Colombia se maquilla en un espejo ajeno

Opina - Sociedad

2017-01-10

Colombia se maquilla en un espejo ajeno

“Somos y hacemos el país que tenemos, no crea que usted es turista”.
José Guillermo Ánjel

Es común en América Latina el sometimiento a decretos amañados que son poco menos que deformaciones burocráticas de lo que, paradigmáticamente, está ya deformado. Seguimos en el mismo círculo donde nos quejamos una semana, nos vamos de rumba, festivo por allí y ¡música maestro! Nos parrandean y olvidamos lo que nos descompuso. Traducción del excéntrico concepto Panem et circenses que leo a uno que otro analista coquetón.

Ante las crisis somos bastante creativos, precisamente, porque nos enseñaron a solucionar chicharrones y no a adoptar una disciplina acuciosa que evite lo innecesariamente emergente. Ese mismo fenotipo de la creatividad lo utilizamos en el efímero pensamiento crítico que no trasciende de un post en una red social, sin desmeritar las grandes iniciativas que se han tejido desde estos medios.

Con este preludio, observo la neurótica y pueril actitud en las redes y en las charlas de cafetín acerca de cada situación que se presenta en nuestro terruño pues vivimos comparando, por ejemplo, el alza desmesurada del IVA en Colombia con respecto al 14% de Ecuador, el precio del petróleo, el salario mínimo que allí es de aproximadamente 1´100.000 pesos, la relación entre salario y costo de vida que es mucho más coherente en la tierra de J.J. y Olimpo Cárdenas.

Nos encrespamos y alabamos, cual madre que regaña a su hijo comparándolo con el de su vecina, cuando vemos las autopistas 4G sin que el presidente Correa se “vea obligado” a vender las empresas públicas ni a ubicar peajes tan soberanamente caros como en este lado de la frontera. Parecemos, a veces, el niño que compara el juguete que le tocó en navidad con el de su hermanito. Y ahí no para la cosa, nos da literal pánico ser como el otro vecino: Venezuela, entramos en una paradójica psicosis para no parecernos a él y nos ufanamos de no parecernos todavía. Claro, abajito vemos en lo que debemos convertirnos y arribita en lo que ¡ni por el Chiras!

Primeramente, en mi condición de modesto conocedor de las circunstancias sociopolíticas de algunos países vecinos, debo afirmar que hablar de las realidades de otros sin conocer su trasfondo puede ser ingenuo, ya que muchas veces no tenemos más que los medios de comunicación para basar nuestras aseveraciones y comparaciones. Sin embargo, Ecuador, por ejemplo, cuenta con sus ostensibles ventajas en comparación con nosotros, pero esa no debería ser la preocupación, al menos no en la forma como masivamente se está dando.

Si utilizamos ese mismo ímpetu para el diálogo propositivo en este país de las cortinas de humo, si empleamos más esa creatividad en pro de un pensamiento crítico consecuente y nos asumimos en nuestro consciente nicho de sujetos políticos, si nos atrevemos a conocer nuestra historia, a darle relieve a nuestra identidad, a leer cómo se ha pensado desde distintos tópicos el hecho de ser colombiano; si reflexionamos acerca de quiénes somos, no tendríamos que mirarnos a nosotros mismos a través de un espejo ajeno.

Aun así, considero responsable analizar, con esta misma trascendencia, las realidades de otros entornos de una manera dialógica, reflexiva, con reconocimiento de las distintas ópticas, asimilación responsable y solícita sobre sus dificultades y desde la voz de quienes viven dichas realidades hasta el nivel que sea posible, y no desde la intención de ponerle artificiosos agravantes a nuestros conflictos. La propuesta, en síntesis general, es discernir el nivel de aplicabilidad de acciones que han sido exitosas en otros países más que emplearlas para intensificar nuestras frustraciones.

Manuel Felipe Álvarez-Galeano
Filólogo hispanista de la Universidad de Antioquia, máster en Literatura Española e Hispanoamerica de la Universitat de Barcelona. Aprendiz de escritor, traductor, corrector y conferencista. Docente universitario de griego, italiano, portugués, latín y distintas materias humanísticas. Ha publicado los libros El carnaval del olvido, en Málaga, España (2013); Recuerdos de María Celeste, en Medellín (2002), y la novela El lector de círculos, en Chiclayo, Perú (2015).