¡Comunidad, Urbanidad…Civilidad!

Opina - Sociedad

2016-11-26

¡Comunidad, Urbanidad…Civilidad!

Quien no es capaz de responder por la mascota que compra, adiestrarla como es debido, recoger sus heces y demás, no debería tenerla. La “sentencia” también le es endilgable a los progenitores que se desentienden de sus “crías”.

Prematuramente, los padres olvidan aquella máxima esgrimida por J. Petit Senn; Los hijos se convierten para los padres, según la educación que reciben, en una recompensa o en un castigo.” Y en una insufrible carga para quienes tienen que soportar la mala educación de niños rebeldes, hiperactivos, groseros, destructores, etc. Y, lo propio, con el amo que deja a merced de su incompetencia y desvergüenza, la apestosa hez de su perro, que ante su cáustica desfachatez, suele terminar adherida a la suela del zapato de algún civilizado y descuidado vecino. La comunidad “puño en alto”, reclama respeto a sus congéneres. Vivir en una copropiedad demanda mínimos patrones y códigos de conducta.

Quien venda sus ojos a la educación, el respeto y, a la virtud en general, no puede vivir en comunidad. Es un paria que le provoca dolorosas llagas a la colectividad. Asentada en un conjunto cerrado o una vecindad cualquiera.

Quien opta por vivir en una copropiedad, una urbanización de apartamentos por ejemplo, debería reivindicar y agudizar su sentido de convivencia, ponderar y, aprovechar de paso, las bondades de vivir de tal modo. Las ventajas propias del conjunto cerrado, empezando por la seguridad y una administración comunal que atenderá la mayoría de las veces las emergencias que amenacen el inmueble y otras contingencias significativas, se tornan evidentes, así como la vista y la iluminación en los pisos superiores y demás.

Pero, vivir en un edificio también tiene sus limitaciones. Y quien se atreve a tomar una alternativa tan llamativa también debe contemplarlas.

En un apartamento, no se puede brincar ni coger la sala de “cancha de fútbol”, ni galopar como si una yegua fuese; permitir que los niños salten cual borricos en celo, lleva a ofender al vecino, atormenta al de arriba, encoleriza al de abajo y al de más abajo y, a los de más arriba; porque la chocante resonancia termina propagándose por los muros portantes de la estructura e irradiando por entre vigas, placas y columnas, una vibración exasperante que puede llegar desde el primer piso incluso, hasta la cubierta. Quien abandona un determinado estilo de vida para vivir en comunidad, debe tener la dignidad suficiente para saber aprovechar la bondad que implica la civilidad que reclama una copropiedad.

El fumador compulsivo que se apropia de las escaleras o el ascensor, y hace de las zonas comunes una olla de nicotina vejatoria, el amo que le “vale huevo” (de solo imaginarlo, me desencajo) que su mascota mine de estiércol la entrada al conjunto u orine la primera columna o esquina que halle (¡en el ascensor incluso; degenerados!), el que rompe la armonía con el equipo a todo volumen, quienes hacen de su apartamento una “gallera”, quienes cogen su vivienda de motel, exudando la pared del vecino; aquel que carnavalea cada ocho días, el que tira la puerta cuando sale y cuando entra, el que martilla los fines de semana y el que taladra a deshoras; aquel que no responde el saludo y transpira soberbia y el que llega ebrio a “levantar a pata” la puerta o a pegarse al desdichado timbre; son los farragosos vecinos en decadencia que ninguna comunidad civilizada quisiera tener.

Nada debe ser más incómodo que brillar al interior de una comunidad por ausencia de virtudes y muy poco “bagaje”.

¡A reivindicarse y a educarse, pues!

Ahora o nunca…

Publicado el: 26 Nov de 2016

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Fernando Carrillo V.
Abogado del la U. Libre de Colombia, nacido en Bogotá, amante de las letras, siervo del diccionario y discípulo de la palabra bien hilvanada, coherente e impactante. Lector asiduo y explorador nato. En mi Haber literario reposan sendas publicaciones en periódicos de consagrado renombre y participaciones exitosas en concursos de micro relatos a nivel internacional. En la actualidad soy asesor jurídico independiente y consultor en materia gramatical y de redacción, en la composición de tesis, y elaboración de documentos investigativos y textos en general.