¿Cuál es la responsabilidad familiar?

Opina - Sociedad

2017-02-23

¿Cuál es la responsabilidad familiar?

Flaco servicio le hacen a la sociedad quienes hoy quieren eximir a la familia del deber primario de ser protectora de la infancia, y para ilustrar esto seré muy testimonial, hablaré de mi propia infancia y de esas cosas que entonces no entendía.  Necesitamos entre todos y todas, parar esta fábrica de víctimas del abuso sexual: los pederastas están entre nosotros.

Crecí en el barrio Piloto de Cali, quienes conocen esta ciudad saben que no es el mejor sector.  No existía el distrito, pero sí barrios como este, un poco comercial, un poco residencial, y un poco “llenos de tolerancia”.  Mi papá tenía un almacén de repuestos de segunda y en el piso de arriba acondicionó la vivienda para sus tres hijos y su esposa.  Era la carrera 24 con 1ª, y desde el techo del local podíamos ver a las “coperas”, los “dañados” y los “locos”, así los llamaban en mi casa. Hoy son trabajadoras sexuales, homosexuales y dementes.

Vimos peleas y prostitutas muertas de hambre que por una pared nos decían “Niños, ¿tienen comida?”

Mi papá nunca permitió que saliéramos solos a “esa” calle.  Nos llevaban y traían del colegio que quedaba en la Campiña. Nunca nos mandaron a la tienda y cuando el niño Dios nos trajo la primera “Monareta” (bicicleta Monark… otra industria desaparecida en Cali), se paraban, mi papá o mi mamá, en la puerta, a vernos pedalear de esquina a esquina y por turnos, sin perdernos ni por un segundo de su vista.

Tampoco permitió nunca mi padre, que a la casa vinieran a jugar niños.  Solo se permitía el ingreso de una vecinita, porque era niña, (mucho de machismo sí… la niña de otro sí podía venir a jugar con nosotras y con mi hermano menor) y tristemente en casa escuchábamos hablar a los adultos de cosas que no entendíamos, pero que con el tiempo comprendimos, significaba que nuestra vecinita era abusada por su padrastro, un sastre.  En esa época, todo lo que sucedía de puertas para adentro en una casa, era solo problema de esa familia.  Por fortuna eso cambio y hoy el Estado se hace responsable, al tiempo que nos hace responsables a todos como sociedad, por lo menos de las conductas relacionadas con maltrato a niños, niñas, adolescentes y mujeres.

Mientras escribo esta columna las noticias reseñan el abuso perpetrado por dos niños de 12 años, a una niña de 11 de su mismo colegio, que saliendo del colegio la llevaron a un matorral y allí, ocultos, uno de ellos la accedió carnalmente.  La víctima y sus victimarios deberán recibir atención psicológica y terapia, porque los agresores son inimputables, sin embargo los padres sí que tendrán que dar explicaciones a las autoridades.

Los pederastas y psicópatas se encuentran entre nosotros y nada, por fuera, los hace diferentes del resto de la humanidad.  Están en rangos que incluyen todas las edades, todas las razas, son en su mayoría hombres, pero también hay mujeres.

Mi hogar de infancia obviamente fue muy distinto del hogar que hoy les damos a los nuestros.  Mi mamá no trabajaba, su razón de ser era nuestro cuidado y atención.  Hoy la mayoría de nosotras trabaja y a nuestros hijos los debe cuidar alguien mientras nosotras, y ellos, los papás, nos ganamos el sustento.

Cerrar filas contra el abuso sexual significa que hay muchas costumbres que debemos modificar.  Por ejemplo nuestros hijos no pueden ser más los mandaderos de la casa, solos a la tienda NO.  Niños y niñas de menos de 15 años deben ser acompañados por adultos responsables hasta la puerta del colegio y recibidos allí mismo, a la salida.  Si la mamá o papá, tía, hermano mayor, de esta niña de 11 años, hubiera ido a recogerla al colegio, quizá este acto atroz se hubiera podido evitar.

Vivir con tantas restricciones trae algunas satisfacciones como la que sentí, cuando en el corregimiento del Carmelo Candelaria, pude por fin y por vez primera, hacer un mandado.  Me sentí grande, adulta, fui a la tienda y dije: “señor una caja de fósforos por favor”.  Tenía sólo 11 años pero en mi mundo eso era algo que solo hacían “los grandes”.

Siempre me molestó la sobreprotección de mi padre, así como a mi hija le molesta mi sobreprotección.  Mi historia que data de finales de los 60’s y comienzos de los 70’s, se enmarca en una época en que no se hacían visibles ni siquiera la mitad de los casos que hoy se conocen de abuso infantil.  Hoy entiendo y agradezco la sobreprotección de mi padre, es la única manera de prevenir tantas conductas delictivas que toman a la infancia por víctima.

Imagen cortesía de: Dumonteil Child Therapies

El Código de Infancia y Adolescencia es claro:

“Título II: Garantía de Derechos y Prevención, Capítulo I Obligaciones de la Familia, la sociedad y el Estado: Art. 38.  DE LAS OBLIGACIONES DE LA FAMILIA, LA SOCIEDAD Y EL ESTADO.  Además de lo señalado en la constitución Política y en otras disposiciones legales, serán obligaciones de la familia, la sociedad y el Estado en sus niveles nacional departamental, distrital y municipal, el conjunto de disposiciones que contempla el presente título”.

Familia cuidar y proteger; sociedad, denunciar casos de maltrato, y Estado, poner en protección y restablecimiento de derechos a niños, niñas y adolescentes cuyos derechos hayan sido vulnerados. Nuestra sociedad anda muy enferma, hay ángeles pero también demonios, y si las estadísticas nos dicen que el 93% de los casos de abuso sexual suceden en casa, significa que estamos durmiendo con el enemigo, estamos viviendo con los demonios, y nada peor para un niño que no tener un hogar en el que se sienta protegido y amado.  

Los hijos son nuestros, pero deben ser consecuencia de un acto de amor y responsabilidad. Hay que estar dispuestos, y sobre todo dispuestas, a hacer todo lo necesario para que ellos estén bien, incluso, renunciar a ellos si con otra persona estarán mejor que a nuestro lado.

Es nuestra obligación, como familia, sociedad y estado, garantizar entornos protectores a nuestra infancia en casas, escuelas, calles, parques, iglesias y escenarios deportivos.

La mejor manera de sanar ésta enferma sociedad, es garantizar a nuestros hijos una infancia feliz, solo así se convertirán en personas adultas sanas.  Cerremos filas en favor de la infancia, pero ¡hagámoslo ya!

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Alicia Sarmiento
Periodista, abogada de la Universidad Santiago de Cali y libre pensadora.