¿Ama hasta que duela?

Opina - Sociedad

2017-08-09

¿Ama hasta que duela?

El “amor” nos está matando, hombres y mujeres pierden la vida a diario por parte de sus parejas. Los crímenes pasionales aumentan de manera alarmante, las estadísticas señalan que el 92,4% de los casos de asesinatos son cometidos por los hombres. En cualquiera que sea el caso y por más leyes que existan, mientras que no haya un cambio cultural, estos hechos seguirán siendo parte de los titulares sensacionalistas de los medios.

En una sociedad que vive con miedo, amarse parece ser un acto de resistencia, es una de las formas para luchar contra la soledad y el individualismo. Pero ¿por qué lo estamos haciendo mal?

Quererse no es fácil y aunque queramos mucho, no lo vivenciamos de la mejor manera. Hemos construido el amor con base al egoísmo. Nuestra cultura justifica las luchas de poder y las guerras románticas “ama hasta que duela”, “vale la pena sufrir por amor” y “del amor al odio solo hay un paso”, son tan solo alguna de las frases que lo comprueban. Construimos vínculos jerárquicos y nos pasamos la vida queriendo dominar al otro.

En la televisión las relaciones son dramáticas y los personajes se tratan fatal: con gritos, amenazas, reproches, chantajes, comentarios ofensivos y hasta se lanzan objetos. En la realidad este tipo de acciones no difieren mucho, nos acostumbramos a las peleas y reconciliaciones, los llantos desgarradores, hacemos sufrir al otro y viceversa.

El amor romántico mata y nos lleva a vivir una vida de frustraciones e injusticias. “Por amor” nos sometemos a situaciones de abuso y maltrato. “Por amor” abandonamos nuestros sueños y lo dejamos todo.

¿Por qué seguimos ahí? Porque nos formaron creyendo que somos la mitad de alguien y que solo alcanzaremos el éxito cuando llegue otra persona que supla todas las necesidades emocionales y materiales. Establecemos que el otro nos pertenece, creemos que solo la vida tiene sentido bajo las premisas de lo eterno.

El amor se convierte en lo absoluto y buscamos que el otro nos haga felices. Cuando lo encontramos sentimos la presión de sostener relaciones sin importar las condiciones y tratamos de adaptar a la realidad el ideal de amor romántico, justificando muchas veces la violencia y la destrucción. Esa dependencia, esa necesidad, ese miedo a la soledad, ese masoquismo, no es amor.

A los creadores de “Los hombres son violentos por naturaleza” y “¿Qué hiciste para que te golpeara?, hay que contarles que ni están enfermos ni nacieron violentos, aprendieron a resolver los problemas con violencia que es muy diferente. La educación amorosa debería empezar desde la niñez (y no debería acabar jamás), en los colegios, con herramientas para aprender a querernos mejor y amar desde la libertad, sin jerarquías, ni dominaciones, creando relaciones horizontales. El mundo está lleno de buenos profesionales, incapaces de solucionar los problemas cotidianos de la vida.

Los medios de comunicación y la sociedad en general justifican los actos de agresión con expresiones como esta: “él había bebido”, “Por algo será”, “Ella ya estaba con otra persona” y eso es más grave aún. Mientras tanto las cifras siguen aumentando, en nuestro país 7 de cada 10 mujeres son agredidas, es decir que casi todas hemos sufrido algún tipo de violencia.

Nuestras estructuras emocionales las heredamos de nuestras familias, colegios, el cine y la música. Es cierto que no vamos a eliminar de un día para otro lo que recibimos de nuestros ancestros, son muchos años de patriarcado, requiere de un arduo trabajo, pero es necesario reconstruir el modelo de relaciones, romper las cadenas de toda esa carga cultural y empezar a enviar un mensaje diferente, con otras tramas y otros personajes.

Tenemos que derribar la asociación de sufrimiento-amor. Para acabar con la cultura de la violencia hay que cuestionar, desmontar y desmitificar el concepto de amor en la que hemos sido educados, liberar a las mujeres y a los hombres de la tiranía de los roles, de los ambientes de dolor que heredamos y reproducimos inconscientemente. Es importante aprender a decir adiós con amor y a relacionarse con el otro sin violencia. Adiós a las princesas sumisas y a los príncipes azules para empezar a ver al otro como un ser potente, diverso y complejo.

Pienso que para salir de la barbarie la lucha no es individual, sino colectiva. Pasemos del amor romántico al amor compañero, un tipo de amor donde cabemos todos sin exclusiones. Es un amor que destroza las antiguas expresiones que nos oprimen y adopta unas nuevas, basado en el respeto, el buen trato, la generosidad y la honestidad. Es un amor que disfruta del placer sin culpa, que se trata de tú a tú, donde no hay dominaciones, ni exigencias, ni estructuras verticales, se construye desde el intercambio de energías positivas, es una forma de quererse basada en la solidaridad. No importa si es una relación poliamorosa o monógama, se fundamenta en la idea de que yo tengo los mismos derechos que tú.

El patriarcado nos quiere posesivos, confusos, inseguros y sumergidos en las guerras románticas, en cambio el amor solidario está libre de manipulación, machismo, celos y obsesiones. Juntos somos mejores, pero no desde el ideal sino desde la realidad. El amor compañero se disfruta en el aquí y el ahora, no se cimienta desde la necesidad y el interés.

 

Melissa De la Hoz
Comunicadora Social de la Pontificia Universidad Javeriana, Magister en Comunicación Digital. Ganadora del Premio Simón Bolívar 2014. Melómana incansable, cinéfila, politeísta anticlerical. Es caribe.