Carolina Sanín y la transfobia

Opina - Sexualidad

2017-07-11

Carolina Sanín y la transfobia

El pasado 30 de junio el portal Vice publicó una columna de opinión titulada “El mundo sin mujeres” de la escritora Carolina Sanín, quien tiene una gran audiencia y por lo tanto, a mi juicio, una gran responsabilidad con lo que dice.

Ésa columna es un desacierto de argumentos conservadores enredados y contradictorios de principio a fin: comienza sugiriendo cambiar la forma en la que nombramos a las redes sociales, estando ya establecido por los teóricos referentes en el tema, expertos en comunicación y sociología, que no se llaman así para “manipular términos (…) como si hubieran reemplazado el tejido social” como ella lo entiende, sino que son llamadas así porque constituyen una nueva puesta en escena de la esfera pública, donde se desarrolla gran parte de la opinión pública hoy en día, y donde ese tejido social no es reemplazado, sino reunido en lo virtual.

Nada más. Carolina escribe lo anterior a modo de introducción para finalizar el párrafo mencionando que vió en su computador un hombre embarazado. Tras describir el video, la columnista comienza a narrar citando al hombre trans en cuestión: cómo comenzó su transición, qué usó y hasta dónde quería llegar con su transformación.

Luego en una postura que tanto repudiamos las feministas, Carolina comienza un tipo de “mansplaining” señalando los errores cometidos por el transgenerista en su entrevista, como decir que su embarazo es oficial o que dicen bebé y no feto; nimiedades que sirven de antesala al tema grueso de la columna, donde la opinión de Carolina es que pese a que “defiende la equidad entre todas las personas” la imagen “se le complica” es decir, le es difícil de digerir, porque en este punto para Carolina el sexo y el género parecen ser cuestiones exclusivamente fisiológicas, ignorando por supuesto, que son también cuestiones ideológicas. En esta parte ella básicamente suena a los que dicen “Yo no soy homofóbico, peeeero…”

Luego, haciendo un excelente uso de la palabra, Carolina es “apocalíptica” y desorbitada, porque dice, y cito: que eso que sucede con ése hombre, que es mujer para ella por su capacidad para gestar un feto, es un claro ejemplo de cómo vamos camino a “el augurio y la patencia de un catastrófico estado deseado desde hace mucho tiempo: el de un mundo sin mujeres. El del mundo feliz sin mujeres.” Y acá, ella habla igual que Viviane Morales, y que Ángela Hernández, y que Ordóñez y todo ese combo peligroso que vive predicando que “la familia está por acabar como la conocemos”.

Por distintas razones, si, ellos dicen que por la homosexualidad, y ella que por lo que de forma absurda denomina el “Dogma trans”, Pero llegando a la misma conclusión.

Ése grupo que reniega de las nuevas masculinidades, de lo profundo del debate, que manifiesta -ajenos a las situaciones de los gays, o en este caso de los trans- su opinión desde el atrevimiento, sin saber nada de la identidad de las personas, de sus deseos, de sus luchas.

Opiniones radicales y dañinas como ésa las enmarcan algunas feministas “puristas” radicales (No todas somos así) en algo que llaman “Feminismo transfóbico” que no deja lugar a diferentes identidades sexuales y que viene como los machitos con nosotras, a explicarle a la gente cómo deben vivir su vida.

Son adultas que quieren intervenir por ejemplo en asuntos de menores tan personales como el caso en el que un niño manifiesta su deseo de someterse a tratamientos hormonales, porque claro, no respetan la autonomía del niño por ser niño, igual que cuando el otro combo en mención dice que los van a volver todos gays por ver a otros gays y por ser criados en hogares homoparentales. No se les pasa por la cabeza que tal vez el niño puede en realidad solicitar las hormonas por criterio propio, o definir solo su identidad sexual.

Estas feministas (insisto, no todas somos ese tipo de feministas) se proclaman las salvadoras de esas pobres personas confundidas con su identidad sexual o de género, por eso ella viene a decirle a alguien que tal vez nunca la lea, que está confundido, que “políticamente” le preocupa que quiera ser hombre en su juicio y tener útero y un feto en su interior.

Encasillan a todos los trans; La opinión de Carolina es cebo para la misoginia y la transfobia. Incluso en su muro vi comentarios diciendo que quienes cambian de sexo de hombre a mujer lo hacen “porque nos tienen envidia”, ¿Ése es el feminismo que van a predicar? ¿Para qué nos sirve si en vez de unir, divide y cuestiona las decisiones de los demás? Un poco de empatía no les caería nada mal. No están en nada si como los que no entienden el movimiento ustedes también vienen a hacer daño y a destrozar lo que no conocen, lo que no entienden, o lo que les asusta; lo que por ejemplo a Carolina “le preocupa”.

El problema es el patriarcado como súper-estructura, sustentado en el capitalismo; el problema no son las personas trans, que han sido históricamente excluidas, violentadas y discriminadas, a quienes ahora mujeres como Carolina Sanín pretenden señalar como dogma, contribuyendo así a su estigmatización y a la fobia por los trans, desconociendo que hay trans feministas, hombres y mujeres, y que la lucha contra el machismo no es necesariamente contraria a la transición de un género.

Finalmente, cabe resaltar que la columnista hizo varias publicaciones en sus redes sociales explicando lo que quiso decir y porqué no es transfóbica su postura (realmente sí lo es), y si Carolina debe desglosar su opinión una y otra vez en su muro de Facebook, y responder a comentarios que manifiestan claramente la transfobia en su columna, tal vez no escriba tan claro después de todo.

 

Adenda: “La gente excesivamente instruida se mete en todas partes, y concretamente allí donde nadie los llama (…) ¿Qué solución tiene esto? si cuando comienza a comprender algo el asunto se le va de las manos” F. Dostoievski
Adenda dos: Por si llegara a leerla, acá le mando a Carolina algunos signos de puntuación que puede usar para la corrección gramatical de mi opinión: (,,,…´´´´)

 

 

Andrea Olaya
Escribo por convicción y por placer. Feminista. Politóloga en formación.