Del sicariato al taxismo

Opina - Sociedad

2016-05-06

Del sicariato al taxismo

En el marco del Festival de la Leyenda Vallenata, en esta ocasión en su edición 49°, todos los vallenatos aprovechamos para disfrutar de la inmensa y  paradisíaca belleza de nuestra cultura vallenata y su folclore. Son muchos los planes que ofrece la capital mundial del vallenato a propios y foráneos para el disfrute de la fiesta vallenata más grande del mundo, concursos de acordeoneros, piquería y canción inédita, baile de piloneras, conciertos musicales, parrandas vallenatas, eventos gastronómicos y un montón de cosas más que embellecen más de lo normal el Valle del Cacique Upar.

Lo que nunca me imaginé fue que en medio de las festividades de mi terruño fuera a experimentar lo que en esta columna les voy a contar.

Todo comenzó a eso de las 4:40 a. m. del domingo primero de mayo. Después de disfrutar del último día del Festival Vallenato llegó la hora de regresar a casa, así que me dispuse a tomar el taxi junto con otros amigos.

En medio del recorrido conversaba con el taxista acerca de distintos temas como inseguridad, delincuencia, consumo de alcohol y los efectos que producen estos tópicos en los seres humanos y la sociedad. Charlamos más o menos durante un lapso de 30 a 40 minutos mientras dejábamos a otros amigos en sus casas, solo faltaba yo por llegar a mi destino. De repente el taxista prende la luz interna del carro, me enseña su cuello y me dice: “Yo estoy vivo de milagro, esto es un tiro de escopeta que afectó mi yugular interna y externa, aquí hay 129 millones de pesos en cirugía”. A lo que le respondí que eso sí que era una prueba de que Dios es grande y que las segundas oportunidades si existen, él me siguió contando: “Este tiro me lo pegaron borracho en Barranquilla, y como quien me lo pegó me dejó vivo, yo lo jodí. Duré 7 años en la cárcel la Tramacúa. Yo sufría de delirio de persecución, le disparaba a la gente estando borracho. Mijo, yo fui delincuente y no cualquier delincuente, yo fui sicario, yo fui el famoso Orlán de la zona negra de Barranquilla”.

Cortesía La Razón

Cortesía La Razón

Pude sentir en su voz lo duro que ha sido la reinserción social para él, pero a la vez sentí una voz nueva y oxigenada llena de satisfacción por haber salido de ese mundo oscuro y temible para reinventarse e intentarlo de nuevo, por eso decidió quedarse en Valledupar y dejar en Barranquilla los malos recuerdos.

No dudé en comentarle a Orlán que estudio Derecho y que soy columnista en el periódico El Pilón y en Con la Oreja Roja y que quería saber si podía escribir algo sobre su historia porque la verdad que me pareció una clara muestra de que la pena de la que habla el Código Penal colombiano sí puede llegar a cumplir sus funciones, dentro de las que se encuentra la resocialización del sujeto infractor. Su respuesta fue un sí, expresando que no le daba pena reconocer su errores del pasado y que la gente supiera de ellos, entonces me dijo: “mi nombre es…”, pero le aseguré que no era necesario, que no utilizaría su nombre.

Cuando llegamos a mi casa le expresé nuevamente lo bueno que  había sido para mí escuchar su testimonio de vida y haber conversado con él. Me dio su número de teléfono para que le avisara cuando saliera publicada la columna, dijo que a él le gustaría leerla. Me bajé del taxi, comencé a mirar hacia todos lados para cerciorarme que no hubiera nadie extraño para luego entrar a mi casa, sé que él lo notó y estas fueron sus palabras: “Bendiciones, tranquilo, entre que yo espero”.

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Camilo A. Pinto Morón
Estudiante de Derecho U. de Santander - Columnista de opinión en @El_Pilon & @ConlaOrejaRoja | Criticas y opiniones personales. E-mail: camilopintomoron@gmail.com