Ablepsia

Opina - Sociedad

2016-12-11

Ablepsia

¿Qué se ve cuando no ves? ¿Será acaso una mancha negra, y nos encontraremos perdidos en medio de esa nada oscura? O, ¿tuvo razón Saramago al hablar de ese blanca y espesa niebla que no ese mundo lechoso que nos aleja de todo color? La respuesta la tenemos los colombianos. Tenemos una gran visión, y rebozamos en sabiduría a la hora de opinar; mientras nos ahogamos en la ceguera y la ignorancia cuando es momento de decidir.

Dice uno de nuestros más conocidos refranes: “no hay peor ciego que aquel que no quiere ver” … Y cuán cierto es. Tenemos las verdades en nuestra cara, las leemos, prácticamente las palpamos, pero seguimos ignorándolas. Dejándolas pasar, así como quien dice: “estás, sí, cierto, pero no te quiero ver”. ¿Cuánto más ignoraremos estas verdades que tenemos en frente? ¿Hasta cuándo fingiremos esta fatal ablepsia?

Cualquier cantidad de información recibimos a través de nuestros ojos, y la mayoría… no la vemos. Todos los días nos damos cuenta cómo en otro pasado -que no siempre fue mejor- éramos víctimas de la manipulación de aquellos que tenían el poder. ¿Éramos? Cómo si acaso hoy los poderosos, y los que mueren por serlo, no se jugaran una gran partida de ajedrez donde nosotros no somos más que fichas.

Meticulosamente han sabido mover desde peones hasta sus más cercanos escuderos. Y lo sabemos. Sabemos cómo se mueven para controlar la escena nacional para que todo marche a su favor, y eventualmente ganar en un proceso democrático cualquiera; digamos: plebiscito. ¡Ah! El plebiscito que por poco es el ejemplo más prominente de la ablepsia padecida; porque quien encarna nuestro gran patrón generador de esta absurda ceguera es justamente el causante de aquel fatídico dos de octubre. ¡Allí supo mover las fichas! Y todos, como buenos idiotas útiles, ayudamos a construir su escenario deseado.

¿En qué momentos quedamos cegados ante la manipulación? ¿Cuándo fue la última vez que dimos un paso viendo dónde pisaríamos? El delincuente, canalla, progenitor del fatídico dos parece que fuera seguido por una horda de abyectos que decidieron cegarse ante la presencia de tan enredadora figura. Nadie recuerda el último paso que dio usando sus ojos, ni la última palabra expresa a voluntad. La ablepsia los está dejando sin habla; les está robando hasta el más mínimo rastro de razón.

Pareciera que este es un país en el que se ve lo que pasa, pero en últimas, no logra comprenderlo; pasa sin son, ni ton. Seguimos ahí parados viendo cómo pasa la historia, pero sin observar qué es lo que realmente acontece. Seguimos viendo cómo desfilan rumbo a la cárcel sin entender el por qué, sin enterarnos por qué decimos lo que decimos. Simplemente haciendo las cosas, pero sin saber el motivo último de ellas. No hay peor ciego que aquel que no quiere ver… ni acto más pusilánime que hacer sin saber por qué.

Pienso que estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran.

José Saramago

 

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Mauricio Duarte
Editor de mi vida (y de textos). Sin palabras que me puedan definir. Columnista de opinión, estudiante de Derecho, y del arte que haga falta saber. Dijeron que escribía bien, y me lo creí. Tw. @UnTalDuarte