¿De qué sentirse orgulloso cuando se es gay?

Opina - Sociedad

2017-07-05

¿De qué sentirse orgulloso cuando se es gay?

Durante el mes de junio, cuando se entraba a la página personal de Facebook, esta, además de las múltiples publicaciones y de las opiniones de los contactos que se tienen, recordaba que este mes es el del orgullo gay. Incluso la red social propuso un marco para la foto de perfil en apoyo a la comunidad LGBTIQ y también generó una reacción que se sumó a las de “me gusta”, ”Me encanta”, etc. Esta reacción era la del Orgullo y estaba simbolizada con una bandera del arcoiris.

De alguna forma, la red social más grande del mundo se unía a la celebración y hacía evidente su apoyo al orgullo gay. En 2017 hasta esta red social se siente orgullosa de las existencias diversas. Y a Facebook habría que agregar muchas otras empresas, como por ejemplo Bancolombia y su campaña de reconocimiento de familias diversas. Desde hace un tiempo hay muchas voces que se atreven a sentirse orgullosas de apoyar la comunidad LGBTIQ.

Si bien esto parece evidenciar un escenario en el que cada vez se acepta y se integra más la comunidad LGBTIQ, no deja de ser llamativo que al mismo tiempo se viva un momento en el que la aceptación de la diferencia no parece ser lo más común. Además de los casos extremos de Rusia y Chechenia, en Colombia, Chile, Perú y otros países de la región, las vidas de las personas con sexualidades diversas siguen estando en peligro.

Paralelamente al avance en derechos que garanticen el trato igualitario, y al apoyo a la comunidad, ha crecido el número de seguidores de grupos religiosos que no tienen ninguna vergüenza cuando se trata de expresar su molestia con la obtención de derechos de la minorías sexuales. Solo hay que recordar las marchas de 2016 en Colombia, en contra de las cartillas que el Ministerio de Educación había hecho para implementar la educación en colegios sobre la diversidad sexual, que costaron la salida de la ministra. Por lo tanto, el creciente apoyo tiene una contraparte muy relevante.

Pero en este mes del orgullo, muchos han salido a dar su aliento a los hombres y mujeres gays, travestis, transexuales, transgénero, bisexuales, a los rarit*s, en definitiva, algo que no siempre ha ocurrido. La pregunta inicial que habría que hacerse es la siguiente: ¿de qué se siente orgullosa una empresa o compañía (Facebook por ejemplo) cuando apoya el día del orgullo gay? En el caso de Facebook ¿cómo es que una red que nos ha llevado por una suerte de homogenización y mecanización de nuestras reacciones puede exponer el valor de la diferencia que se supone tiene cada una de esas existencias diversas? El ejemplo de Facebook es solo una muestra de lo que parece también puede llegar a convertirse el día del orgullo gay, una forma de ampliación del mercado.

Hay que aceptar que el consumo gay se ha convertido en un índice importante para muchas empresas, por lo que este apoyo no solo es un agradecimiento por el aumento de consumidores sino una estrategia con la que se espera sostener ese mercado. De lo que se siente orgulloso Facebook es de acompañar a las población LGBTIQ en su constitución como sujetos más de consumo.

A partir de esto no solo habría que preguntarse qué significa el orgullo que siente Facebook, sino qué se quiere decir cuando alguien celebra el orgullo gay. Esta pregunta parece conducir a un lugar común, el de que hay que volver a los orígenes de las manifestaciones de Stonewall para no dejar perder la potencia y el significado de la celebración. Y efectivamente es necesario volver la mirada a esos orígenes, porque lo que parece que se ha perdido es la potencia manifestada en ese momento histórico. Hoy ya no estamos tan seguro de qué orgullo celebramos en este mes.

Principalmente el orgullo es la celebración de una existencia, de una que se reconoce pero que todavía cada año debe salir a las calles a hacerse visible.

Y esa existencia tiene una singularidad que es la que debe producir orgullo. Pero además de esto, el orgullo es también una forma de resistencia y de afirmación que contiene algo de violencia y de arrogancia. Soy orgulloso porque considero que mi existencia es valiosa y quiero que todos reconozcan ese valor; pero no solo quiero que lo reconozcan, me voy a encargar de hacer presente esa singularidad mía que me hace tan valioso. En eso también consiste el orgullo, y ese elemento agresivo, arrogante y escandaloso debe mantener su presencia, porque es eso lo que lo hace potente.

El orgullo gay no es solo la celebración de un reconocimiento, sino el recuerdo necesario de una diversidad que no puede perderse, pero que se ha perdido, sobre todo dentro de las personas gays masculinas, que cada vez se distancian más de la desviación y se sienten parte de la norma, al punto de ser capaces de juzgar, determinar y cuestionar las conductas de otros hombres gays que, paradójicamente, no concuerdan o encajan con la imagen de gay que se ha construido actualmente.

¿Por qué salir a marchar y a celebrar el orgullo gay? Esta pregunta para muchos tiene una respuesta simple, no hay que salir a marchar, ya no hay motivos. Ya casi hemos logrado todas nuestras demandas. No hay que salir a estar acompañado de travestis escandalosos que lo único que hacen es darle la razón a los homofóbicos. Los homosexuales podemos ser tranquilos, prudentes y silenciosos, podemos ya asimilarnos y pasar desapercibidos sin por eso sentir que no existimos o que nos niegan nuestra existencia. No es necesario el escándalo, o ya no.

En este escenario parece que el orgullo gay y su expresión ya no debe hacerse solo ante la sociedad mayoritaria heterosuxual, sino dentro de la llamada comunidad LGBTIQ, que parece que lo que busca es ir deshaciéndose de todas esas letras para dejar finalmente solo la G de gay Ganador, de ese hombre que finalmente puede vivir como un miembro más de la sociedad.

Ante esta situación, el día del orgullo gay adquiere nuevas exigencias. Estar orgulloso de ser gay no significa alegrarse porque poco a poco los derechos que la sociedad heterosexual tiene se extienden a la homosexual; el orgullo por lo gay se refiere al orgullo por ser diferente, incluso si yo no quiero ser diferente. Ese día es la oportunidad de que recordemos que hay una tendencia a la desviación que es la que nos hace diversos y la que ha logrado que la sociedad se transforme y mantenga esa mutación.

El orgullo gay es entonces no solo una manifestación de nuestra existencia frente a los que tradicionalmente la han negado, sino una expresión ante nosotros mismos de la multiplicidad de opciones que representamos.

Lo que se celebra el día del orgullo es nuestra singularidad, que es no solo de los gays, travestis, lesbianas, trans, bisexuales, sino de todos los sujetos y que cada vez estamos más dispuestos a negar, porque ya no queremos ser los diferentes y no queremos que dentro de nuestra comunidad exista esa diferencia.

Cada vez más se explicita la exigencia a que nos conformemos con una imagen única de la homosexualidad, donde lo afeminado, las plumas, las extravagancias no están permitidas. Son entonces esos que no se corresponden con esa imagen ya preestablecida los que nos recuerdan de qué debemos estar orgullosos: de la desviación, de la diferencia, de nuestra insistencia en no acomodarnos en categorías.

Y son ellos los que mantienen esas características fundamentales que dieron origen a la celebración del orgullo gay. Son ellos los que incomodan y de esa incomodidad se sienten orgullosos.

Este año se salió a marchar por la necesidad de un Estado laico. Esto se debe a que en muchas ocasiones el argumento religioso es el que se ha utilizado para justificar la discriminación y la violencia. Nos molesta que se utilice una única manera de entender la vida para juzgar todas las vidas.

Exigimos, entonces, que el Estado garantice nuestra posibilidad de existir en el disenso y que no se use la religión para tomar decisiones que afectan a toda la población.

Desde la perspectiva religiosa, la homosexualidad es una perversión que debe desaparecer, por eso se hace necesario recordar que vivimos en un Estado laico que permite las múltiples existencias. Ese recordatorio no debe entenderse como una forma de ruego, en donde se le expone a esa comunidad religiosa que quiere exterminarnos que no somos tan diferentes de ellos, que somos normales, trabajamos, estudiamos, incluso nos podemos casar y conformar una familia.

La exigencia que hay en una marcha que tiene como bandera la defensa del Estado laico es la de que aquellos que quieren que solo haya una forma de vida sepan que eso no es posible, y que siempre habrá una singularidad que desvíe las formas de estar en el mundo, desviaciones que no pueden ser exterminadas.

Cuando en 1968 se dieron los disturbios de Stonewell, lo que se manifestaba era un cansancio, un deseo por no soportar más el maltrato, eso es lo que no se debe olvidar hoy. No es solo una cuestión de celebrar que podemos ser como los otros, es que todavía hay cosas que no podemos soportar y entre ellas están las formas de discriminación y violencia que hacen los hombres gays contra otros gays, lesbianas, travestis, transgénero, bisexuales.

Si no queremos que la religión sea la que determine las formas de existencia de la sociedad, tampoco podemos pretender que haya una sola forma de ser diverso. No podemos permitir que la lucha gay se convierta en el distanciamiento de todas esas otras existencias despreciadas y maltratadas. No nos puede producir satisfacción y no puede ser motivo de alegría que ya como gays dejemos de ser vistos como perversos, pues en nuestra perversidad radica nuestra originalidad y nuestra posibilidad de transformación.

Somos perversos porque somos capaces de evidenciar las limitaciones de las formas de comunidad, porque posibilitamos diversas vías de existencia y de comportamientos.

No se trata de pensar la perversión como una característica negativa y de perdición. No es que somos perversos porque, por ejemplo, no nos acogemos a las normas de la sexualidad tradicional. Somos perversos porque al haber estado fuera de la norma hemos dado la posibilidad de ver las muchas otras maneras que hay de relacionarnos y de encontrarnos con el otro. No es el momento de dejar la desviación, esa tendencia que nos lleva al descubrimiento de lo extraño. No olvidemos que nuestros derechos de hoy son posibles solo porque un desviado, un perverso, un invertido fue capaz de hacerse ver y con eso transformó a la sociedad.

El orgullo de ser gay es el orgullo de ser diferente y de sostenerse en esa diferencia, diferencia que hoy los y las trans, los y las bisexuales y, sobre todo, las mujeres siguen manifestando. Es con ellos y ellas con quienes debe aliarse lo gay para realmente sentirnos orgullosos de serlo.

 

 

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Mario Henao
Profesional en Estudios Literarios de la Universidad Nacional de Colombia. Realiza en estos momentos su tesis de maestría en Estudios de Cine y Teatro Argentino y Latinoamericano en la Universidad de Buenos Aires. El tema de su tesis es la dramaturgia del escritor franco-argentino Copi. Ha trabajado como profesor de colegio y de universidades en donde ha estado a cargo de cátedras sobre el oficio de escribir. Publicó artículos sobre cine, entre los que se destaca el realizado sobre la película del mexicano Arturo Ripstein El lugar sin límites. Este artículo salió en la revista de la Asociación Argentina de Estudios de Cine y Audiovisual. Ha participado en diferentes coloquios y congresos sobre teatro. Además, participó como actor en la obra documental Mi única fe, presentada en Buenos Aires, en el Festival Fringe 2013 de Madrid y en la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires 2013. En compañía de Nicolás Morales fundaron el club del Fuego Secreto en la librería Casa Tomada en donde desarrollan charlas sobre literatura queer.