¿Cómo se sana una herida?

Llega un día en el que aprendemos que todas esas renuncias, todo ese dolor sentido, nos libera de ataduras, de cadenas y de lazos emocionales.

Opina - Emociones

2017-11-06

¿Cómo se sana una herida?

¿Cómo se cura una herida? ¿Cómo deja de doler aquello que duele y arruga el corazón y el alma? ¿Cómo evitar sentirse devastado por algo que en ocasiones es ajeno a uno mismo, pero que afecta, que duele? ¿Cómo poder evitar el deseo de llorar y que por ende el llanto, salga a cada momento, a todas horas? ¿Cómo poder borrar cosas, situaciones o personas de la vida? ¿Cómo poder olvidar que se conoció algo o a alguien con todo y sus vivencias?

Hace días, una amiga y yo hablábamos acerca de esto. Ella me decía que todo este tipo de cosas solo pasan y (de paso) se superan, sintiéndolas, permitiéndose todo el dolor, viviéndolo y tratando de trascender. Dejando que las emociones salgan a flote, porque se hace necesario. Elaborando el duelo, porque nadie lo vivirá por uno mismo. Pero, a su vez, evitando que dichas emociones y el duelo a elaborar nublen el pensamiento y la razón. Dicho de otra manera, es totalmente sano “dejarse” llevar por la emoción, sin embargo, es necesario que al momento dado de tomar decisiones, se actúe desde la razón, con “cabeza fría”, para de esta forma evitar que en el futuro, vengan arrepentimientos u otros sinsabores, por no haber aprendido a ser sabios en el momento indicado.

Pero, ¿cómo saber cuál es el momento preciso para tomar decisiones con el fin de continuar con lo que sigue? ¿Cómo evitar equivocarse para que el remedio no sea peor que la enfermedad? Es difícil, complejo (pero no imposible) de saberlo. A veces, el momento de tomar decisiones llega cuando tenemos una visión más clara de lo que acontece. Llega, cuando a pesar del dolor sentido, empezamos a sentirnos más en calma.

Todos, en algún momento, hemos sentido que se nos cayó la vida. En algunos momentos, hemos sentido que (así suene algo fatalista) todo se derrumba. Porque claro: en la mayoría de los casos, las crisis inesperadas llegan todas juntas: una tras la otra. Y sentimos que estamos viviendo una serie de terror, donde ni las más terribles pesadillas que tuvimos en la infancia, superan eso que estamos viviendo. Eso por lo que estamos atravesando. Y nos preguntamos: ¿qué es lo que he hecho yo de malo para merecer esto? ¿Por qué a mí? Porque claro, nos olvidamos que muchas veces ciertas vivencias no son producto del karma “merecido”. Nos olvidamos que ciertas situaciones, están ahí para ayudarnos a crecer, a trascender, a ser mejores seres, para enseñarnos algo que aún no sabemos.

Asimismo, nos olvidamos que todas esas situaciones que causan malestar, tristeza y dolor, solo tienen como fin saber y aprender a renunciar a ciertas cosas, situaciones y personas. En ese «trance», podemos perder personas porque a lo mejor, en sus vidas, no había un espacio para nosotros. O porque no éramos lo esperado por ellos… o lo que necesitaban… o lo que buscaban. O por el contrario, porque dichas personas, no eran lo que nosotros necesitábamos. En eso la vida es sabía y pocas veces se equivoca.

De igual modo, podemos perder en ciertas situaciones de la vida, pero es debido a que de esa manera se aprende. También, perdemos cosas, pero es la forma que encontró la vida de mostrarnos que somos capaces de más, de mirar y de soñar más allá.

Llega un día en el que aprendemos que todas esas renuncias, todo ese dolor sentido, nos libera de ataduras, de cadenas, de lazos emocionales en ocasiones enfermizos, de apegos afectivos que en ciertas ocasiones tienden a ser dañinos; los cuales no nos aportan nada positivo y nos roban nuestra energía. Llega un día en el cual, a través de otras situaciones, experiencias y personas, entendemos porqué tuvimos que transitar por momentos que nos devastaron. Llega un día en el cual miramos atrás y agradecemos a un dios, si es que lo tenemos y creemos, al universo, al cosmos o simplemente a la vida por todo eso que no fue tan bueno y que nos tocó vivir.

Porque así es la vida. Y reímos. Y miramos atrás para recordar, pero en ese momento sin tristeza ni dolor. A veces, simplemente, como un punto de referencia para no volver a repetir errores pasados que hicieron daño. No se nos olvide que: “Aquellos que no aprenden nada de los hechos desagradables de sus vidas, fuerzan a la conciencia cósmica a que los reproduzca tantas veces como sea necesario para aprender lo que enseña el drama de lo sucedido. Lo que niegas te somete. Lo que aceptas te transforma”. (Carl Jung).

Y vos, ¿has aprendido a curar y sanar tus heridas?

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Natalia Arango
Inmigrante. Leer, escribir y contemplar la naturaleza en sus diversas expresiones son mis pasiones. Tengo un DESS en Administración Social y soy estudiante de maestría en Trabajo Social. Montréal, Canadá.