#CongresoVergüenzaNacional

Tristemente rinden frutos los esfuerzos del Centro Democrático, Cambio Radical, el Partido Conservador, – los sectores más tradicionales y corruptos del país-  porque no fuera posible la JEP original.

Opina - Conflicto

2017-11-17

#CongresoVergüenzaNacional

La decisión de la Corte Constitucional de avalar la Justicia Especial para la Paz está a punto de salvar la reglamentación de esa misma justicia en el Congreso: los 17 senadores del Partido Conservador ahora sí van a votarla, una vez salga con ajustes de la reunión de las bancadas y el Ministerio del Interior que está ocurriendo en este momento.” [1] Creo que no hay prueba más grande de lo que se trata la justicia y la ley en este país, que la frase anterior.

La Corte se pronunció con respecto a la JEP y “la aprobó”. La cosa es que hizo modificaciones importantes, de las cuales no se puede juzgar demasiado de prisa que todas son nocivas, pero se preguntaría uno -y aquí empieza la decepción- ¿por qué el órgano encargado de hacer más reales los Derechos humanos deja indeterminadas la condiciones en que los terceros en el conflicto se acogerán en la JEP? ¿por qué cuando sabe el Congreso que tenemos? ¿Por qué cuando en la misma decisión se somete el tribunal de justicia transicional a la institucionalidad nacional? ¿No es esto dar una vía libre para que en este país la verdad siga siendo sólo una?  ¿Y no es el mantener silenciada a una parte de la verdad y de la población, lo que nos ha llevado a la guerra?

Bueno, la respuesta seguramente empieza en que la Corte de hoy ya no es la misma Corte pro paz que teníamos antes. La respuesta puede ser que, gracias a eso, la Corte decidió caer en el mal vicio de creerle a todo Kelsen sobre la neutralidad de la ley y se olvidó que no existe una no posición.

Pero sobre todo creo que no se entendió que, como argumenta Leebaw[2], la justicia transicional se comprende en su dificultad de necesitar el orden presente para poder existir, aunque su existencia represente el anhelo de cambiar la institucionalidad de la guerra y, más allá de las amnistías legales, de que sus instituciones logren movilizar el proceso político de reconocimiento real de una sociedad. El proceso político de confrontar verdades, de aceptar y aprender que por más opuestas que sean las identidades, la identidad del otro no tiene que representar una amenaza para la mía; eso, eso sí sería la paz.

Sin embargo, el problema mayor es que lo que representa la justicia transicional está siendo llevado a la basura por el Congreso de este país. Sí, ese del que tantos años nos hemos quejado, ese que sólo legisla si obtiene beneficios privados, ese que nunca ha legislado “para el bien común”, y lamentablemente, ese que la mayoría eligió.

El Congreso aprobó las preposiciones sobre los requisitos para ser magistrado de la JEP y como era de esperarse -si se observa la frase con la que inicia este artículo- entonces la clase política tradicional hizo los pactos necesarios para no ser afectada, para no destapar su verdad; se ha salido con la suya, aprobaron que los defensores de Derechos Humanos no podrían ser jueces en la JEP. Es que es hasta ilógico ¿Sí un defensor de DDHH no puede estar en la JEP, entonces un defensor de qué? ¿se trata de seguir haciendo a un lado los DDHH después de décadas de pasar por encima de ellos? ¿y con esta verdad tan incompleta pretendemos que puede existir una “paz duradera?”.

La vía libre fue tomada, las voces seguirán siendo silenciadas. Y así algunos digan que se trata sólo de las instituciones del país y su ineficacia, es innegable que esta ineficacia está dada por profundos intereses económicos que condenan a unos a estar silenciados, que condenan a acostumbrar élites gobernantes a que la guerra es un mejor negocio ¡qué les van a  importar los DDHH!, y nos ha condenado a nosotros a jamás salir de la lógica de la guerra fría, gracias a la cual un defensor en este país sigue siendo necesariamente un guerrillero.

O entonces, ¿cuál es el argumento de la derecha sino ese? Ese, ese es el argumento que encubre todas sus relaciones de corrupción del poder y todos sus intereses económicos, que encubre a todos los parapolíticos a los que, a propósito, quieren devolver a participación política a través de la instrumentalización de la JEP.

Es esta lógica de guerra fría, gracias a la cual en este país todos se creen dueños de la verdad, y simplemente no se permitió escuchar y aceptar convivir con otra verdad posible ¿En serio hay quienes creen que con una JEP con defensores de DDHH “guerrilleros”, y en un país como Colombia (de derecha) la justicia iba a ser medida según los parámetros de la “izquierda comunista”? eso es no saber dónde está uno parado. Eso es no saber dejar de ser una marioneta de ese hilo de las mismas familias que siempre han gobernado este triste país.

Tristemente rinden frutos los esfuerzos del Centro Democrático, Cambio Radical, el Partido Conservador, – los sectores más tradicionales y corruptos del país-  porque no fuera posible la JEP original en este, un país en el que este mes se descubrió la fosa común más grande de América Latina -presuntamente llena de falsos positivos, casi dos mil cadáveres-, en un país que al día de hoy no sabe qué pasó con los desaparecidos del Palacio de Justicia, en un país que – sí, también gracias a las FARC, pero no únicamente gracias a ellas- ha sido una convulsión violenta hace mucho tiempo, en un país en que no existe la memoria,  porque muchos no quieren que exista, y no se deja si quiera debatir la verdad.

La vía libre fue tomada y me atrevería a decir que con un tribunal así es imposible guiar un proceso político de reconciliación que permita la paz en sentido positivo, que permita todo lo que muchos colombianos se han negado a creer posible: la justicia social. Que permita que las opciones contra el Estado – que también asesina y también ha sido terrorista, como la clase económica que lo mueve- dejen de ser las armas, y sea el debate democrático. Así, es imposible que ese país exista la democracia de verdad.  No, no el castrochavismo, la d e m o c r a c i a.

Es preciso que veamos la impunidad también cuando los empresarios que han financiado la guerra, que la han ordenado junto con los políticos más corruptos del país, no tienen que ser juzgados. Es de esta manera como un buen texto del acuerdo de paz puede convertirse en un fiasco. Ojalá, ojalá nos demos cuenta. ¿Ahora entienden por qué a los defensores de la paz no apoyamos ni queremos una JEP como esa? Esa es una JEP que no permite ese proceso de confrontar verdades,  ni de aprender a aceptar la diferencia.

 

 

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[1] http://lasillavacia.com/la-corte-conserva-el-fast-track-63480

[2] Bronwyn  Anee Leebaw, 2008 The irreconciliables goals of transicional justice. Human Rights Quarterly. Pp 89- 116.

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Laura Gisselly Beltran
"La política –dijo Hannah Arendt– trata de la comunidad y la reciprocidad entre seres diferentes" Estudiante de Ciencia Política. Feminista. Autora de "Autonomía y participación, camino a la horizontalidad de lo político" en revista Interlocuciones 7ma edición Universidad Nacional de Colombia. La política es el campo en dónde hay que dar la batalla por el cambio. De una izquierda que sepa gobernar y proponer soluciones concretas. La verdad en las esquinas mucho más que en la universidad (8) como principio. Nuestras representaciones sociales están profundamente arraigadas, mi reto es develar los repertorios emocionales que las han solidificado para ayudar a construir una Colombia incluyente. Este país ha sido una convulsión violenta desde hace muchos años y desde todos los sectores, ¡qué reto usar esa misma memoria para sanar!