Carta a Timochenko y a Uribe

Opina - Conflicto

2016-05-18

Carta a Timochenko y a Uribe

Señores:

Ya que está de moda establecer acercamientos epistolares, me permito con todo respeto, dirigirme a ustedes, señor Rodrigo Londoño Echeverry y senador Álvaro Uribe Vélez, a sabiendas de que no seré yo quien los convenza de dialogar, porque no soy un guerrillero con el poder de las armas ni un político con el poder del engaño.

De todas formas, les escribo porque así como muchos desean que este país arda en llamas y nade en sangre, también estoy seguro de que bastantes quieren uno mejor en el que se pueda vivir sin muertes violentas por razón de un conflicto armado decadente, anacrónico y sin sentido, y de que, sin duda, miles desean que las nuevas generaciones solo recuerden las balas asesinas de una guerra fratricida solo como una etapa de la historia nacional.

Por tal motivo y como espero que el acuerdo de La Habana se firme pronto, por el bien del país, les pido, en nombre de los muertos que ha tenido que enterrar Colombia, que se sienten en una mesa a solucionar, o por lo menos a buscar fórmulas que permitan la reconciliación en el país, ya que a plomo no pudieron terminar sus diferencias, ni mejorar las condiciones de vida de los millones de compatriotas que hoy padecen persecución, zozobra, hambre, miseria y abandono.

No soy yo quien deba juzgarlos por las decisiones que tomaron, equivocadas desde mi óptica, esas que quizás utópicamente lo llevaron a usted señor Londoño a empuñar las armas, o a usted senador Uribe a seguir con una guerra inútil a pesar de que quiso la paz como ya todos lo sabemos, lo que hoy, sin saber el porqué, desconoce y esconde quizás por miedo a que le digan que sus huevitos no son lo suficientemente fuertes y por quedar mal con sus seguidores que lo aúpan constantemente para que le eche tierra a cualquier asomo de paz.

No es un favor el que nos hacen a los colombianos si se sientan a dialogar. Es un imperativo moral y ético que el país sabrá agradecerles si lo hacen.

Porque ambos, a su modo, representan los dos polos de este país que se divide entre quienes los quieren verse matándose, y matándonos, y quienes los quieren en una lucha leal, sincera y abierta que debe darse en la arena política y no en los campos de batalla.

Y como representan esos dos extremos, un solo apretón de manos, que no los convierte en amigos, bastará para que cese el odio entre las mitades del país. Ustedes, si quieren, se pueden seguir odiando y pueden seguir en sus equivocadas luchas. No se preocupen por eso que habrá quienes los sigan y quienes los respalden en ellas. Es válido que las opiniones contrarias se pongan sobre la mesa y que sean escuchadas, lo que no es válido es que por esas opiniones y concepciones de mundo, pongan a medio  país a enfrentarse en una pelea a muerte.

No se sienta menos que nadie, senador Uribe, por buscar la paz de este país que tuvo el honor de dirigir por ocho años. No le dé miedo acercarse a la paz que busca y que ya casi consigue el Presidente Santos que, también, generosamente, lo ha invitado a dialogar pese a que usted y los suyos no han hecho nada más que  reiterarle sistemáticamente insultos, ofensas y calumnias.

No le dé miedo a usted, señor Timochenko, reconocerle a Uribe que en muchos casos puede tener la razón. Lo ha calificado usted mismo como un formidable adversario. Ojalá hoy sea solo un gran contradictor. Solo eso.

Ustedes dos, señores, saben que si hoy no zanjan las diferencias por la vía del diálogo, el país no tendrá la oportunidad de crecer en un ambiente pacífico sino en uno lleno de hostilidad, rencor, abuso y desesperanza. Porque el acuerdo de La Habana se firmará, pero quedará incompleto si la necedad y la testarudez, señor expresidente, siguen siendo parte de su carta de navegación. Esto también va para Gabino y todo el Comando Central del ELN que creen aún en el secuestro y la muerte.

No sean inferiores, señores, al momento histórico que vive Colombia. La paz, como dice la Constitución, esa que han modificado y pisoteado, es un deber de obligatorio cumplimiento. Solo falta un guiño de los dos para que se pueda empezar a construir y a implementar en un país que todo lo ha padecido pero que también todo lo ha soportado.

Imagen cortesía de: semana.com

Imagen cortesía de: semana.com

Dígales a los suyos en Cuba que firmen el acuerdo rápido, señor Timochenko, que no le den más vueltas a eso y que no dilaten más un anhelo que la mayoría quiere que se haga tangible. Hágales saber a los miembros de su partido, senador Uribe, que no se opongan a una vida mejor en este país que dicen amar y querer como patriotas.

No permita, senador, que sus amigos, seguidores y adoradores digan mentiras, ni que las publiquen; ni las diga usted, ni las publique. A un expresidente no le queda bien eso. De usted esperamos la verdad, sin acomodaciones, sin interpretaciones y sin rodeos. Usted sabe que este acuerdo no es de impunidad, ni generará más violencia de la que ya hay, ni que es a cualquier costo. En las negociaciones han cedido las Farc y el Gobierno. Ceda ahora usted.

Acéptele a su enemigo acérrimo la invitación a conversar. Nada pierde con escucharlo, nada pierde con manifestarle sus dudas, nada pierde con confrontarlo y buscar con él puntos de acercamiento. Por el contrario, gana usted, gana él y gana el país.

De mi parte, señores, yo estoy dispuesto a perdonarles, a los dos, los grandes daños que le han hecho al país y a reconocerles sus aciertos. De corazón los perdono y espero verlos arreglando las diferencias, pero sobre todo, aportando para reparar las difíciles situaciones que día tras día padecen millones de colombianos. Ustedes las conocen más que yo, y espero que les duelan.

El fanatismo no conduce a nada bueno. Las posiciones radicales e inamovibles no son las que deberían tener dos personas, que para bien, o para mal, han tenido una vida de liderazgo que hoy estaría bien centrar en el beneficio de los más débiles, de los que sufren, de los que lloran, de los que llevan a los cementerios a los soldados, y a los policías, y a los guerrilleros y de los que han pasado la vida entera padeciendo las injusticias que han perpetrado los que se dan el gusto de andar con cientos de personas armadas a su lado.

No me puedo despedir de ustedes sin recordarles que no vamos a olvidar su gesto de grandeza y de amor por la patria si deciden sentarse a conversar. De antemano, les agradezco si estas palabras, así sea una sola, cala en sus corazones.

Ojalá su próxima consigna sea conjunta: “hemos jurado vencer y venceremos, con la mano firme y con el corazón grande”.

( 1 ) Comentario

  1. Muy gratas y sentidas palabras de un Colombiano mas que le duele la indolencia de unos cuantos que por orgullo y arrogancia no aceptan que esta guerra debe ser cosa del pasado que Colombia y los Colombianos estamos mirando mas aya, que si muchas madres que han perdido sus hijos en su bien saber y entender han optado por perdonar a todos los actores de esta guerra que por tantos años ha venido derramando la sangre en muchos casos de personas inocentes que con engaños han sido sacados de sus hogares y asesinados solo por ideas de mentes macabras creo que ya es hora de que Colombia se merezca una oportunidad de ser mirada con otra cara Colombia quiere Paz Colombia se merece la Paz.

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Mauricio Galindo Santofimio
Comunicador social - Periodista, docente universitario. Subdirector de Esfera Pública.