usted mismo no propone ser transparente y comprometido con las mejores de la ciudad.

Transmilenio: Vías y losas en mal estado. ¿Cómo quieren que no haya accidentes y que los buses se mantengan en buen estado cuando las vías están llenas de huecos y las losas están vencidas? Este elemento deja ver la falta de visión y preparación del Sistema Transmilenio, pues en cualquiera de las rutas en las que usted pasa cotidianamente va a toparse con varios sobresaltos y “totazos” de los buses porque, infortunadamente, estos no tienen como esquivar una losa rota que no duró los 20 años que se tenían pactados.

La gente: ¿De verdad es tan difícil coordinar para que unos salgan y los otros entren? Tanto en las estaciones como en las puertas se presenta el conflicto de siempre sobre dar el paso para que unos salgan y los otros entren. Esta actitud que resulta tediosa refleja, por una parte, el afán de muchos que los vuelve agresivos e intolerantes, por otra parte se muestra esa actitud desafiante de “primero yo y que los demás esperen”.

Si en verdad empezamos a practicar eso de hacer la fila a mano derecha para abrir espacio y así mismo movilizarnos más fácil, de seguro lograremos una optimización de tiempo y una molestia menos con el roce y el empujón del que está detrás de mí.

Transmilenio: Descoordinación de tiempos en los buses: No solo es la falta de articulados sino también el tiempo en que estos llegan a las estaciones más congestionadas y que conectan varios puntos de la ciudad. Si en hora pico es donde se presenta mayor afluencia de personas pues lo natural es que los buses lleguen en intervalos de tiempos que no sean mayores a los 10 minutos, inclusive sería mejor que fuera menos.

Pero pasa que hay personas esperando 20 o 30 minutos un bus que va a llegar lleno y que por ende los retrasa a la hora de llegar al trabajo o de llegar a descansar a los hogares. Aquí hay que procurar mejorar el tiempo y uso de las rutas más utilizadas para evitar el sobrepeso en los articulados y los amotinamientos en las estaciones.

La gente: Resulta agotador iniciar y terminar la jornada en un bus o en una estación donde la gente empuja y desafía a otros a todo momento. Hay que dejar de actuar como bestias y darle un espacio al que está a mi lado o al frente, tanto él/ella como yo, queremos un espacio prudente y un medio de transporte donde no me estén empujando o manoseando para poder pasar.

Imagen cortesía de: 360Radio

Hay que bajarle al estrés y no descargar nuestra ira con los demás, de seguro si dejamos de desquitarnos con el desconocido y aprendemos a tolerar al otro podremos hacer más ameno el recorrido.

Aclaro entonces que la idea no es generalizar, he visto personas que respetan la fila, el espacio y el uso del Sistema Transmilenio; pero infortunadamente son más los que contribuyen a mantener los demonios en los articulados que los que deciden actuar con tranquilidad y tolerancia.

Y es que aunque Transmilenio tiene varios inconvenientes que si bien no justifican las actitudes agresivas de algunos usuarios, sí genera indudablemente algo de estrés y desidia, especialmente en las horas donde todos entran y salen de trabajar y/o estudiar.

Sí de pronto se escapa alguna problemática, alguna estación o alguna ruta, lo invito a que comente y comparta esta opinión, quizá recordando entre nosotros los problemas que tenemos en la ciudad podremos generar algo de consciencia para mejorar la convivencia y la calidad de vida de nosotros los demás.

Jorge Andrés Osorio
Estudiante de filosofía y letras. Interesado en reconstruir historias y narrar al país desde el periodismo. Trabajo temas en cultura, sociedad, memoria, conflicto y literatura.