¿Cuánto vale el folclor?

Opina - Cultura

2017-05-08

¿Cuánto vale el folclor?

La cultura es un cadáver, una nostalgia

No viene al caso demostrar que es malo que sea así, en nuestros tiempos, el erudito y el analfabeto insinúan que la cultura es igual de vetusta e inmóvil que un jarrón exhibido en un museo.

A finales de 2015 la UNESCO incluyó en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial, que requiere medidas urgentes de salvaguardia, a la música tradicional del Magdalena Grande.

Según la UNESCO, “las letras de las canciones del vallenato –ADN musical de la región norte del país- interpretan el mundo a través de relatos en los que se combinan el realismo y la imaginación”; por eso el periodista Juan Gossain insiste que “el vallenato no es un género musical, sino un género literario.” El organismo internacional también hizo un llamado de atención: “Un nuevo tipo de vallenato está marginando el género musical tradicional y atenuando el papel que éste desempeña en la cohesión social. Por último, cabe señalar que cada vez se usan menos los espacios callejeros para las parrandas vallenatas, con lo cual se corre el peligro de que desaparezca un medio importante de transmisión intergeneracional de los conocimientos y prácticas musicales.”

Para perpetuar el acervo musical cultural, en 1968, Consuelo Araujo Noguera, asesinada por las FARC en 2001, Rafael Escalona, célebre compositor vallenato, y Alfonso López Michelsen, por entonces Gobernador del Cesar, crearon en Valledupar el Festival de La Leyenda Vallenata.

El pasado octubre, Rodolfo Molina, actual presidente de la fundación encargada del Festival, le explicó al periódico El Heraldo sus propósitos al mando de la organización: “Buscar los caminos sin perder la esencia y la responsabilidad en cuanto a la música vallenata. Hemos querido que sea un evento internacional, pero no entrar en la comercialización.”

La versión de este año, además de evocar la presencia fúnebre de Martín Elías, conmemoró los cincuenta años de existencia del festival. Y contra todo pronóstico, fue el ejemplo tácito del modelo de negocio “pague por ver”.

Para que la “comercialización” no fuera tan evidente, los concursos de acordeoneros, en sus fases eliminatorias, se llevaron a cabo durante el día en lugares públicos como plazas y parques. Mientras que al Parque de la Leyenda Vallenata, donde tuvieron lugar las finales y posterior coronación, solo entró el selecto grupo que había comprado boletas de más de cien mil pesos para ver las presentaciones de Nicky Jam, Ricardo Montaner, Marc Anthony, Daddy Yankee y los nuevos reyes vallenatos.

Imagen cortesía de: elheraldo.co

Sin embargo, es de rescatar el intento de la Fundación por democratizar la celebración. Pensando en ese grupo raso que no cuenta con presupuestos elitistas, organizaron una serie de conciertos alternos. “Ese es el festival de los pobres”, dijo el taxista mientras me llevaba a la Carpa Águila donde se presentaron el 28 de abril Peter Manjarrés, el 29 Jorge Celedón, y el 30 Farid Ortiz por la módica suma diaria de quince mil pesos.

Los tiempos cambian y, en esa misma medida, la cultura se transforma con la misma naturalidad que se gesta, imposible refutarlo. Equiparar una costumbre –una forma de existir en esta “cáscara planetaria”- con el hombre de las tres cabezas, y permitir que dirigentes y empresarios engrosen sus arcas con el dinero de los morbosos, imposible aceptarlo.

Daniel Samper Pizano dio un diagnóstico claro: “La música vallenata está contagiada por una enfermedad mortal: la falta de imaginación e inspiración”. Espero que en la UNESCO estén tan preocupados como yo. No por esa ola vallenata estridente, de letras triviales y repetitivas. La verdadera amenaza la encarnan los encargados de “perpetuar el acervo cultural”, quienes con sus intentos deliberados hacen todos lo posible por mutilar el folclor.

Del señor Molina y su fundación podemos esperar poco; quien no tenga plata que arme su propio festival en el zaguán de su casa.

 

Juan Alejandro Echeverri
"No sabia que quería ser periodista hasta que lo fui y, desde entonces, no he querido ser otra cosa". Comunicador Social en formación. Amante del fútbol y devoto de los libros.